Manuel Olveira cierra ‘Muero todos los días’ con una cuarta entrega que reflexiona sobre el tiempo de la escritura

Manuel Olveira.

‘Muero todos los días 2019-2021’ es la cuarta entrega de la serie poética que Manuel Olveira (Porto do Son, A Coruña, 1964) ha compuesto como único autor de la colección Rue des Solitaires, publicada como las tres anteriores por Manual de ultramarinos, la sociedad secreta de traperos del tiempo. Comenzó en 2013 y discurre a lo largo de los ocho años de su estancia en León como director artístico del MUSAC. La presentación ha tenido lugar este último sábado de mayo en la terraza del bar La Asturiana, en San Feliz de Torío (León).

 Manuel Olveira pone punto final a ‘Muero todos los días’, un proyecto del que no estaba muy seguro de llegar a cumplir cuando lo comenzó en 2013 ya que preveía una entrega cada dos años. Y así ha sido, salvo la excepción de esta última que ha tardado un poco más en ver la luz. Ocho años en los que día a día se han ido gestando estos poemas que su autor define como “escrituras” y que coinciden con su gestión al frente del MUSAC en la capital leonesa. “Es un ciclo que se cierra y que da paso a otro. Por eso el libro acaba con “Desde aquí / me devuelvo / a otra vida // He escrito lo mismo / todos los días / Fin de la muerte”, explica. Un periodo en el que entra en juego el proceso de envejecer, según sus propias palabras, “de acercarse un poco más cada día al precipicio, a la tormenta. Es, por eso, el diario de un temporal (al temporal / diario que se da / a leer)”.  

Todos los libros comparten el mismo título, ‘Muero todos los días’, seguido de las fechas de los años y un asterisco que indica que está tomado de la primera epístola a los Corintios. El autor deja entrever que las palabras y las imágenes son como prestadas, proceden de otros autores, leídas en libros, escuchadas en la calle u oídas en una película (Carne segada / voz a enraizar / otra vez).

Como en el resto de las entregas, el contenido procede de los cuadernos y las libretas en los que Olveira apuntaba ideas y anotaba todo aquello que fluía por su cabeza, e incluso los billetes de tren le sirvieron para almacenar parte de la materia prima que utilizó para construirlas. “El procedimiento de trabajo ha sido siempre el mismo. Escribo en cuadernos constantemente en los que se mezclan pensamientos y reflexiones, sueños y notas prácticas sobre mi trabajo o mi vida personal. Cada dos años recopilo todo lo escrito y selecciono aquello que tiene potencial para tejer un librito con una serie de imágenes poéticas. A partir de ahí pulo y pulo lo escrito hasta sintetizarlo y dejarlo en un esqueleto que se sustenta como un armazón. Por utilizar un símil escultórico, trabajo primero por acumulación y luego por sustracción. ‘Decir todos los días una palabra menos‘, como dice Felipe Boso“.

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Y a la vez que escribía los libros colocaba flores y ramas en una mesa que sustituía cada semana. “A veces las compraba en la plaza, pero otras las recogía de los lugares a donde las arrojaban los jardineros municipales tras la poda (y florecían en casa), de los campos o de la orilla del rio”. Una analogía muy sugerente sobre el registro del tiempo de la escritura: las flores marcan las estaciones y escribir acompaña al acto rutinario de cambiar las flores a la vez que cuenta y da cuenta del paso del tiempo.

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Ambas acciones coexistieron durante todo el proceso y de alguna forma marcaron la evolución entre los cuatro libros. Los dos primeros son más sueltos y fragmentarios, los dos siguientes también, pero las imágenes son más sintéticas y se trenzan y discurren en tercetos, en los que la acción y la descripción parecen construir un relato, según explica. “Hay algo de vivencial en todo lo que escribo, pero este proyecto de los cuatro libros no debe entenderse como una traslación testimonial. O, si lo es, más que confesional es documental. Se muestra, pero no se explica. Hay muchas sombras (Si se cuida / la sombra / no se irá nunca) y oscuridades penosas (El infierno informa / bajo la apariencia / de brutas evidencias)”.

La escritura como travesía

Manuel Olveira tiene claro que estas escrituras son una especie de camino, una travesía en la que recorre diferentes tiempos relacionados con el origen, la memoria, el deseo, el trabajo, el arte, el museo. Tiempos que se van y vuelven cíclicamente, que se superponen entre sí y a los que se superpone el propio tiempo de la escritura: “Es mi travesía atravesando e insistiendo en la memoria (El que muere / sigue informando / de su trayecto). Es una memoria que, me atrevo a decir, niega la realidad para negar su orden y construir otro nuevo”.

Y también asegura que es una escritura inacabada. “Los años presentes en el título de cada libro son como cortes o como fragmentos que sustentan y sujetan precariamente lo que fluye y se escapa entre los dedos (él regresa // a un texto anterior / libre sin revelar / la libertad de las palabras). Cada corte bianual es como un suspenso descompuesto que se compone temporalmente. Y entre corte y corte hay olas que se repiten”. 

Imágenes recurrentes 

Esta repetición de imágenes que vuelven cada cierto dice que le recuerdan  a la novela ‘Todo el tiempo del mundo’ (Libros de Rocamadour, diciembre de 2014) y son una constante en toda la serie poética. Imágenes sobre el tiempo, el naufragio, el hundimiento y la experiencia de la pérdida, el jardín, la tierra, las raíces de las plantas y los árboles, el viaje, el precipicio, la caída y la insignificancia, la perplejidad, el desajuste con el mundo o el conflicto de una identidad personal disuelta en otras identidades y otras voces. También está presente el silencio “Son imágenes que se trenzan entre sí y que se enhebran también con una reflexión sobre la propia escritura (Un sendero / un texto de partida / inaugura el tiempo)”. 

Los temas abordados son los mismos que en los otros tres libros: un registro de la experiencia  y de la emoción de un tiempo, de un estado de ánimo, de una edad, de una impresión, de una condición y de un empoderamiento.

Reproducimos un fragmento de ‘Muero todos los días 2019-2021’ de  Manuel Olveira que finaliza con la imagen del “ángel abismo”.

Invisible sobre la tierra
el ángel abismo
mueve el agua

Hay luz en este mundo
Hay sombra en este mundo
La vida sigue siempre
Las cosas cambian nunca
Las raíces cantando tierra adentro 

Más información:

Muero todos los días 2013-2014

Muero todos los días 2015-2016 

Muero todos los días  2017-2018 

1 Comment

  1. Encántame este percurso pola vida….
    A imbricación có que te rodea e a transmisión que nos fas deste percorrido .
    Parabéns, grazas e …. longa vida.
    Aperta

    Me gusta

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