Por AVELINO FIERRO.— «No se puede escribir sin estar pendiente de las variaciones en el aire, de una mínima nube del verano, ni de las rosas que se secan en un vaso, ni de los pajarillos que picotean y dan saltos en tu jardín. Con esas briznas de la naturaleza hizo Emily Dickinson poemas para vencer la muerte y el tiempo…»