Gibraltar, o ‘pisha que zoy inglé’

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

La voz Gibraltar proviene del árabe Jabal Tariq que significa “montaña de Tariq”. En la antigüedad fue conocida como Mons Calpe, una de las columnas de Hércules. Los británicos —poco helenistas y aún menos arabistas— lo llaman Gib o the Rock.

Perteneció a la Corona de Castilla desde el siglo XV. El dos de agosto de 1704, una flota angloholandesa con 45 navíos de línea británicos y 10 holandeses bajo el mando del almirante Rooke (buen apellido para la ocasión) asedió la ciudad con una fuerza de desembarco de 10.000 hombres frente a los 60 que guarnecían la plaza. Según el parte de guerra enemigo, sus 1.500 piezas de artillería dispararon unos 30.000 proyectiles en seis horas, demoliendo las fortificaciones y poniendo en fuga a los defensores. La hazaña se gestó con el pretexto de apoyar al pretendiente Carlos III durante la Guerra de Sucesión Española —a los británicos les encanta meter baza en las guerras ajenas— y en 1713 el Tratado de Utrech cedió el Peñón a la Pérfida Albión. La Roca es la última colonia en Europa. Lo que la ONU denomina territorios no autónomos supervisados por su Comité de Descolonización.

Sir Rajoy ha aprovechado su primer discurso ante la Asamblea General de la ONU —y quizá la cercanía del tercer centenario del ultraje— para pedir al Reino Unido que retome el diálogo bilateral sobre la soberanía. Lo que los british denominan “sacar el esqueleto del armario”. Después de la famosa verja, en 2002 Reino Unido comenzó a negociar la cosoberania. La respuesta de los llanitos fue contundente: pidieron la autodeterminación y convocaron un referéndum con la pregunta “¿Aprueba el principio de que el Reino Unido y España compartan la soberanía de Gibraltar?”. Votó el 88% del censo. El 99% dijo que naranjas mientras que 187 ciudadanos apoyaron la propuesta. En el sonoro dialecto hablado por los rockeros: “Pisha que zoy inglé”.

En el siglo XVIII era lógico que la gran potencia naval británica no permitiera que el antiguo Imperio español controlara la única entrada y salida del Mediterráneo. Desaparecida la razón geoestratégica merced al Canal de Suez y los misiles intercontinentales, al Reino Unido le importa relativamente poco el asunto de ultramar, pero a los llanitos les va de fábula bajo la Unión Jack y en esta ocasión le han recordado al Presidente del Reino de España que más le valdría ocuparse de sus asuntos. Especialmente en fechas en que los indignados intentan tomarle el Congreso y vascos y catalanes quitarle cuarteles al escudo.

Rajoy abandona la vía abierta por anteriores gobiernos de comisiones tripartitas, la llamada fórmula de las tres voces y las dos banderas, que nunca dará como resultado la legítima restitución, pero que podría resolver otras cuestiones quizá más acuciantes como los conflictos pesqueros, los derechos de los trabajadores españoles en Gibraltar o la protección del medio ambiente en la Bahía. Quizá dentro de otros trescientos años.

Deja un comentario con tu nombre

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.