Zumbido

Por LUIS GRAU LOBO.— «Sin “la solícita abeja susurrando” de la égloga de Garcilaso, añoraremos el zumbido que auguraba una cosecha fecunda, un tiempo de espera feliz, un verano venturoso. Haremos oídos sordos, una vez más, al aullido callado de un planeta que agoniza en nuestras manos. Y, mientras, atenderemos el irritable avispero de las otras noticias«.