45 años sin el Che

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Por MAR PELÁEZ
(Texto y fotografías)

En La Higuera del Che y Vallegrande (Bolivia)

I

45 años del mito-Che

La Higuera del Che se situó en el mapa de la historia el 9 de octubre de 1967.Y hasta allí hay que acceder para descubrir porqué se ha convertido hoy en lugar de peregrinación. En el punto donde nace el mito y donde se puede revivir la última epopeya del Che y de sus hombres. Pero a este minúsculo enclave boliviano no se llega por casualidad. Yo lo encontré hace cinco años, el 3 de octubre de 2007, en medio de los preparativos para festejar los 40 años de su muerte. Hoy, precisamente, se celebra el homenaje a 45 años sin el Che.

Los 60 kilómetros que median entre Vallegrande y La Higuera se convierten en más de dos horas y media de terraplenes y barrancos, a unos 2.000 metros de vértigo. Cactus, piedras, arbustos espinosos y troncos arrugados; colores que danzan entre el amarillo y el café claro. Del valle al desierto montañoso.

Llegar resulta arriesgado. Los taxis —único medio para alcanzar esa población por unos 200 bolivianos— no parecen aptos para aventurarse con éxito a través de esos kilómetros de vía con curvas en extremo cerradas y carentes de asfalto. A cada paso es preciso aminorar la marcha para no dejarse absorber por esa nube de polvo que inunda la calzada al tránsito de cualquier otro vehículo. Entre tan ajetreado y accidentado viaje, no es extraño toparse con cruces que marcan la triste historia de una carretera que se precipita hacia la historia y que guarda celosa a su insigne morador.

¿Por qué Che Guevara eligió un lugar tan agreste, inhóspito y seco hasta lo impenetrable y de temperaturas extremas? Tuvo once meses —los mismos que permaneció en Bolivia— para encontrar su lugar, y escogió las serranías de Ñancahuazu. Un paisaje agreste, sendas llenas de polvo seco que raspan la garganta, aire caliente que daña, un calor infernal, con vegetación nada generosa y suelo lleno de declives peligrosos, casi sin nada de agua, sin animales a los que cazar… entre campesinos que no le entendieron. ¿Erró en su cálculo?

Las dos horas y media de viaje dan para pensar. Me imaginé a ese grupo de guerrilleros del siglo pasado caminando por ahí, descalzos, cansados, asediados por un ejército muy superior en número, sin abastecimiento, sudorosos, sucios, cargados de fusiles y cajas metálicas, alimentados sólo con su sueño de libertad.

Pero ese sueño tuvo su final en la Quebrada del Yuro; en el mismo lugar donde el Che fue herido y apresado el 8 de octubre. Una placa en lo más profundo del cañadón muestra las marcas de su captura. La señal, a modo de hendiduras de bala en una piedra, está junto a la chacra de papas de Santos Aguilar, un agricultor de la zona, y cobijada por una higuera con una copa de tres metros de diámetro. Para alcanzar ese punto es preciso armarse de valor. Cada bocanada de aire requiere de una pausa. Es tanto el calor y el polvo que cada inhalación es un desafío. La vegetación seca con espinos no permite salirse de la sinuosa y empinada senda que conduce hasta la quebrada.

Y con el recuerdo de las balas e intentando imaginarse a un Che ascendiendo por esa pendiente, con un proyectil alojado en su pierna, surge un punto situado a unos tres kilómetros más arriba, en la cima de una colina cualquiera boliviana. Pero no es cualquier cosa. Es La Higuera, donde el tiempo se detuvo hace ahora 40 años. Todo parece permanecer como entonces.

Una pequeña aldea de 30 casas, y no más de 100 vecinos, sin ningún atractivo arquitectónico, pero sí mucho simbolismo. Nacidas como de la tierra misma e incrustadas por azar en el paisaje, las viviendas son de adobe con una mano de pintura blanca, o ya grisácea por el paso de los años, y con el rostro del Che trazado en diferentes formatos y colores. Reina un silencio que, al mismo tiempo que impresiona, permite imaginarse las leyendas que circularán entre aquellos vecinos y los recuerdos que esconderán las paredes.

Lo que predominan son carteles en los que se niegan en rotundo a comercializar con la imagen del Che. Dentro de las casas, altares en memoria del mítico argentino y frases tan sorprendentes como ‘¡Que Dios nos bendiga y el almita de El Che nos acompañe!’. Fuera, un elocuente ‘Tu ejemplo alumbra un nuevo amanecer’. Esa inscripción jalona el busto que da la bienvenida, de dimensiones tan grandes como grande es el respeto que hoy le profesan sus ‘convecinos’, que levantaron para que nadie en La Higuera olvide ese pasaje histórico. Tres metros de escultura, sobre un inmenso pedestal, para alguien que allí es ahora recordado como ‘un dios’. Ayer no le entendieron, hoy le veneran.

Conversar con la gente seduce. Apostado en un poyete de la única tienda-bar, la Tienda Roja, Manuel Cortés, un productor de maíz de 63 años, abre sus brazos y su mente para narrar a quien quiera escuchar sus recuerdos de juventud. Es uno de los pocos habitantes del pueblo que aún permanece con vida de aquellos que se encontraron con Ramón (sobrenombre del Che en el país andino). Él siempre se acuerda de sus 22 años cuando conversó y bebió con el comandante. Y lo revive una y otra vez de forma casi generosa. “No conocíamos realmente a los guerrilleros, y teníamos miedo”, comenta de forma aprendida. “La radio hablaba de que esos señores robaban los chanchos y las gallinas, pero es mentira, ellos nos las querían comprar”.

Este hombre amable, delgado y aspecto ajado por el maltrato de la climatología y del duro trabajo, clava su conversación en el 26 de septiembre del 67; el mismo día en que, si su memoria no falla, irrumpió el Che en el pueblo y presentó a sus compañeros. “Soy el Che Guevara, no venimos para matarlos, venimos a compartir”, fueron las palabras que escuchó de boca de un asmático comandante, a lo que los vecinos respondieron con la entrega de provisiones para los guerrilleros. El paso de los años ha hecho que Cortés quizá maquille algo la realidad, pero habla con seguridad del día en que en Villamontes, cerca de La Higuera, alguien denunció que le habían robado papas. Eso precipitó la captura. Cerca de 1.800 soldados se lanzaron sobre el minúsculo caserío del Higuera y prepararon la emboscada.

… “Hoy comienza una nueva etapa”. “Salimos los 17 con una luna muy pequeña…”, escribiría el Che en la última página de su diario. Era entonces la madrugada del 7 de octubre y sus escritos se interrumpen. ¿Presagiaba el Che su final? Al día siguiente, el capitán Gary Prado dispone sus fuerzas alrededor de la quebrada y se sienta a esperar. El hombre más buscado del mundo se encuentra acorralado. Caen muertos allí abajo cuatro guerrilleros y el Che herido en la pierna izquierda. Casi sin poder caminar, el comandante es interceptado por un sargento del ejército boliviano, y le apunta con el fusil. “No dispare. Soy Che Guevara. Valgo más vivo que muerto”. Fue la frase mítica que pronunció.

Cortés se acuerda de cuando los militares le trajeron al pueblo desde la Quebrada del Yuro. “Tenía una herida en la pierna, con el pelo despeinado y muy descuidado”, continúa, mientras escenifica el suceso. Sus palabras adquieren tintes más dramáticos cuando recuerda que, muy cerca de donde él permanecía escondido, dos soldados festejaban la captura, borrachos, y se preguntaban uno a otro: “Lo matas tú o lo mato yo”. Su respuesta: “Dispara, cobarde, vas a matar a un hombre”

Poco después escuchó varias ráfagas de ametralladora dentro de la escuela donde el guerrillero permanecía retenido, atado de pies y manos. “Ratatata… ratatatá…” El autor del disparo, Mario Terán, un sargento boliviano que paradójicamente recurrió a la medicina cubana para que le operaran de la vista. Cuando este campesino accedió a la escuelita lo encontró “tirado en el suelo, con mucha sangre por el pecho”. La primera le había destrozado los brazos y las piernas. La segunda, el tórax. Y de esa puerta, la de la escuela, “salió un hombre hacia la eternidad”.

La escuela, hoy convertida en museo, permite contrastar los pasajes narrados por Cortés con la realidad histórica. Su acceso sobrecoge con una mezcla de nostalgia y rabia. Unos paneles con fotografías, diagramas e infinidad de fechas y lugares que reconstruyen la vida de un mito. Junto a la silla donde se encontraba sentado en el momento de su asesinato. En las paredes, inscripciones que dicen: “Ernesto, tu lucha es el camino”, “Tú vives por siempre, comandante amigo” o la más clásica: “Hasta la victoria siempre”. En la mesa, pequeños frascos de vidrio con la “tierra de sangre del Che”. Poco más sobrevive en La Higuera.

El pueblo permanece en calma, sólo rota por la llegada de un grupo muy numeroso de cubanos que dan los últimos retoques para evocar los 40 años sin el Che. La presencia de médicos en el país comenzó poco después de que sus presidentes respectivos —Fidel Castro y Evo Morales— suscribieran en 2006 un acuerdo de colaboración. Y hoy es la Higuera del Che. El acento cubano, dicharachero y locuaz, se sobrepone al carácter austero de los bolivianos. El albergue, con las banderas cubanas y bolivianas, les cobija a la espera de que este poblado se llene, como lo hizo, de miles y miles de personas de todo el mundo que peregrinaron con la única intención de seguir la estela de este magnético personaje.

Representantes de movimientos sociales, indígenas, campesinos y líderes de distintas agrupaciones mundiales, e incluso el propio presidente de la República, Evo Morales, se dieron cita en el II Encuentro Mundial Che Guevara, que se desarrolló desde el 5 al 10 de octubre de 2007, y que permitió que el guerrillero argentino-cubano ‘resucitara’ de forma simbólica.

Y con el recuerdo de imágenes de un Che asesinado, mostrado a la opinión pública, deshicimos el camino hacia Vallegrande.

II

El Che se despide en Bolivia

Bolivia abrigó la última marcha del Che y de sus compañeros de guerrilla hace ahora 45 años. ¿Por qué eligió una zona tan hostil? Entonces estaban repletas de soldados bolivianos entrenados por Estados Unidos y comandados por Gary Prado. Hoy parece como que el tiempo se haya detenido.

La entrada en Vallegrande no presenta ningún elemento que se pueda asociar al Che. Ningún cartel indica que ahí mismo se comenzó a construir el mito, pero sí se respira que su recuerdo habita en todos los rincones de este pueblo venido a menos. El autobús ingresa por calles pedregosas y angostas rodeadas de casas de planta colonial, avejentadas por el tiempo y la escasez de recursos. Estamos a punto de internarnos en la Plaza en la que gira la vida de unos vallegrandinos que se sienten herederos de la historia.

Pero nadie va a allí buscando Vallegrande, van al encuentro del Ernesto Che Guevara y cada uno lo hace bajo su prisma generacional e ideológico. La Casa de la Cultura sirve como primera toma de contacto con todas esas historias que recorren la vida y la muerte del guerrillero más universal. No en vano, fue precisamente en este enclave donde, a sus 39 años, cerró su heroica carrera de combatiente, donde se puso fin al combate de seis meses de 40 guerrilleros contra 2.000 soldados y donde su cuerpo vencido fue mostrado como si se tratara de un espectáculo circense a las autoridades y a la prensa un 9 de octubre de 1967. Comenzaba ahí su viaje a la eternidad.

Visitar el recoleto Museo del Ché, desde 2004 ubicado en el segundo piso del edificio municipal, es irrumpir en su historia, en una mina de recuerdos. Allí las fotografías y los paneles ofrecen un primer paso hacia el fatal desenlace del Ché en Vallegrande. Las réplicas de la ropa que usó, el falso pasaporte uruguayo con el que penetró en 1966 en el país (con el nombre de Adolfo Mena González), instantáneas poco difundidas que reseñan su vida y su ejecución, como en la que se ve su morral y su fusil, o sus diarios arrugados. Hay libros escritos por autores bolivianos que profundizan en la crónica. En ese nivel, uno indaga en la conflictiva relación que mantuvo el Che con el Partido Comunista Boliviano, al que se le acusa de haber abandonado a su suerte a la guerrilla. Él quería que la lucha fuera dirigida desde la guerrilla y no desde las oficinas de la ciudad. El PCB, después de haber estado de acuerdo, retiró su apoyo y hasta impidió que jóvenes bolivianos entrenados en Cuba llegaran hasta el campo de operaciones para ocupar sus puestos de combate. Y, mientras uno ojea libros y se detiene en esos grabados, siempre está presente la imagen-icono que más ha circulado por el mundo, la que legó el fotógrafo Korda y que tomó aquel frío marzo de 1960 en La Habana.

Eva Peña, directora del Museo Arqueológico de Vallegrande, lleva años reviviendo la muerte de Ernesto Che Guevara y abre, a todo aquel que se asoma a ella, la puerta por la que Ernesto Che Guevara quería introducir su revolución. Se equivocó. Pero, ¿por qué eligió Bolivia? Pretendía instalar un centro de entrenamiento para combatientes en un país que tuviera acceso a varios. Y Bolivia limita con cinco. Irradiar en el continente americano la lucha armada para obtener la liberación de los pueblos de la opresión del imperialismo. No le dio tiempo. La falta de apoyo campesino fue notoria y muchas también las traiciones.

Frente al museo —también en la plaza— está la oficina de los guías turísticos, quienes por 20 bolivianos pueden ayudar al visitante a recorrer los lugares que el Che ‘visitó’ en el pueblo. Edil nos guió, en las afueras de Vallegrande, hasta el antiguo aeropuerto, donde se hallaron sus restos y de donde la gente retira tierra creyendo llevarse la esencia del guerrillero. Hoy, sobre la fosa común en la que descansaron sus huesos durante unos eternos 30 años, se ha construido un mausoleo en su honor y en el de sus seis compañeros abatidos; una estructura que rompe con la armonía modesta del resto de las viviendas y cuya construcción estuvo supervisada por el coronel cubano Emilio Morales. Con él, que combatió con Fidel Castro y con el Ché en Sierra Maestra a la edad de 16 años, estuvimos conversando y, también con el oficial Valladares.

Narran que el cuerpo del revolucionario fue transportado desde La Higuera a Vallegrande en los patines de un helicóptero. Después de mostrarlo como ‘trofeo de caza’ en la lavandería, lo enterraron allí, a escondidas, a hurtadillas, en un intento de borrar de la historia las huellas de un guerrillero llamado a convertirse en leyenda y por qué no también del asesinato a sangre fría de un hombre. El lugar permaneció completamente oculto hasta el 21 de noviembre de 1995, cuando de forma sorpresiva el general retirado Mario Vargas Salinas declaró a la prensa que el Che había sido sepultado bajo la pista de aterrizaje del antiguo aeropuerto de Vallegrande. No fue hasta julio de 1997 cuando los restos salieron a la luz.

La fosa cobija ahora las placas que conmemoran que allí estuvieron enterrados durante tres décadas los cuerpos de seis guerrilleros abatidos. Todo, menos las manos del Che. El ejército había ordenado cortárselas poco antes de su entierro secreto. Querían obtener una prueba irrefutable de su muerte, y éstas viajaron y cruzaron continentes. Bolivia, Rusia, La Habana. El entonces ministro de Interior boliviano, Antonio Arguedas, había decidido conservarlas en formol. Arrancaba así la historia de las manos del Che que bien podría ser el guión de una película de espionaje.

Emilio Morales y el oficial Valladares ultiman los preparativos del mausoleo para estar listos ante la auténtica peregrinación de seguidores del Che que comenzaría el día 8. El día en que se conmemoraba el cuarenta aniversario de su asesinato. Y, a tenor de los acontecimientos, la inscripción del Che que cuelga de una pared, “No hay cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución. Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América”, no se ha cumplido. Que cada uno juzgue.

La Avenida Ernesto Che Guevara, inaugurada por su hija en 2006, nos recuerda que “El eslabón más alto que puede alcanzar un ser humano es ser revolucionario” y nos conduce hasta otra de las fosas históricas, en la que ‘descansó’ Tania, la única mujer que luchó con el comandante.

Quedaba por ver lo más emocionante: la lavandería del hospital Señor de Malta. Con la caída de la tarde entramos en la ‘meca’ de la peregrinación. Apenas queda el techo y los muros que cobijan el lavadero donde Susana Osinaga, enfermera boliviana, lavó el cadáver de Guevara. El perfume a hierba recién cortada embriaga. Un pequeño búcaro conserva las flores que a diario depositan en su memoria. En esta ocasión son tulipanes amarillos. El lavadero se mantiene intacto. La única diferencia visible es que sus paredes ahora están tapizadas de nombres y de consignas. Cientos de mensajes, algunos amistosos, otros de lucha social y muchos de compromiso. En sus paredes se leen tantos idiomas como seguidores tiene en el mundo el ‘guerrillero de América’.

La soledad de la tarde hace que la sensación sea aún más sobrecogedora. Sí, es el mismo lugar por el que, hace ya 45 años, desfiló aquel 9 y 10 de octubre todo el pueblo, decenas de militares y de periodistas, ante su cadáver. Una de las tantas pintadas, escrita con trazo rápido pero firme, proclama: ¡Che, comandante, seguimos en combate! Pocas veces se percibe un privilegio así. Vivir unas horas inolvidables respirando historia. Allí se siente que las personas que marcan su tiempo pueden faltar pero siguen sumando mentes. “No porque hayas caído tu luz es menos alta”, reza otro de los graffitis. O aquel que dice “Lo mataron en cuerpo, pero ahí renace en espíritu, en ideología”. “El Che está vivo y punto”. Y en Vallegrande nadie contradice esta afirmación. Aún hoy, una misa semanal a petición de los vecinos honra su presencia en el lugar. Curioso final para un ateo convertido en mártir.

La imagen del Che no acosa al visitante, más al contrario. Hay que buscar algún vestigio de su presencia. El centro de fotocopias ofrece copias de documentos sobre la guerrilla, pero poco más. No quieren comercializar con su ‘héroe’. El inevitable fetichismo que sigue el rastro de Guevara se quiebra al llegar a Bolivia. Las fotos, eso sí,  adornan las paredes de puertas adentro de las casas. Pero en sus calles late como si en cada lugar que vio o pisó estuviera grafiteada la frase: Aquí estuvo el Che.

Los blogs de MAR PELÁEZ:
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3 Comentarios

  1. Creo, Mar, que para una comprensión más amplia conviene tener presente lo siguiente:
    Ejecutados por el Ché en Sierra Maestra (1957-1958 )
    1. Manuel Capitán 1957
    2. José Chang Chang Oct-57
    3. “El Bisco” Echevarría Oct-57
    4. Eutimio Guerra 2/18/1958
    5. Aristidio N/A Oct-57
    6. y 7. 2 Hermanos espías N/A Oct-57
    8. Dionisio N/A Oct-57
    9. Juan Lebrigio N/AOct-57
    10. “El maestro» N/A Sep-57
    11. 12. Dos campesinos N/A Apr-57
    13. “The rapist” N/A Oct-57
    14. “El Negro” Nápoles 2/18/1957
    15. “Chicho” Osorio 1/17/1957

    Ejecutados u enviados a ejecutar por el Ché durante su breve comando en Santa Clara ( 1-3 de enero de 1959).
    1. Ramón Alba Moya 1/3/1959
    2. Joaquín Casillas Lumpuy 1/2/1959
    3. Arturo Pérez Pérez 1/24/1959
    4. Diego Álvarez Martínez 1/4/1959
    5. José Fernández Martínez 1/2/1959
    6. Héctor Mirabal Jan-59
    7. Félix Montano Fernández Jan-59
    8. Cano Prieto 1/7/1959
    9. Ricardo Rodríguez Pérez 1/11/1959
    10. Cornelio Rojas Fernández 1/8/1959
    11. Francisco Rosell 1/11/1959
    12. Ignacio Rosell Leyva 1/11/1959
    13. Antonio Ruíz Beltrán 1/11/1959
    14. Ramón Santos García 1/12/1959
    15. Isidoro de Jesús Socarrás 1/12/1959
    16. Manuel Valdés Jan-59
    17. José Velázquez Fernández 2/6/1959
    Ejecuciones documentadas en la prisión Fortaleza de la Cabaña bajo el comando del Ché (3 de enero al 26 de noviembre del 1959).
    1. Ramón Alba Moya 1/3/1959
    2. Arturo Pérez Pérez 1/24/1959
    3. Vilau Abreu 7/3/1959
    4. Humberto Aguiar Limonta 1959
    5. Pelayo Alayón Feb-59
    6. Pedro Alfaro 7/25/1959
    7. José Luis Alfaro Sierra 2/6/1959
    8. Mariano Alonso Riquelmo 7/1/1959
    9. José Alvaro 3/1/1959
    10. N/A Aniella 1959
    11. Miguel Ares Polo 2/6/1959
    12. Alvaro Arguiera Suárez 3/21/1959
    13. Severino Barrios 12/9/1959
    14. Eugenio Becquer Azcárate 9/29/1959
    15. Francisco Becquer Azcárate 7/2/1959
    16. Ramón Bicet 7/25/1959
    17. Antonio Blanco Navarro 12/10/1959
    18. Roberto Calzadilla 1959
    19. Eufemio Cano Apr-59
    20. Juan Capote Fiallo 5/1/1959
    21. Eladio Caro 2/6/1959
    22. Antonio Carralero Ayala 2/4/1959
    23. Joaquín Casillas Lumpuy 1/2/1959
    24. José Castaño Quevedo 3/7/1959
    25. Gertrudis Castellanos 5/7/1959
    26. José Chamace 10/15/1959
    27. Ángel Clausell García 4/19/1959
    28. Raúl Clausell Gato 3/15/1959
    29. Demetrio Clausell González 2/1/1959
    30. Eloy Contreras Rabiche 4/1/1959
    31. Alberto Corbo 12/7/1959
    32. Orestes Cruz 1959
    33. Emilio Cruz Pérez 12/7/1959
    34. N/A (brother) Cuni 6/1/1959
    35. Roberto Cuni Jun-59
    36. Antonio De Beche Jan-59
    37. Mateo Delgado Pérez Dec-59
    38. Ramón Despaigne 1959
    39. José Díaz Cabezas Jul-59
    40. Fidel Díaz Merquías Apr-59
    41. Antonio Duarte Becerra 7/2/1959
    42. Rudy Fernández 7/30/1959
    43. José Fernández Martínez 1/2/1959
    44. Ramón Fernández Ojeda 5/29/1959
    45. N/A Ferrán Alfonso 1/12/1959
    46. Salvador Ferrero Canedo 5/29/1959
    47. Eduardo Forte 3/20/1959
    48. Ugarte Galán 1959
    49. Jacinto García 9/8/1959
    50. Angel García León 5/1/1959
    51. Rafael García Muñiz 3/18/1959
    52. Evelio Gaspar 4/12/1959
    53. Ezequiel González Jan-59
    54. Evaristo Benerio González 11/14/1959
    55. Secundino González 1959
    56. José González Malagón 7/2/1959
    57. Luis Ricardo Grao 2/23/1959
    58. Evaristo Guerra 2/18/1959
    59. Oscar Guerra 3/9/1959
    60. Secundino Hernández Jan-59
    61. Gerardo Hernández 7/26/1959
    62. Rodolfo Hernández Falcón 1/9/1959
    63. Francisco Hernández Leyva 4/15/1959
    64. Jesús Insua González 7/22/1959
    65. Enrique Izquierdo Portuondo 7/23/1959
    66. Osmín Jorrín Vega 10/14/1959
    67. Silvino Junco García 11/15/1959
    68. Enrique la Rosa 1959
    69. Bonifacio Lasaparla 1959
    70. Ariel Lima Lago 8/1/1959
    71. Ambrosio Malagón 3/21/1959
    72. Armando Más Torrente 2/17/1959
    73. Onerlio Mata Costa Cairo 1/30/1959
    74. Elpidio Mederos Guerra 1/9/1959
    75. José Medina 9/17/1959
    76. Jose Milián Pérez 4/3/1959
    77. Luis Mirabal 1959
    78. Héctor Mirabal Jan-59
    79. Francisco Mirabal Sánchez 5/29/1959
    80. Félix Montano Fernández Jan-59
    81. Ernesto Morales 1959
    82. Pedro Morejón Montero 1/31/1959
    83. Carlos Muiño Varela. M.D. 1959
    84. Alberto Nicolardes Rojas 1/7/1959
    85. César Nicolardes Rojas 1/7/1959
    86. Victor Nicolardes Rojas 1/7/1959
    87. Viterbo O’Reilly Díaz 2/27/1959
    88. Félix Oviedo González 7/24/1959
    89. Manuel Paneque 8/16/1959
    90. Pedro Pedroso Hernández 4/12/1959
    91. Juan Pérez Hernández 5/29/1959
    92. José Pozo López 1959
    93. Cano Prieto 1/7/1959
    94. Emilio Puebla 4/30/1959
    95. Alfredo Pupo Parra 5/29/1959
    96. Secundino Ramírez 4/2/1959
    97. Ramón Ramos Alvarez 4/23/1959
    98. Pablo Ravelo 9/15/1959
    99. Rubén Rey Alberola 2/27/1959
    100. Mario Riquelme 1/29/1959
    101. Fernando Rivera Reyes 10/8/1959
    102. Ricardo Rodríguez 5/29/1959
    103. Nemesio Rodríguez 7/30/1959
    104. Marcos Rodríguez 7/31/1959
    105. Ricardo Rodríguez Pérez 1/11/1959
    106. Cornelio Rojas Fernández 1/8/1959
    107. Francisco Rosell 1/11/1959
    108. Ignacio Rosell Leyva 1/11/1959
    109. Antonio Ruíz Beltrán 1/11/1959
    110. José Saldara Cruz 11/9/1959
    111. Pedro Santana Feb-59
    112. Ramón Santos García 1/12/1959
    113. Sergio Sierra 1/9/1959
    114. Juan Silva Domínguez Aug-59
    115. Fausto Silva Guera 1/29/1959
    116. Isidoro de Jesús Socarrás 1/12/1959
    117. Elpidio Soler Puig 11/8/1959
    118. Rogelio Sopo Barreto 3/14/1959
    119. Jesús Sosa Blanco 2/18/1959
    120. Renato Sosa Delgado 6/28/1959
    121. Sergio Sosa Hernández 8/20/1959
    122. Pedro Soto Quintana 3/20/1959
    123. Oscar Suárez 4/30/1959
    124. Rafael Tárrago Cárdenas 2/18/1959
    125. Francisco Tellez 1/3/1959
    126. Teodoro Tellez Cisneros 1/3/1959
    127. Francisco Travieso 2/18/1959
    128. Marcelino Valdés 7/21/1959
    129. Manuel Valdés Jan-59
    130. Lupe Valdés Barbosa 3/22/1959
    131. Antonio Valentín 3/22/1959
    132. Sergio Vázquez 5/29/1959
    133. José Velázquez Fernández 2/6/1959
    134. N/A Verdecia 1959
    135. Dámaso Zayas 7/3/1959

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