“Oscura era la noche, fría estaba la Tierra”

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La historia de las Voyagers llega a la sección de ‘Poesía y Ciencia’ que nos regala la poeta y periodista leonesa Elena Soto desde Mallorca. “En 2013 cuando la NASA anunció que la Voyager 1 había salido del Sistema Solar comencé a escribir este poema, pero al final me enganché escuchando a Blind Willie Johnson, repasando el disco de oro… y quedó a medias. Ayer, retomé el tema y lo acabé”, nos cuenta en el mail con el envío.

Por ELENA SOTO

“El lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta”. Carl Sagan

La aventura de las dos naves gemelas (Voyager 1 y Voyager 2) comenzó en 1977 cuando la NASA las envió a explorar los rincones más alejados del Sistema Solar; desde entonces, las naves han estado viajando con diferentes rumbos. Tras haber explorado Júpiter, Saturno y sus satélites, la Voyager 1 se dirigió al espacio interestelar siguiendo ruta hacia el centro de la Vía Láctea. En septiembre de 2013 la Nasa anunció que la Voyager 1 había atravesado la última frontera y se encontraba a 19.000 millones de kilómetros de nuestro Sol.

Acoplado a un costado de las naves, viaja el disco de oro de las Voyager “Sonidos de la Tierra”, un compendio de datos que nos representara como humanidad, elaborado por un comité presidido por el astrónomo y escritor Carl Sagan. Entre los sonidos enviados al Cosmos, como mensaje en una botella, está la canción ‘Dark Was the Night, Cold Was the Ground‘, (Oscura era la noche, fría estaba la Tierra) de Blind Willie Johnson.

Oscura era la noche, fría estaba la Tierra

“Oscura era la noche, fría estaba la Tierra”,
el blues de ‘Blind’ Willie Johnson,
junto con el canto nocturno de los navajos
y los latidos del corazón de Ann Druyan
ya han cruzado el Cinturón de Kuiper.
—La NASA anunció que la Voyager 1
dejaba atrás la heliopausa, abandonando el Sistema Solar—.
Desamparados en la Vía Láctea,
arropados tan solo por gas ionizado,
los esquemas de ADN y las leyes de Newton
duermen su letargo cósmico
en los surcos del disco de oro de la Voyager
con otros ‘grandes éxitos’ del Planeta.
Escucho el gemido de la guitarra
mientras oscurece en esta parte de la Tierra,
y el verano se debilita, como la señal de la Voyager.
La luna mengua,
y el lamento de ‘Blind’ en las calles de Beaumont,
se desplaza hacia la nube de Oort,
—en unos 40.000 años se aproximará a la constelación de la Jirafa—.
Entre rasgueo y rasgueo,
repaso el inventario que vaga en el abismo
y que intenta explicar “a quién corresponda”
la deriva continental, la evolución de los vertebrados
o el endemoniado tráfico de una ciudad en hora punta.
En la carátula,
una descripción del lugar de nuestro planeta en la Galaxia,
un átomo de hidrógeno
y las instrucciones de uso y manejo del disco.
Dark was the night, cold was the ground
(Oscura era la noche, fría estaba la Tierra),
Un blues desvalido en la frontera.
Voz profunda adentrándose en el espacio profundo,
mensajera frágil “en el áspero camino hacia las estrellas”.

Voyager.

Voyager.

El 12 de septiembre de 2013 la NASA confirmó que la sonda interplanetaria Voyager-1 había abandonado, 35 años después de su lanzamiento, la heliosfera, región espacial que demarca el fin del Sistema Solar, convirtiéndose así en el primer objeto artificial en entrar el espacio interestelar.

Viaje cósmico: la Misión Interestelar Voyager y el mensaje

El disco de la Voyager está bañado en oro y tiene el tamaño de un vinilo convencional. La carátula incluye su propia aguja con instrucciones sobre cómo colocarla en los surcos para que el disco gire a la velocidad ideal. Está diseñado para perdurar cientos de millones de años sin sufrir un nivel de degradación importante.

En su interior hay más de 90 minutos de sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra. Fotografías, sonidos de la naturaleza, de animales, saludos en 55 idiomas y una selección musical de diferentes culturas y épocas. A cargo del proyecto estuvo Carl Sagan y, junto a él, la que más tarde sería su esposa, la escritora Ann Druyan, que participó activamente en la grabación. En el disco quedaron recogidos los latidos de su corazón y sus ondas cerebrales.

Durante la grabación de los discos Sagan y Druyan se enamoraron y ella cuenta que mientras le hacían el escáner, a pesar de su esfuerzo por mantenerse fría los sentimientos de amor dominaron su mente. “Mis sentimientos de una mujer de 27 años, locamente enamorada, están en ese disco”.

  1. Reformas Arias

    Y se puede escuchar y todo, que pasada

  2. Pingback: Oscura era la noche, fría estaba la Tierra | establo Pegaso

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