Por CAMINO SAYAGO
El próximo 23 de julio Amalia Baillo estrena en los cines Van Gogh su ópera prima “Mamá tiene un sobre”. Un cortometraje de ficción que es a la vez el Trabajo de Fin de Grado y el debut en la dirección de esta joven cineasta leonesa. Rodado íntegramente en la ciudad con un pequeño equipo, -incluye a algunos miembros de su familia- ya está en la fase final de postproducción y a la espera del salto a la gran pantalla.
El proyecto, nacido de una idea íntima, concluyó el pasado fin de semana con el rodaje de una de sus últimas escenas, una fiesta universitaria en el Ret Marut, un bar muy especial para la joven directora Amalia Baillo Amarante y para la historia que narra. “Es el lugar donde ocurre el acontecimiento que cambia la vida de Circe (Paula Conde) y desencadena el conflicto principal de la historia. Además, tiene un significado personal. Todos los miércoles se celebran allí las jam sessions en las que participa mi padre, Javier Baillo. Es un lugar donde siempre he sentido que surge algo creativo. Hay una energía muy particular que encajaba perfectamente con lo que quería transmitir en esa secuencia. Representa un espacio de encuentro, descubrimiento y libertad, conceptos que están muy presentes en el recorrido de la protagonista. Al final, el Ret Marut es parte de la identidad de la historia”.
Tras varios meses de preproducción y rodaje “Mamá tiene un sobre” se encuentra en plena postproducción. Para su realización, la ex estudiante de Creación Audiovisual en la Universidad de Salamanca Amalia Baillo, ha contado con un equipo técnico formado por jóvenes estudiantes y profesionales, además de algunos miembros de su propia familia: sus padres Paula Amarante y Javier Baillo, y su tía la actriz María Giménez que también participa en esta primera incursión en el mundo del cine de su sobrina. Y ha sido, según aclara, una experiencia muy cómoda. “Tengo la suerte de pertenecer a una familia llena de artistas, así que era casi inevitable querer contar con ellos. Mi madre se encargó de parte de la producción y de la dirección de arte, mi padre compuso la banda sonora original, una de mis tías interpreta a Emilia y otra ejerció como ayudante de dirección. Al final, este cortometraje también es un proyecto familiar, y cada uno desempeñó su trabajo de una manera impecable. En el momento del rodaje supimos separar perfectamente lo personal de lo profesional. Como directora, me olvido de que son mi familia y el trato es exactamente igual que al resto del equipo, porque lo importante es que cada uno cumpla su función y que el proyecto salga adelante de la mejor manera posible”.

Los orígenes
“Mamá tiene un sobre” pretendía ser un trabajo de final de grado, pero en realidad su directora ya tenía previsto que fuera algo más: su primer proyecto cinematográfico independiente. Surgió a partir de una conversación con su madre hace años: “De la nada, dijo… mamá tiene un sobre, y a mí se me quedó grabada esa frase. En ese instante le dije que mi TFG iba a tener algo que ver con lo que acababa de decir. Y así fue. Aproveché la excusa de tener que hacerlo para hacer un gran proyecto”. Con su ayuda desarrolló el guión, una historia sobre una familia que resuelve sus conflictos mediante sobres. Ese fue el punto de partida para abordar no solo los conflictos familiares, también los emocionales. “¿Qué no se puede resolver mediante un sobre? Un conflicto emocional”, asegura. “He descubierto que, como directora, me atraen especialmente las historias que giran en torno a las familias. Más que la familia como concepto, me interesa explorar las dinámicas: los silencios, los conflictos… En este cortometraje quería mostrar una realidad que muchas personas experimentan durante la adolescencia: el descubrimiento de uno mismo”.
Más allá de su carácter académico, “Mamá tiene un sobre” nace con vocación de recorrido fuera de la universidad, entendiendo el TFG como una oportunidad real de creación cinematográfica profesional y como la primera pieza de una nueva mirada autoral. Así lo explica la propia protagonista y subraya que “este proyecto representa también un reto personal. Es una oportunidad para demostrar de lo que soy capaz cuando trabajo desde la pasión, la dedicación y el compromiso. Del mismo modo, ha reforzado mi convicción de que este tipo de proyectos solo pueden construirse gracias a un equipo implicado”.
A la pregunta de que la ha empujado al mundo de la dirección, Amalia Baillo es clara: “Descubrí que quería dedicarme al audiovisual cuando estudiaba Bachillerato Artístico en la Escuela de Arte de León. Allí empecé a interesarme por contar historias a través de las imágenes. Pero realmente fue durante la carrera cuando encontré mi lugar y empecé a definir mi mirada como directora. A lo largo de estos años también he descubierto que disfruto mucho del montaje, de la producción y de toda la parte de organización que implica sacar adelante un proyecto. Creo que entender todas esas áreas me ha ayudado a ser una directora más completa. Pero dirigir es diferente. El sentimiento que tengo cuando estoy en un rodaje, trabajando con los actores y el equipo no lo he encontrado en ninguna otra faceta del audiovisual. Por eso, el próximo paso será continuar mi formación. He sido admitida en el Máster de Dirección de la ESCAC, una oportunidad que afronto con muchísima ilusión. Quiero seguir aprendiendo, profundizar en todo lo que ya he empezado a desarrollar durante la carrera y rodearme de personas que compartan la misma pasión por el cine”.
El día 23 de julio tendrá lugar la premier de su cortometraje en los cines Van Gogh de la capital leonesa.
Más información en sus redes sociales:
@amalia_baillo y @mama.tien.un.sobre_corto
