Distintos usos para una mesa

Por LUIS GRAU LOBO

¿Qué culpa tendrá la mesa? Aun siendo por (o de) León, ella no lo escogió. Se la mienta cada vez menos, cierto, pero esta mesa sigue siendo la Mesa. La mayúscula se la imponen, de la misma manera que la decepción con que, casi desde un primer momento, se la barnizó para reprocharle lo que no hace o deja de hacer. Sin embargo, ella cumple con su trabajo: sostiene lo que dejan sobre ella y sus patas llegan justo hasta el suelo (un viejo chiste de mesas) a la misma vez, sin cojear.

Cada vez que la mencionan me pongo a pensar en destinos mejores para ella, un objeto noble de estirpe antigua. Por las fotografías no se distingue si se trata de una elaborada al modo tradicional o se ha dejado llevar por las modas y conveniencias mercantiles y se reviste de un veteado falso que embute trizas, virutas, polvo. Poco importa, todo el mundo se refiere a ella cual mágica y le demandan soluciones, como si no fuera un simple mueble. Para ayudarla, he aquí unas cuantas proposiciones éticas, estéticas y sintéticas, ordenadas por su grado de viabilidad.

Propuesta número 1. Componer una estampa lúdica: un mus decorativo y estático, a lo Cézanne en 3D.

Nº 2. Sentarse de forma juvenil y desenfadada, con los pies colgando, a esperar a Godot.

Nº 3. Amueblar aún más la nunca del todo atiborrada avenida de Ordoño II, con mesa petitoria para recoger impresiones, sugerencias, maldiciones y demás protestas del viandante, ya ocioso ya esforzado pero siempre dado a enmendar la plana a paisanos de otras tierras y las propias.

Nº 4. Echarle bronce por encima y ponerla en Ordoño II, sin peticiones ni nada. Pero con pedestal.

Nº 5. ¿Llevarla a un Musac o ‘centro de arte terriblemente contemporáneo’ para ser descifrada como alegoría de un presente ultrapandémico en transición a un enésimo y decisivo cambio de paradigma? No. Mejor a Las Edades del Hombre, que tiene nombre de flexo metalizado: Lux.

Nº 6. Desmontarla con cuidado, enviarla a la tienda sueca de muebles que todos conocemos y odiamos con el encargo de despiezarla molécula a molécula y volverla a su ser original en forma de árbol o lo que sea que dé origen y sustancia a las mesas. Invertir la flecha del tiempo, regresar al pasado que tan atractivo parece ahora que el futuro es una moviola.

Nº 7. Llevarla a un cielo abierto minero, dejarla en medio del tópico paisaje fundido a negro, sin sillas ni nada o nadie cerca, componer una representación-denuncia, en su mismidad solitaria, de la España vacía y reconvertida sin comensales siquiera. Una foto chula para colgarla luego en alguna exposición súper actual. El arte viste.

Nº 8. Cortar las patas y convertirlas en estacas para atravesar corazones vampíricos, mientras el tablero sirve para confeccionar un féretro que acoja tierra transilvana (o transmontana), por si falla lo primero.

Nº 9. Sentar a gente alrededor para que solucione problemas de aquí.

Nº 10. Pintarle unas rayas blancas y jugar al ping-pong hasta el fin de los tiempos. Hagan juego.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 30 de mayo de 2021)

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