Se llama Husein, es un mago del marketing, se viste como un niño de buena familia bostoniana, no desciende de esclavos, sino de una antropóloga de Kansas y un economista keniata educado en Harward en el que anduvo investigando de soltera. Fue elegido en 2004 el político más afortunado de la Nación, cuando ganó en el último minuto su escaño por Illinois. Su programa económico es como el de Kennedy, recordarle al votante que los demócratas cuidan de la gente. Otro seductor.
A los pocos meses de llegar al trono ya le dieron el Premio Nobel de la Paz, quizá por no haber empezado aún otra guerra. Cuando llegó la crisis decidió invertir dinero público en la creación de empleo y parece que le está saliendo bien. Se ha enfrentado al Tea Party, unos fachas que tiran del muy poderoso banderín de enganche del descontento, soñando con una América blanca y esperando que —como en Alemania e Italia en los años 30— los electores decidan que para cada problema hay una solución sencilla y directa, sin saber que suele ser falsa. Con una de las líderes del movimiento —Sarah Palin, la cateta de Alaska que creía que África era un país— eclipsada por una serie de películas porno protagonizadas por una actriz que es como su clon en tía buena, y un candidato republicano del que casi nadie recuerda su nombre, ha vuelto a ganar, lo cual tampoco es sorpresa ya que en USA, salvo los Presidentes asesinados y Jimmy Carter, el que quiere repite. La pasta que ahorrarían si los nombraran directamente por ocho años.
Es tal su atractivo político que en el Reino de España su victoria ha regocijado tanto a la derecha como a la izquierda. Si hasta Zapatero —que permaneció sentado al paso del sargento de marines portador de las barras y las estrellas— acabó haciéndose fotos con Obama en un desayuno religioso. Debió pensar que ya que no le llamaban para las comilonas de los grupos G de glotones, por lo menos tomar un café migao.
Aquí, en Camelot, casi todos preferimos a los demócratas, parecen más majos y menos autoritarios. Pero quizá mi limitada capacidad intelectual me impide citar alguno de los prodigios internacionales que se anunciaron con la venida del Faraón.
Por cierto, según la wiki el que ha perdido es un tal Willard Mitt Romney, exgobernador de Massachusetts que fue misionero mormón en Francia, es decir, un tipo que cree a pies juntillas que Jesús de Nazaret después de resucitar visitó el continente americano. Faltaría más. Una lástima que no haya repetido gira para hacerse una foto con su fiel apóstol.
