
Por TOÑO MORALA
Siempre se acostaba muy temprano y, para dormirse, soñaba versos que al día siguiente no recordaba; nunca los recordaba. Aquella noche se acostó intranquilo, pero logró dormirse de la misma manera, soñando versos. A la mañana siguiente se acordó de algunos de ellos y los escribió en el folio doblado en cuartilla y a lapicero; siempre escribía con lapicero…
Si pudiera, devolvería la luna a aquel otoño atormentado…
Devolvería aquellas flores arrancadas a la tierra sin su permiso…
Aquella sonrisa del alba al despertar…
Como la melodía de las caracolas; así tendrían que acabar los días…
Después de aquello, el poeta de los sueños se sintió engañado por él mismo; jamás volvió a soñar con versos, como jamás escribió uno de ellos en papel alguno. Nunca se traiciona a los sueños.