Vivir, dormir, tal vez votar (2)

Por LUIS GRAU LOBO

Parecidos razonables e irracionales (y techos de cristal blindado). Los apocalipsis no pasan de moda. Se predijeron el acabose de los libros, el del cine, el de la historia… Y lo que desaparecieron fueron las librerías, los videoclubs y, quizás, los historiadores. La política también fue dada por muerta. Se coreó que había llegado su final con la subordinación de los Estados y el monopolio ideológico neoliberal. Cada vez más gente se proclamaba ‘apolítica’ o afirmaba no tener ideas de ese tipo, pese a que los griegos (antiguos y modernos) sabían que esa proclama retrata, conscientemente o no, a alguien de derechas. Ahora que la política ha regresado, aunque sea en forma tan distinta y, a veces, tan innoble y burda, pero igual o más determinante, miremos a los políticos. Una parte esencial de la nueva política, tan inconfesada como evidente, es la mera imagen física, la presencia e indumentaria previas a toda aseveración. Fotogenias de manual. Observémoslos como quien quita el volumen del televisor. Seguro que lo han hecho: apagar el sonido y discernir cuál de los actores sigue sosteniendo al personaje o, al menos, aguanta el mutismo con su presencia y gestos.

Los tres tenores líderes de los principales partidos a derecha e izquierda se revelan arquetipos de un mismo patrón: jóvenes, apuestos, delgados, risueños, seguros de sí. Un punto altivos; perfectamente intercambiables. Clones que visitan al mismo sastre y asesor, hasta para quitarse la corbata en similares ocasiones. Sánchez, Rivera y Casado no son la misma persona porque, enmudecidos, se mueven ligeramente distintos. El líder del PSOE lo hace como Obama: ese aire atlético y al ralentí, propio de quien manda. Rivera y Casado, sin embargo, dejan entrever un nervioso estar que a veces les traiciona, propio de los políticos en la oposición que no han tocado poder pero creen merecerlo. En los dos extremos, variantes. Uno que confesó comprar la ropa en Alcampo, otro que se viste para salir al campo. Uno exhibe su pertenencia al pueblo, el otro su pertenencia a cierta patria de ficción. Sin excepción, todos actúan como machos alfa.

Ante tal monocromía, las mujeres. María Teresa Fernández de la Vega, Soraya Sáez de Santamaría, Carmen Calvo… La impresión al nombrar a recientes vicepresidentas difiere, resulta más compleja, menos ceñida a la fiesta de los maniquíes. Aparte del acuerdo o no con sus decisiones, trasmiten la confortable sensación de estar ante personas cuya competencia no tiene que ver con su aspecto físico o un estándar al que deban someterse. Son personas preparadas, su atractivo reside en que parecen capaces de sostener las decisiones de un gobierno, de superar la apariencia en favor de la trascendencia. No querría caer en el tópico de las mujeres fuertes, pero abrigo la sensación de que cuando alguna de ellas no precise un adonis trajeado quizás sea el día que demos paso a la política tal como cabe entenderla.

Continuará…

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 24 de febrero de 2019,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: