¡Puente aéreo León-Valladolid, ya!

Por MAGUIL

Creo que he llegado un poco tarde a la rivalidad Valladolid-León, fui consciente del hecho ya en los años 90 del siglo pasado. Además, no vivía en esa época en Valladolid y eso me ayudó a verlo con más claridad. Existe, claro. Pero hay rivalidades buenas y malas, como los bancos. En mi opinión la rivalidad de León con Valladolid puede ser “buena”.

En los finales de los años 60 recuerdo haber visto allí la primera “máquina de discos” wurtlitzer con imagen, no solo sonido, algo que en Valladolid veríamos mucho más tarde, lo que proporcionaba a la ciudad de León un atractivo especial para mí. Viajes muy frecuentes por motivos de trabajo familiar hicieron que conociera con cierto detalle sus calles céntricas y los pueblos de su gran alfoz… la zona industrial, la ferroviaria. Siempre tuvo un influjo especial, quizá porque Ansúrez, leonés, dejó un poco de amor por esa tierra en la fundación de lo que luego devino Valladolid.

En los 70 la cosa fue a más. Una de mis primeras actuaciones con Teloncillo iba a ser en “veterinaria”… facultad que ocupaba el actual Albéitar, si no recuerdo mal. Fue suspendida por orden gubernativa, lo que propició una gran foto de todos los teloncillos más organizadores… una marabunta. Vendrían más oportunidades: con el Misterio Bufo (a medias con el proto-Corsario) en el Instituto Juan del Enzina. Actuación que recuerdo especialmente por lo que tardé en llegar: cerca de cuatro horas. Todo debido a que, al peso de la furgoneta –que llevábamos hasta los topes– se unió un viento del norte que me hizo cruzar la paramera vallisoletana (Torozos) la Tierra de Campos y el Páramo Bajo leonés a poco más de 60 km/h… más la obligada parada en Mayorga o Santas Martas… total, cuatro horas. Por León paseamos todos los montajes para niños que en aquellos momentos hacíamos y más tarde –mediados los 80– los destinados al público adulto. Hablamos en aquella época de intercambiar más información y contactos con Grutelipo, grupo de teatro con el que los de Teloncillo compartíamos ideas e independencia… y seguramente problemas. León, con Salamanca, Segovia o Soria eran lugares donde nos arriesgábamos a hacer taquilla… y funcionaba. Llegó a haber leonesas en la compañía de teatro, del sur, tierra de buenos claros: Gordoncillo.

A León me fui con Fernando Valiño a ver a Siniestro Total mientras fundábamos la Asociación de Amigos del Jazz de Valladolid. Después vendría conocer la escena rock –Deicidas, Cardiacos– y jazz –Ildefonso Rodríguez, Alfredo Vidal– de la mano de Fernando Urdiales y sus aguerridos corsarios. Algún palentino-leonés (de Villada) me introdujo en las callejuelas y tascas del Húmedo, aún lleno de militares del Ferral de Bernesga en esa época.

Luego las comunicaciones por tren mejoraron y aparecieron otras amistades, de otros mundos, no solo el cultural, pero en éste aspecto –la cultura– siguen siendo una referencia para mí personas como Pepe Tabernero (salmantino, total del País Leonés) o Juan Luis García, JJMM de León, Eloísa Otero, Víctor M Díez, Carmen Urdiales, la Fundación Cerezales… tantos!!!

Tantos que exigirían lo expuesto al principio: un puente aéreo entre las dos ciudades… al menos en lo cultural. Y si tiene que haber rivalidad que sea por la calidad de los caldos, de las obras literarias y por la calidez de los amigos. De la otra (como diría Urdiales con su particular retranca)… ¡que se encarguen… ellos!

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