La mujer en la mina

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Por TOÑO MORALA

En las entrañas de la tierra, donde siempre la oscuridad se posa sobre las manos de la necesidad, donde siempre el mejor amigo es el grito del compañero o compañera, la voz temblorosa del miedo. Allá en la mina donde el carbón es el pan negro de todos los días. Donde las estrellas son tus hijos, y el sol, un plato redondo caliente lleno de comida y una sonrisa de postre. Allá en la mina, donde el agua y la humedad se hacen cómplices junto a las partículas de sílice para arrebatar vidas silenciadas, donde el grisú y los derrumbes se dan la mano para engañar a los hombres y mujeres de la mina. Aquellos años de duro trabajo después de una posguerra durísima, llena de hambre y necesidades. Siempre ese trato exquisito entre la naturaleza y el ser humano, ese respeto que hay que tener a lo que se arrebata a la tierra sin pedirle permiso; esa necesidad del subsuelo para sobrevivir la gran mayoría, y donde solo unos pocos son los elegidos para tan duro trabajo. En ese tira y afloja hay que adelantarse a los presagios, hay que adelantarse a los accidentes, hay que adelantarse al temido grisú y en algunas ocasiones, al pájaro enjaulado, y a la vez, hay que luchar para cambiar las cosas y las condiciones de trabajo. Así y todo, la mina se llevó y lleva miles de vidas para la subsistencia de sociedades ignorantes de este tipo de trabajos, y que disfrutan cómodamente en los sofás y con la televisión y las luces encendidas sin acordarse de dónde viene la energía eléctrica, entre otras muchas utilidades que tiene el carbón.

Y qué me decís de las mujeres mineras, las madres del silencio, las que guardaban carbón en los  bolsos y de vez en cuando se lo quitaban a los camiones para atizar las cocinas y las estufas de hierro fundido; las que siempre tenían una bola de anís en los bolsillos del mandil, y te sonaban los mocos en su regazo; las que amamantaban con leche de coraje y rabia y en muchas  ocasiones eran maltratadas  por maridos y compañeros; las que lavaban y cribaban el carbón en las minas para  que los ricos tuvieran menos humo y hollín en las casas, y que cobraban la mitad que los mineros. Qué podéis contarme de las carboneras viudas de carro y mula, de soledades de lágrimas compartidas con el hastío. Y ahí están en la memoria de los hijos criados a pan negro y necesidades; los abuelos de hoy, mineros que han visto con sus ojos y sus lágrimas el derrumbe de una forma de vida tan llena de injusticias. Mujeres como Olvido la minera, que estuvo picando ocho años en las minas de Fabero, entre 1962 y 1970, porque cuando su marido enfermó fue a pedirle al dueño de la mina que la dejara trabajar por él y el patrón  le contestó que… “si me sacas lo mismo, a mí qué me importa quién lo pique” (aunque, claro, con los papeles a nombre del marido, porque ella no podía figurar ni para cobrar ni para nada) y que “rompió aguas” a las doce de la mañana, picando, y a las tres de la tarde ya había parido su sexto hijo, que por poco lo pare entre el carbón… O aquel otro episodio donde un funcionario osó decir que las mujeres no servían para la mina, y casi lo tuvo que sacar la guardia civil escoltado… “Bocazas, le gritó una minera… nosotras tenemos más que ver en la mina que los hombres, aparte de trabajar en ella, os parimos, tenemos que enviar allí a nuestros  hijos y maridos… y somos las que tenemos que llorarlos…”.

Aquellas interminables jornadas que empezaban ordeñando la vaca, vistiendo a los guajes para ir a la escuela, de allí a las escombreras a escoger carbón, o tirar del ronzal de las mulas para sacar las vagonetas llenas de mineral; otras cargaban vagonetas a pala como cualquier ayudante minero… la merienda escasa y compartida, la casa de nuevo, la cuadra, la huerta y el marido que también quería su ración de cariño… Mujeres mineras que en silencio llenaban la despensa con los primeros economatos ganados a fuerza de huelgas y hambre, y la cocina económica siempre tirando, amortiguada en los fríos inviernos, el agua caliente para el baño en el balde de zinc… y las trébedes, donde se apoyaban las penas encima de los cansados brazos… y se dormían entre sueños de vestidos de colores  y peinados a la francesa con tocados. Muchas de estas mujeres mineras murieron reventadas y con silicosis de tercer grado; a algunas de ellas les fueron reconocidas sus enfermedades como profesionales de la mina. Y ahora vienen los listillos de turno, y quieren cerrar y matar parte de la historia de la supervivencia humana en Comarcas enteras llenas de vida… allá en la mina.

 

24 Comentarios

  1. Gracias a vosotros, todo un placer…qué chula ha quedado la secuencia de fotos, sois unos artistas. Recibid un fuerte abrazo y besos.

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  2. Gracias, Toño, por compartir este homenaje escrito en favor de su memoria. Tengo escrito un poema, alusivo a un «valle minero» que no quise concretar, sino dejar su nombre de forma genérico, precisamente para darle un sentido más general, pero no he querido publicar aún en mi blog. Algún día te lo enseño…
    Un abrazote

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  3. Querido Toño, gracias por compartir con todos nosotros partes importantes de nuestro pasado, a eso le llamo yo restitución, poner el acento en lo que de verdad importa. Sobrecogido por las fotos y por el testimonio que nos transmites. Salud

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  4. Regresar al río de la historia que fluye continuamente, es un acto regresivo que se da en el conocimiento dialéctico de la Historia, y nos sirve para la creación literaria. Ello, no significa solamente reflejar la Historia, una idea, sino que es un acto de reflexión, de comparación; pero, aún más: de comportamiento para el cambio… Citando al filósofo Hegel: “Nadie puede escapar a su tiempo, ni deja de reflejar su época social;
    escaparse de ello sería como arrancarse uno su propia piel.”.
    Porque las mujeres siguen mostrándonos que el camino es muy empedrado; y que, además de sendearlo cada día de las noches de los trabajadores, hay que enseñarlo a quienes vienen a continuación de los viejos luchadores… Enhorabuena por ese libro, Toño; y felicita a cuantos colaboraron en él.
    Andoni L. Ros Soler (‘Poetas de la Tierra y Amigos de la Poesía’, Madrid).

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  5. Toño, que bonito. Hace justicia a una memoria que no se puede olvidar. Hijo, nieto y hermano de minero. No olvido a mi madre y a mis abuelas. Ellas pelearon tanto o más que los hombres por darme el pan. Gracias de corazón.

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  6. Un artículo conmovedor. Has dibujado un hermoso retrato de mi abuela Nora y de otras muchas mujeres forjadas en la posguerra que -viudas de mina- no se rindieron nunca ante la adversidad. Un recuerdo entrañable para ella y para todos los hombres y mujeres que desgastaron sus vidas en la dura e imprescindible tarea de extraer el carbón de nuestras minas.

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  7. Si la Olvido a que se refiere el articulo es la que en las fotos denominan «la del cesto», la informacion expuesta no es correcta. La señora de la foto, vivio en Asturias y su marido era carpintero. Lo se porque la señora de la foto era la abuela de mi mujer

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  8. Soy de una zona en donde el carbón era primordial para vivir.No sabía lo de estas MUJERES.Así con mayúsculas.Conocí a las madres,esposas y viudas del carbón.Pero nunca me di cuenta de la vida de esas señoras.Lo siento.Y doy las gracias a la persona que las ha puesto en escena.

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  9. Con vuestro permiso he publicado este artículo en el blog Prohibido hablar de mujeres olvidadas de León:
    https://prohibidohablardemujeresolvidadasdeleon.wordpress.com/ en el que tratamos de ordenar la información sobre nuestras mujeres que a su vez se vierte en el facebook del mismo nombre https://www.facebook.com/groups/1516137825316895/ y en otras páginas de la provincia. Nos gustaría que nos visitaseis y gracias a todxs por estos trabajos. Un saludo R. G. León.

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  10. Si a los señores Sanchez y Rajoy se les hubiera obligado a ir como ayudante solamente de un picador en unas de las minas de carbon durante un solo dia antes de acudir al debate cara a cara creo que se hubieran portado de otra manera. ! señores ! no es solamente saber cuanto vale un cafe ,si no, lo que hay que trabajar para poder permitrse este café
    Gracias por este homenaje a nuestras Abuelas mineras que nunca dejaremos en el olvido

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  11. La señora de la primera foto es mi bisabuela Olvido y vivía en Mieres, por lo que la información no es del todo correcta. Igualmente el articulo esta genial, enhorabuena al autor.

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  12. Las mujeres siempre han estado, están y seguiran estando contribuyendo, con su silenciosa labor, al engrandecimiento humano. Su trabajo, «solo, silente», da ejemplo de cómo construir la capital de los derechos humanos. Por eso me duele cuando se hace y festeja el dia de la mujer trabajadora. ¿ES QUE NO LO VIENEN HACIENDO DESDE LOS INICIOS DE LA HUMANIDAD?. Mi máximo respeto por ellas!!!.

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