Cuentos en el Campo Grande

‘El Jardín Mágico’ de ImaginArt/Rodrigo Tamariz. TAC. Fotografía: Juan A. Berzal.

Pendientes de que el próximo año el Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid (TAC) pueda celebrarse de forma ordinaria, cuatro compañías vallisoletanas han pasado por la edición de 2021 con aforos limitados y con las lógicas medidas de seguridad. Una de ellas, ImaginArt/Rodrigo Tamariz, propuso un llamativo discurso a caballo entre la naturaleza y las nuevas tecnologías. Casi una fábula mágica para las noches de verano.

Por ISAAC MACHO

Arte y sueño, vida y muerte, leyenda e historia conviven en el parque Campo Grande para, una vez más, dar vida al estreno absoluto de El jardín mágico de la compañía ImaginArt/Rodrigo Tamariz, una producción del XXII Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle de Valladolid.

El parque más íntimo y concurrido de Valladolid desde 1787, con abundantes aves y gran variedad de arbolado —primero conocido como Campo de la Verdad, luego Campo de Marte y finalmente Campo Grande— sirvió de escenario a los creadores para combinar naturaleza y nuevas tecnologías aplicadas al teatro.

Todo era sorprendente en este espectáculo. Durante las tres noches de las funciones, los espectadores solo entraban cada 5 minutos y en grupos de 5 personas. Un hermoso y semicircular arco de entrada daba la bienvenida en medio de agua pulverizada con efectos lumínicos. Una voz te recibía con esta confesión: “Este no es un lugar cualquiera. Has llegado hasta aquí, y no es por casualidad”. Advertido quedabas.

La experiencia había comenzado. Un paseo, tranquilo, de poesía visual se abría a tu mente y a tus pies a lo largo de un sosegado recorrido en el que se te ofrecían ilusiones lumínicas, paisajes oníricos, símbolos y música.

“Hemos querido presentar al público un paseo de poesía visual que no sea frenético sino pausado, lento”, señala Rodrigo Tamariz, creador de la obra junto a Virginia Urdiales. “Nuestra oferta artística es para que el espectador puede estar sentado diez minutos en un sitio viendo imágenes, acompañado por la naturaleza. Naturalmente, el discurso tiene que ser armónico. Nuestra intención ha sido que los participantes en esta experiencia salgan del espacio preparado para la ocasión con una sensación de tranquilidad, habiendo sentido en plenitud una simbiosis entre el universo de un bosque y el conocimiento técnico”.

El jardín mágico presentado en el Campo Grande de Valladolid, a partir de las 22:30, integraba técnicas como el mapping, equipamientos led, proyección láser, hologramas, proyección adaptativa… cosidas con sensaciones y percepciones vitales, plácidas, donde la luz, el corazón y el jardín bombearan emociones al mismo tiempo.

Las escenas en las que interactuaban creadores y paseantes eran diseños exclusivos: notas musicales que acompañaban la narración, lágrimas —la desesperanza— que dialogaban con la voz, imágenes proyectadas sobre un árbol, una bailarina que rememoraba la vida artística, velas misteriosas que presagiaban la celebración, una fiesta de estrellas que te acariciaban y que te predisponían a conquistar el mundo.

“El objetivo al crear El jardín mágico – recuerda Rodrigo Tamariz– era seguir la vida de una persona, desde que nace hasta que muere, el pasaje de su biografía, las sombras, luz, el sentido onírico de la propia existencia del ser humano”.

Para este creador en 3D, la complejidad de la instalación El jardín mágico no es, precisamente, su dificultad técnica sino que su complicación reside en buscar y, sobre todo, encontrar la capacidad de sorpresa continua, esa simbiosis de agitación interior entre el alma de ese paraíso arbolado que es el Campo Grande y su combinación tecnológica tamizada por ”el silencio, la interacción, el movimiento y la tranquilidad”.

Escena de ‘El jardín mágico’ de ImaginArt/Rodrigo Tamariz. TAC. Fotografía: Juan A. Berzal.

El saxofonista José Luis Gutiérrez rindió un homenaje al escultor Eduardo Cuadrado, reconocido en esta edición por el TAC tras su fallecimiento el pasado 8 de enero, con el estreno de su obra Náufragos y máscaras. A lo largo de media hora, el profesor recordó, a través de imágenes con alambreras y marginados sociales, viejas ropas y las profundas notas del saxo, cómo a Cuadrado “le dolía sobremanera la hipocresía, la falsedad, la falta de libertad o la cobardía que nos impiden mostrar nuestro verdadero rostro”, en palabras del propio Gutiérrez.

Referirse a Náufragos y máscaras es recordar que el comprometido escultor bautizaba como el nombre de “naúfragos” a las figuras de sus obras: “los olvidados, los arruinados, los descompuestos por los pesos imposibles, los deformados por las constantes máscaras que abrasan, despojos humanos que dan miedo”. Sobre su relación con el término de “máscaras”, José Luis Gutiérrez señala que el artista se las quitaba en el momento de la creación ya que “aparentamos ser lo que no somos”.

En el espectáculo, además del acompañamiento de la música creada para la ocasión por el propio intérprete, se oían voces y pensamientos expresados por los ciudadanos del primer mundo hacia quienes no profesan religión, origen e ideología. “No eres de este rebaño”, “inútil”, “maricón”, “viejo”, “no molestes”, “está prohibido”, “vienen a quitarnos el trabajo”, “un muro más alto”, “mano dura”… eran algunas frases que se escuchaban en esta propuesta que pudieron seguir los espectadores en el jardín del Museo Nacional de Escultura y que dejaban entrever “las astillas de la mente” que todavía permanecen en la manera de pensar de muchos ciudadanos del planeta.

José Luis Gutiérrez en ‘Naufragos y Máscaras’. TAC. Fotografía: Juan A. Berzal.

Miguel Gigosos&Frédérika Alésina acudieron al TAC con Caudal, un espectáculo producido por el Festival que narra una historia muy diferente a la que puede seguirse desde una butaca de un teatro. En esencia, se trababa de “malabarear” historias relacionadas con el agua. Sinceridad, música en directo, agua, malabares e investigación para visibilizar la relación que existe entre dos personas y su forma de afrontar la existencia.

Miguel Gigosos Ronda (Valladolid, 1988) es un apasionado de la pintura, el skate, el circo, los malabares, mientras que Frédérika Alésina es cantante, vocalista y músico. Una artista que cuenta en su trayectoria numerosos conciertos alrededor del mundo.

Espectáculo ‘Caudal’ de Miguel Gigosos&Frédérika Alésina. TAC. Fotografía: Juan A. Berzal.

La cuarta compañía vallisoletana que presentó un trabajo en el XXII Festival Internacional de Teatro y Artes de Calle fue XYK Singers con su obra Circa./Chirca/, una compañía que destaca por su labor musical ya que, como ellos mismos se definen, “ella nos hace sentir y vibrar, crear y soñar”.

Tras el paso por XYK Singers de más de 70 integrantes, el grupo vocal performativo se define como “revolucionario” en el campo de lo coral donde el trabajo teatral, musical, vinculados al movimiento escénico y la danza son sus apuestas profesionales.

En esta edición de 2021, Circa./Chirca/ fue una propuesta basada en la música, el circo, la magia y el teatro ofrecida al público dentro de la modalidad work in progress para público de todas las edades.

ZYK Singers en ‘Circa./Chirca’. TAC. Fotografía: Juan A. Berzal.

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