Avelino Fierro presentará su ópera prima en Madrid, acompañado por el escritor Félix de Azúa

El cartel de la presentación es obra de Javier Cardo.

El cartel de la presentación, como la portada del libro, es obra de Javier Cardo.

La librería madrileña Rafael Alberti acoge el próximo viernes, 10 de octubre, la presentación de “Una habitación en Europa”, el primer libro de Avelino Fierro. En el acto, que comenzará a las siete de la tarde, actuará como presentador el escritor Félix de Azúa. También acompañará al autor el editor del sello Eolas, Héctor Escobar.

El propio Avelino Fierro, que viene publicando su sección “Querido diario” desde hace casi dos años en Tam Tam Press, nos ha remitido el texto que reproducimos bajo estas líneas, y que a su vez le ha enviado su amigo Tino Rivero, en el que una lectora, Lourdes Z., habla de los efectos beneficiosos y terapéuticos que le ha producido la lectura de “Una habitación en Europa”.

Por LOURDES Z.

He probado a leer los diarios de Avelino abriendo el libro solo 45 grados, como me dijiste que lee él. Veo que es una de las mejores posiciones para hacerlo en la cama y que los dedos así están más cerca de las letras y sienten el suave y casi inapreciable relieve de la tinta en la página. Como te dije, me he puesto a leerlos en vez de terminar de poner orden en el maremágnum de los papeles de mi cuarto de trabajo: aún no sé dónde colocar la mesa.

Me gustan más que los de Tam Tam Press. La erudición queda aquí más atemperada y no solo la soporto, curiosamente me interesa, me atrapa, me alía; reconozco muchas cosas en las que yo también he tropezado: reflexiones, hilos conductores entre escritores, experiencias personales, sensaciones apenas perceptibles. Lo genial es saber urdirlo como lo hace él. Entretejerlo con lo suyo cotidiano, con lo nuestro (lo de todos). Y de lo (mucho) que trae a colación y no conozco, no me irrita como en los escritos de Internet, me provoca, desde luego, admiración a la vez que me despierta la curiosidad. He apuntado algunas referencias para traerme a casa.

Otra de las cosas que me llama la atención es cómo consigue que en algunos momentos lo que parece que se va a plantear como cursi —atardeceres, escenarios, lloreras personales…— se convierta simplemente en poético con una enorme personalidad que le da la dignidad de lo original sin serlo. No sé cuál es el mecanismo con el que lo consigue, pero me gusta.

Me seduce esa manera de hacer de lo cotidiano algo sorprendente —no solo de las vivencias, también de las frases, de las palabras—, poesía; eso lo hace también Tomás S. S. en los textos y en los mensajes que me escribe.

De modo sutil acierta a meter la punta del bisturí en algunos asuntos sociales, políticos… o incluso en actitudes personales sin que parezca violento o doloroso, pero dicho lo deja: a veces con un sentido del humor que camufla la ironía o que atempera el juicio, y otras como de soslayo pero sin pudor.

Me gusta el libro. Me rindo a su inteligencia y a su sensibilidad. No puedo sustraerme al mágico torbellino de las listas de palabras ordenadas (o no) alfabéticamente, y hay en él listas, enumeraciones y paronomasias a dar con un palo. Además agradezco mucho al autor que haya mejorado considerablemente mi nivel de endorfinas: he llorado de risa de tanto en tanto, cómodamente, sin represión y por sorpresa. Y falta me hace.

Como yo no puedo decírselo a Avelino te digo a ti que su amiga Janick Le Men “profesional seria” le corregiría con ternura pero a voz en grito (ella es así) el “cerca suyo” de la página 48. Y que ese paralelismo que hace unas páginas más allá entre la tierra rusa (con el doctor Zhivago, Tolstoi y Turgueniev incluidos) y los yermos de Valladolid, me la susurraba muy parecida en un francés muy francés un escritor que cruzó conmigo esos yermos un par de veces o tres cuando yo trabajaba en la capital. Y que, aunque él (el autor) se defienda con uñas y dientes de las nuevas tecnologías, Una habitación en Europa es un magnífico hipertexto.

Gracias y un beso grande por traerme el libro tan a tiempo.

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Más información:

Una habitación en Europa, de Avelino Fierro, recoge la pasión literaria de un fiscal de menores que seguramente se ve sometido a la misma atmósfera asfixiante del Poder Judicial español, en permanente y escandaloso tráfico. Sin embargo, quizás porque defender los derechos de los débiles y amparar a criaturas solitarias y errabundas produce mayor satisfacción que juzgar según las leyes españolas a los adultos, Avelino Fierro dibuja un mundo limpio, terso, prístino, a veces triste. Debe decirse en su descargo que es leonés y por lo tanto lo de la lengua literaria le viene de fábrica. El suyo es un libro para leer cada noche, echando la mano hacia la mesita y diciéndose “a ver qué alegría me da hoy el señor fiscal”. Una excursión por los montes leoneses bien regados en primavera, un poema de Milosz, una visita a Cracovia. Algo de la sutil mirada infantil se le ha quedado en los ojos a este escritor y fiscal. También dibujante. Las viñetas que ha incluido delatan al observador riguroso. Buen dato para un fiscal.”

FÉLIX DE AZÚA

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