Juan Carlos Pajares presenta ‘Corner of the silenced’, un año de “aforismos” en TAM TAM PRESS

Portada del libro.

Portada del libro.

El lunes 30 de diciembre, a las 20.15 horas, se presenta en El Gran Café de León el libro ‘Corner of the silenced (Un año en TAM TAM PRESS)’, un libro del polifacético profesor de biblioteconomía, actor, escritor y cantante de tangos Juan Carlos Pajares Iglesias (el Pájaro), publicado por Eolas, el sello editorial independiente de Héctor Escobar.

El libro recoge 52 “aforismos”, o “sentencias”, o “pensamientos”… o como cada cual quiera definirlos, que se han ido publicando semanalmente en TAM TAM PRESS desde la creación de esta revista digital de cultura, allá por septiembre de 2012, bajo el título de “Aforismos del Pájaro”. Lo cierto es que Juan Carlos Pajares (el Pájaro), junto con Vega, el fotógrafo, fueron los primeros amigos que se ofrecieron a colaborar con la revista desde su nacimiento, y siguen en ello. Y si sus secciones están entre las más visitadas, por algo será.

‘Corner of the silenced’ incluye un prólogo del profesor y escritor zamorano Tomás Sánchez Santiago, titulado ‘Textos de combate’, que reproducimos aquí:

Textos de combate

Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO

Tiene la escritura lapidaria esa condición escabullente de lo que está a la vez en todas partes y en ninguna; una naturaleza, sí, huidiza y obstinada, intemporal, con el apremio de las escrituras urgentes –hechas para tomar la profundidad de un instante antes de que se evapore en el aire de lo reiterado– y con el hervor costoso de las palabras que van cayendo por su propio peso hasta tocar el limo abisal del corazón del lector.

La pertinencia del aforismo, su especial hincapié y visibilidad tal vez tengan que ver más de lo que parece con el secuestro inadvertido del pensamiento. Del pensamiento colectivo. Es sabido que desde siempre hubo esa especial manera de coagular en luminosa condensación el espesor del lenguaje y del pensamiento, hechos ya una sola pasta y sostenidos en la brevedad. Surge así ese lenguaje sapiencial de máximas, sentencias, lápidas, pensamientos… En todos ellos, eran factor común el alcance universal de las enunciaciones y el valor intemporal de los juicios. Estaban, pues, calados de moralidad.

Pero he aquí que vivimos en este tiempo extremo y sin orillas que reclama concreción e inmediatez. Y de esos dos conceptos se alimenta Corner of the silenced. No se trata, en puridad, de un libro de aforismos, aunque todos los textos hayan salido vivos de esos “Aforismos del Pájaro” que Juan Carlos Pajares sigue publicando desde octubre de 2012 en Tam Tam Press –ese otro ‘corner’ que de la mano de Eloísa Otero propone buscar una realidad que apenas se nos deja conocer de otra manera– sino que tienen el nervio del apunte inmediato a punta seca y la penetración de lo que no se conforma con aceptar lo epidérmico.

Y son también pellizcos de urgencia a fin de combatir la prisa con la prisa, con un idioma de bocanada veloz y eficaz: el idioma de la viñeta, el graffiti repentino, el logotipo que no nombra pero convoca. Algo así ocurre en muchos de los textos de Corner of the silenced. Los recorre una oblicuidad. Se han borrado alusiones. No hay títulos que los resguarden en su goteo numeral. Pero, ah, la insinuación deja paso fácil a la certeza virtual y todos sabemos de qué se nos habla en ellos porque todos los estábamos esperando.

Podrá haber sido golpe de azar o podrá ser fenómeno que permita un diagnóstico más atento, yo no lo sé, pero de un tiempo a esta parte toman posición en los escaparates libros parecidos de aforismos, de reflexiones, de sentencias. Toda una terapéutica lapidaria. Maneras de estar en el mundo rebañando de la lata del idioma unas cuantas palabras cada vez, antes de que nos quiten también la cuchara. Hace no mucho caía entre nosotros sin paracaídas Pensar por lo breve, antología de aforismos publicada por editorial Trea y en la que su antólogo, el mexicano José Ramón González, hacía notar este mismo fenómeno de proliferación creciente de una escritura reflexiva, precisamente en un país más dado al ingenio que al pensamiento a pesar de contar con ejemplos eminentes (Sem Tob, San Juan, Gracián, Saavedra Fajardo, Machado, Juan Ramón, Vicente Núñez, Ory…) que, sin embargo, no han hecho callo suficiente en la tradición, tal como ha sucedido con el resto de esa huella oriental, tan desperdiciada entre nosotros. Hace tan solo un par de semanas hubo otro libro, Manga por hombro, del poeta extremeño Elías Moro, uno de los escritores actuales que han ensanchado sin trauma los límites de estos textos, del humor a la gravedad, del sarcasmo a la melancolía. Son dos ejemplos entre tantos de los que me estaba nutriendo cuando ha llegado Corner of the silenced.

Ante esta emergencia de una escritura aforística se me ocurre que tal vez haya razones para creer que eso sucede sobre todo en ciertas épocas en que es preciso mondar el idioma, bajar a sus despensas a restituir a las palabras su vinculación resuelta con el pensamiento, por fuerza un pensamiento crítico y hasta avieso y a contracorriente, como única manera de enfrentarse al desdoro falaz de las palabras en esos ámbitos que las necesitan para mostrar que la mentira es una parte natural de la verdad: la política, la publicidad, los medios de comunicación…, lugares donde sucede esa horrible transacción que es convertir la luz de candil de las palabras en asunto de engañosa pirotecnia incandescente. Y así, se vuelve al lenguaje lapidario –qué bueno que esa palabra concierte etimológicamente con el verbo lapidar– para arrojar a la cara, como una lluvia de patatas afiladas, lo que parecía haber pasado de contrabando –pero no– ante los ojos alerta del escritor.

No puede responder a otra causa el sentido de este oportuno libro de Juan Carlos Pajares, libro de urgencia y densidad en el que se impone una escritura violenta de escaramuza para volver a dar al idioma ánimo civil y pulso penetrante. Textos de combate –así quiero llamarlos– que salen a buscarnos con la estampida de los desaforados.

El tufo de los discursos impostados que arrojan desde los escenarios públicos cada día sobre nuestras cabezas se ha convertido ya en materia fangosa de la que vamos desconfiando. Ante eso, contra eso, los lenguajes urgentes. Son lenguajes de relámpago, entran en nosotros de un solo aletazo y salen fulminantes. Pero ya, después de ellos, no estamos indemnes. Hablo de las viñetas cotidianas de “El Roto” en el periódico, de los graffitis en muros secundarios con acusaciones que enseguida han de desaparecer bajo un maquillaje municipal, de las advertencias en las pancartas de sábana de las manifestaciones (vi esta en una de ellas: “¿No veis que no podemos apretarnos el cinto y bajarnos a la vez los pantalones?”). Lenguajes crudos y desinfectados, sí, de esa otra sintaxis alambicada en la que tantos hemos dejado de creer.

A esa estirpe pertenecen de lleno estos textos de Corner of the silenced. Imposible pasar por encima de ellos sin remojarse uno, pues a todos nos afectan. A través de 52 textos –el número es el de las semanas que caben en un año- se nos convida a repasar la vida a través de un calendario memorable. Como el revés de un telediario, como una resaca necesaria para no dar por triturado en la memoria lo que pasó ante nosotros a través del último año, Pajares viene a entregarnos ahora este anuario puntual y crítico. Un bolo alimenticio que nos devuelve lo que ya se iba por los despeñaderos de la digestión y del olvido, y que nadie deberíamos dar todavía por sentado. De eso se trata.

Se calzan estos textos sobre la visión de un mundo ya del todo polarizado, un ‘ellos / nosotros’, dicotomía que el escritor no pierde ocasión de hacernos observar. Nosotros somos los de siempre; ellos son cada vez otros. Así, se habla a las claras del poder político: “Decretaron orden de alejamiento, a no menos de trescientos metros, de sus mandatarios, aunque hacía ya mucho tiempo que estaban a años luz de ellos”. “Era un grito unánime, veraz, ineludible, el de la muchedumbre agolpada a las puertas, pero ellos, inanes, ingrávidos, como ausentes, se parapetaban en sus actas de diputado”. Se habla de la Iglesia: “No nos desprecian y condenan por nuestro laicismo sino porque (…) hemos puesto al descubierto la carcoma de su cartón piedra, el neguijón que anida bajo sus beatíficas sonrisas”. Se habla de esa sinécdoque, la Corona, ya tan despepitada: “Gustaba ese día, más que ningún otro, de aderezarse de sus atributos, sentarse en el trono ante el inmenso salón vacío y jugar a componer poses y perfiles mayestáticos. El murmullo lejano de la horda tricolor moría amortiguado en la espesura de los cortinones”. Se habla de todo ello sin brochazo grueso; en ocasiones, como para deshacer la Historia entre los dedos, se aprovechan claves de naturaleza bíblica o evangélica (“El patriotismo es un sentimiento exclusivo de los señoritos porque ellos heredarán la tierra”) o clichés subvertidos (“Cautiva y desarmada la ciudadanía…”) para seguir removiendo esta olla podrida de un año entero, de octubre de 2012 a septiembre de 2013, bajo una visión afilada y llena de matices.

Es esa información subcutánea la que da al libro el alcance de un almanaque secreto –no en balde sale a la luz en diciembre, época de arqueos y memoriales– donde pueden volver a comprobarse, asistidas por un lenguaje bien alejado del manoseo de los medios de comunicación, cuestiones que nos concernían a todos cuando quisieron ser materia pública: los recién nacidos robados piadosamente en los hospitales durante el franquismo, las espeluznantes inmolaciones en las plazas de Grecia (evocadas en emocional vinculación con aquella ‘fruta extraña’ cantada por Billie Holiday) o la pérdida de responsabilidad en un mundo presidido por lo vertiginoso, tal como aparece en el sarcástico texto que relata un apresurado reconocimiento médico. Todo ello configura de otro modo el concepto de la actualidad, palabra que parece terminar en sí misma pero que aquí se trasciende porque pugna por volver a ser revisada, por no dejarla irse escamoteada en el imperio falaz de la avalancha.

Quedan otras cosas. Queda ese grito lapidario que parece recogerse en vivo del relámpago sangrante de un graffiti nocturno (“Urge un reparto equitativo de la pobreza”). Quedan esas visiones en clave de microrelatos: esa familia de mendigos –“Sagrada familia”, la llama el autor con un respeto nada irónico– refugiados la Nochebuena en el cajero de un banco; ese otro menesteroso que encuentra en el contenedor un ejemplar desvaído de la Constitución Española y lo cambia sin dudar por una lata de sardinas; ese matrimonio aburrido y de ceremoniales ya apagados que acaban regalándose por San Valentín un calefactor y unos calcetines para salvar el frío…

Denuncias sumergidas, palabras recogidas de conversaciones de brochazo aún caliente, relatos condensados en el reducto de una trama narrativa tirante, escrutinio de menudencias que no parecían existir para nadie pero que se ponen aquí a flotar con delicadeza y atención…, he ahí la pasta de la que está hecho Corner of the silenced. Uno cree, tras leer estos textos despojados de inocuidad, que la palabra que sostiene todo es la palabra ‘decepción’. De ese sentimiento parte Juan Carlos Pajares. Un aviso que aletea ahí, a ojos vista, con vuelo bajo, sobre el consentimiento general de una ciudadanía desnortada que sigue soportando el peso de las claudicaciones. En este sentido, este libro es también un manual para aturdidos con el que se deberían recuperar las agallas de la dignidad. En las escuelas, en los hospitales, en las paradas de autobús, en las pantallas de los estadios tendrían que estar a la vista estas páginas, de una en una, pequeña baraja de lápidas que habría de terminar con el rincón de los silenciados, que ya no caben, desde luego, en un rincón. Así habría que leer este texto de combate para salir por puerta de emergencia del edificio de la vergüenza en que ahora estamos viviendo. Empujen, pues, esta puerta antes de que sea demasiado tarde. El lector, el ciudadano, es quien debe encargarse de terminar de dar sentido a lo que solo aparece aquí hecho trazo, en el rasguño de las denominaciones amortiguadas.

Soñémoslo: todos los textos, surgidos de un humus general maloliente, se elevarían sobre el aire nublado del mundo y empezarían a circular de boca en boca; pasarían de mano en mano entre hombres vencidos por el ensordecimiento, proclamarían que el emperador no viste un manto invisible sino que está desnudo. Desnudo e indefenso.

¿Ustedes se lo imaginan?

— — —

El libro está dedicado a los seis mineros que el 28 de octubre de 2013 dejaron sus vidas en una mina de Llombera (León) —Orlando González Fernández, José Luis Arias, Roberto Álvarez, Manuel Moure, Juan Carlos Pérez y Alberto Blanco—, y su último pensamiento, el 52, reza así:

“Seis de los que bajaron ya no subieron. Se quedaron en la entraña oscura y enfangada entibando la tierra para que no se derrumbe bajo nuestros pies, apuntalando nuestros recuerdos para que no olvidemos jamás”.

Juan Carlos Pajares Iglesias (el Pájaro). ©Fotografía de Jr Vega.

Juan Carlos Pajares Iglesias (el Pájaro). ©Fotografía de Jr Vega.

  1. Dejo aquí las notas que tomé para la presentación del libro, el pasado 30 de diciembre en El Gran Café de León, notas que durante el acto se fueron intercalando con las explicaciones de Juan Carlos Pajares, alias El Pájaro:

    Presentación de CORNER OF THE SILENCED / Un año en TAM TAM PRESS
    SOBRE LOS “AFORISMOS DEL PÁJARO”

    Lo primero de todo, dar las gracias, a Juan Carlos Pajares, por ser la primera persona, junto con José Ramón Vega, el fotógrafo, que se apuntó a colaborar con TAM TAM PRESS desde aquel primer momento, allá por septiembre de 2013, en que Camino Sayago y yo, con Sergio Jorge, decidimos crear una revista de cultura digital.
    Dar las gracias también a Héctor Escobar, por haber alumbrado este libro que, para los que hacemos TAM TAM PRESS, es como nuestro primer hijo en papel… Porque este libro es algo nuestro, de todos y todas cuantos hacemos nuestros, semana a semana, los pensamientos (los aforismos) del Pájaro.

    Anteayer, mientras preparaba esta presentación, pasó por casa Felipe Zapico (Zapi) —que hoy no ha podido estar aquí— y, en un momento dado, me dijo: “Pero bueno, si vas a presentar el libro no se trata de que hagas una tesis sobre el aforismo. Tienes que hablar de un hombre construyendo un muro.
    —¿Un muro a su alrededor, en sentido figurado?
    —No. Tienes que hablar de un hombre que lleva más de un año construyendo un muro de grandes rocas, de grandes piedras. Allí en la montaña ese hombre se sienta y contempla la maravilla geológica —porque donde tiene su casa el Pájaro está dentro de un parque geológico protegido por la Unesco—, escucha las esquilas del ganado, y allí, entre el mugido de las vacas y el ladrido de los mastines, entre nieve, lumbre y leña… el poeta lo destila todo en esos puñetazos que lanza al sistema…. (Bueno, lo de poeta puedes cambiarlo por pensador, por escrutador, por observador de la realidad).

    Lo cierto es que después del maravilloso prólogo que ha escrito Tomás Sánchez Santiago, poco podría decir yo sobre este libro.
    Pero sí quiero decir algo.
    Yo sé que a Juan Carlos no le convencía mucho este término, “aforismo”, para resumir lo que él empezó a hacer en TAM TAM hace quince meses….
    ¿Porqué “aforismo”?
    ¿Y por qué no?

    El término «aforismo» fue utilizado por primera vez por Hipócrates (cuatro o cinco siglos antes de Cristo) como una serie de proposiciones relativas a los síntomas y al diagnóstico de enfermedades. El concepto fue aplicado después a la ciencia física y, posteriormente, generalizado a todo tipo de principios.
    Un ejemplo de aforismo de Hipócrates puede ser este: “El alimento dado al que tiene fiebre, en la convalecencia le vigoriza; durante la enfermedad, le empeora”.
    En la actualidad se considera que, gracias a Twitter y otros servicios de microblogging y redes sociales, con su limitación de espacio para escribir, este estilo de escritura está viviendo un inesperado renacimiento, con su forma de mensaje corto, de mensaje quirúrgico, depurado, acrisolado, que intenta ir a la esencia.

    El aforismo está de moda.
    Vivimos “en estado de aforismo” (como recoge José Ramón González en el libro “Pensar lo breve” (Trea), donde, por cierto, de los 50 autores de aforismos recogidos en antología, curiosamente tan solo dos son mujeres ¿?).

    Nietzsche, uno de los grandes maestros del aforismo, decía: “Es mi ambición decir en diez frases lo que todos los demás dicen en un libro, lo que todos los demás no dicen en un libro… “
    Los filósofos y los poetas son buenos constructores de aforismos. Como los científicos. Porque son pensadores. Y el aforismo es una buena manera de resumir, de condensar el pensamiento.
    “Poeta y filósofo son hermanos gemelos, si es que no la misma cosa”, decía Unamuno, gran cultivador del aforismo.
    Por ejemplo, de los versos de Gamoneda se pueden extraer aforismos como éste: “Vas hacia lo invisible y sabes que es real lo que no existe”.
    También de una entrevista con un científico (del que ahora no recuerdo el nombre) se pueden anotar cosas como esta: “Somos invitados temporales en un universo de bacterias”.

    El género es antiguo y tiene una larga historia en la cultura europea, y una larga lista de cultivadores insignes. Ahí tenemos los pensamientos de Heráclito, que son también aforismos: “Ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río”; “Aunque el logos es común, casi todos (los hombres) viven como si tuvieran una inteligencia particular”.
    O los de Leonardo da Vinci: “No siempre es bueno lo que es bello… Ejemplo de este error dan los que hablan con elegancia pero sin doctrina”.
    O los de Unamuno: “La lengua es la sangre del alma, el vehículo de las ideas”…

    Este tipo de “pensamientos” tiene entre sus principales características: la concisión didáctica, la agilidad crítica y la tendencia ilustrada.
    Su principal enemigo es la pereza mental, la rutina, que convierte en trivialidad lo que presume ser una frase brillante. Millares de presuntos aforismos causan una impresión polvorienta precisamente por la “facilidad” con que fueron fabricados.
    Porque los aforismos no son juegos de palabras, sino todo lo contrario, son la expresión de una absoluta seriedad, que, sin embargo, sonríe.
    El aforismo no es una ocurrencia que se escribe con rapidez y se lee con igual rapidez. ES UNA FORMA FILOSÓFICA cuya rotundidad y autonomía no son el resultado de esfuerzos esteticistas, sino de TRABAJO DEL PENSAMIENTO.
    Y el pensamiento crea el mundo. Solo el pensamiento será capaz de cambiar el mundo…

    Hay muchos tipos de sentencias breves: máximas, refranes, sentencias, adagios, apotegmas, proverbios…
    Pero, a diferencia de todas ellas, en vez de decir media verdad, el aforismo busca decir verdad y media.
    Y es que el término “aforismo”, como bien sabía Nietzsche, que además de filósofo era un buen filólogo, significa “llevar algo fuera de su horizonte” * , o mejor: “henchir de tanto contenido las palabras que algo rebose del horizonte lingüístico y quede fuera de él, pero estando allí como la parte oscura, irónica o paródica”. Esa media verdad excedente que queda fuera, es la sal que impide que la “verdad” se corrompa.
    El aforismo contiene una visión verdadera, pero no una certeza conclusa. Es UNA INVITACIÓN A LA AVENTURA DEL PENSAMIENTO Y DE LA VIDA.
    Lo que el aforismo pretende es romper el absolutismo del saber. (Tomo estas ideas de un prólogo de Andrés Sánchez Pascual al libro ‘Aforismos’, de Friedrich Nietzsche)

    En ese sentido, lo que desde TAM TAM PRESS hemos dado en llamar “Los aforismos del Pájaro” es fruto, sin duda, de una actividad filosófica y poética: expresan pensamientos condensados, con pocas palabras dicen muchísimo, pero además muestran una mirada sobre la realidad, una mirada ética, poética, política; ejercen la ironía, dibujan el mundo y el estado de las cosas, hablan de lo que pasa, de lo que nos pasa, de lo que sentimos… (y a veces lo que sentimos no deja de ser “la expresión de lo que sentimos”)
    … y lo hacen desde la solidaridad, desde la compasión y la empatía, que no es otra cosa que ponerse en el lugar del otro; pero lo hacen también desde la rabia y la indignación creciente y a punto de estallar en todos nosotros y nosotras ante el despropósito de toda esta estafa colectiva a la que nos han abocado, y condenado, quienes nos gobiernan desde las instituciones y desde las sombras.

    Antonio Machado, que fue un fino catador de los aforismos de Nietzsche, le hace decir a Juan de Mairena: “Tuvo Nietzsche además talento y malicia de verdadero psicólogo —cosa poco frecuente en sus paisanos—, de hombre que ve muy hondo en sí mismo y apedrea con sus propias entrañas a su prójimo…. Yo os aconsejo su lectura, porque fue también un maestro del aforismo y del epigrama”.
    Pues bien, yo también os aconsejo la lectura de estos “aforismos” del Pájaro, aunque él preferiría no llamarlos “aforismos”, porque , en su soledad solidaria, son transparentes, lúcidos, críticos, irónicos, inteligentes, certeros… y encierran, cada uno, una verdad y media, sí.
    Y, porque, como resume Tomás Sánchez Santiago en el prólogo, este libro es un «manual para aturdidos» con el que reponer dignidad…

    Termino con un poema del Pájaro, que para mí tiene que ver mucho con el acto de escribir. Dice así:

    DESPACIO, COMO EL QUE CONSTRUYE
    un nuevo mundo, como únicamente
    se ama, desmontando meticulosamente
    la maquinaria, aprendiz de relojero
    —grano a grano— de la arena
    de los días, y el miedo a que resbale
    por la angostura la última brizna.

    Así creo yo que él, Juan Carlos Pajares, también construye y deconstruye, monta y desmonta, la maquinaria de estos pequeños fragmentos, con el puro trabajo del pensamiento y la palabra.

    Nota: * La palabra aforismo proviene del latín “aphorismus”, y este del griego “aphorismós”, que viene de “aphorizein” (definir, separar), compuesta de “apo” (aparte, fuera) y “horos” (seña, marca).

    https://tamtampress.files.wordpress.com/2014/01/1-elo-pacc81jaro.jpg?w=710

  2. Pingback: Juan Carlos Pajares recoge sus “aullidos” en el libro “Póética del desamparo” | Tam-Tam Press

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: