La maleta

Por TOÑO MORALA

Apareció como por arte de magia, como si la hubiera dejado alguna sombra invisible, o el sueño de algún emigrante en aquellos años. Aquella casona vieja y casi derruida dicen que guardaba un fantasma, y a él le atribuyen la presencia de aquella maleta; dicen que fue la misma con la que llegó a la isla de Cuba, allá por finales del siglo XIX, aquel hombre delgado y de buena posición que sólo miraba a los árboles y a las estrellas. También comentan que se dedicó en la isla a escribir poemas y cuentos, a dibujar… Al fin, al heredero le dio por abrirla y, dentro, encontró legajos y dibujos; dibujos llenos de belleza inmensa… caracolas de mar, olas llenas de colores, hombres y mujeres cogidos de la mano semidesnudos… al cabo de un tiempo, comenzó a leer en alto unos versos:

“La noche encendida, ilumina el alma de las estrellas…

El mar, susurra el baile escondido de las sirenas allá en los días de las hechiceras…

sobre el lienzo del Caribe, el alba se pinta de ti, mientras…

reatas de silencio juegan al escondite, y flores se regalan a los niños de pelo negro y ojos de color azabache… Ya no hace falta más mentiras… estoy de vuelta de la esperanza…”

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