La inocencia de un niño en la España de 1968

Juan Álvarez, durante la presentación de su obra en la librería Alejandría de León.
Juan Álvarez, durante la presentación de su obra en la librería Alejandría de León.

Por SERGIO JORGE

Cuando el dibujante Juan Álvarez (Murcia, 1960) quiso hacer balance de su vida, se fijó en un año muy singular de la historia de España, 1968, cuando aún quedaba Franco para rato pero ya “había suecas”. Por eso 1968, un año de rombos es ante todo es una historia de su infancia, pero también de la de millones de españoles. “Como uno es mayor ya, se revisa, para encontrarme a mí mismo y explicarme”, apunta el autor de un libro en el que la inocencia de un pequeño que pasaba todo el día jugando no le dejaba ver lo que realmente pasaba a su alrededor.

“Es un niño que empieza a ser consciente de los valores que van a sustentar a lo largo de la vida: la amistad, el amor, el descubrimiento de que la muerte exista, de que la vida termina”, apunta Álvarez sobre la reflexión que dio forma a su libro, un conjunto de historietas en las que el protagonista cuenta lo que pasa a su alrededor a la vez que va creciendo por dentro y por fuera.

Sus historias giran en torno a la televisión, esa “ventana al mundo” que aporta la fantasía que todo niño necesita. Y más en 1968, cuando “a Franco le quedaban siete años, la Iglesia estaba muy presente en todo, políticamente no se podía decir ni ‘mu’…”, afirma el autor.

Libro Juan Álvarez 1968

“Había una pátina que no te dejaba ver nada y creías que el mundo era así. Veías como normal que hubiera curas por todas partes, que los guardias civiles estuvieran ahí presentes, la tele en blanco y negro, el momento en el que sale Franco era como Dios. Era lo normal, no pasaba nada”, recuerda el dibujante, quien reconoce que en la obra expone “la realidad del niño” aunque con “guiños para el lector”, conocedor éste de lo que entonces pasó.

Incluso el Mayo del 68 es visto por el protagonista de la obra como un juego, como un paralelismo entre las luchas “en los huertos murcianos, donde se tiraban de unos a otros todo tipo de frutos” y los “adoquines de París”, en una lucha que llegaba a España de forma “sesgada: eran los estudiantes comunistas”. “Todo eso son mensajes que como niño no eras consciente”, resalta Álvarez.

Ahora es diferente, porque “la niñez es más corta”. “Hay tanta información que te vas haciendo adulto antes. Éramos más inocentes durante mucho más tiempo, porque por la censura no existía nada, no sabías ni cómo se hacían los hijos, nadie te contaba nada”, reflexiona el dibujante. Pese a ello, “las emociones siguen siendo las mismas: cuando descubres el primer amor, los lazos que tienes con tus amigos, la muerte existe y el mundo se acaba, porque antes pensabas que la vida era eterna… Creo que eso se sigue manteniendo”.

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