Un poema de «La zanja», el nuevo y premiado libro de Nuria Ruiz de Viñaspre

Portada de
Portada de «La zanja».

En estos días sale de imprenta «La zanja», el trabajo con el que Nuria Ruiz de Viñaspre ha obtenido el XII Premio de Poesía César Simón. Un libro audaz en el que «el lenguaje poético se religa con la idea de juego y con la voluntad de autoexploración mediante el armado de nuevas textualidades que parten, retuercen o extienden el cuerpo de los poemas», según el jurado. Y una obra «que excava una zanja poética para crear un conjunto de riesgo, de juego del lenguaje, con poemas visuales, rotos, repetitivos, sonoros, elementales o densos, consiguiendo esa sensación de ingresar en el subsuelo, de volver a lo esencial, de mancharse las manos de palabras».

Le hemos pedido a su autora un poema de este nuevo libro que se presentará el 26 de noviembre en la Universidad de Valencia, acto en el que Nuria Ruiz de Viñaspre estará acompañada por Bibiana Collado, Begoña del Pozo, y el editor Vicent Berenguer.

Por NURIA RUIZ DE VIÑASPRE

Poema del libro «La zanja» (2015)

PÁGINA 64

Mi cuerpo es una silla. Mi cuerpo es una silla. Mi cuerpo es una silla. Una silla sin quilla y sin esquina. Porque mi plan de futuro es ser eso, una silla. Y esta silla —digo cuerpo— no tiene columna vertebral, tiene cuerpo. Y es cuerpo que ensilla y grita silla y grita abismo dentro de este «soy una silla impresente». Porque querido Lezama Lima dos puntos: la cópula no es más que el apoyo de la fuerza frente al horror vacui. Y es que la cópula la cópula la cópula y la silla es hacer el amor
con cuerpo -quise decir, silla- pero también es hacerlo con palabras como cuerpo y como silla. Así que ve, lengua, y propónnos gloriosos términos. Términos como terminal-es terminar. Y es que todo termina. Hasta el precipicio que hay bajo una silla terminal que copula una y otra vez. Nosotros terminamos una y otra vez, por eso somos también enfermos terminales. Alguienes en fase terminal. Con fecha de caducidad, como un yogur al fondo de aquella nevera en el desguace. Como esa silla que copula con la palabra cuerpo. Enfermos terminales llenos de términos enca-silla-dos, o lo que es lo mismo, dos enfermos copulando en una silla y mordiendo palabras como enfermos. Con posibilidad de llegar a ser algo en los márgenes de una página. Ser en los mundos posibles, aunque los mundos posibles sean nuestros posibles muros. Muros donde rebota la palabra muro lanzada como sillas. Contra la pared. Sin aire, ni pulmón, ni lágrima. Porque dime, querido Lezama Lima dos puntos: ¿cómo saltar al vacío de los márgenes? Ay las palabras, esas masas líquidas que se desbordan en el mapa. Románticamente deseadas. Románticamente desoladas. Aristóteles dos puntos: dime ¿es verdad que la naturaleza nunca deja un sitio en blanco, sino que evoluciona para comerse el vacío? La nada inundando el todo. Círculos en troquel. Cuchillas que di-seccionan barrancos descifrables. Porque todo estado de vértigo se origina por la pérdida —momentánea o no— del equilibrio. Por la angustia al transgredir el límite que hay en la palabra desequilibrio. Y es que en la página no hago pie. Prefiero el vértigo, la braza, el brazo, el nado y la nada en las aisladas costas. ¿Quién quiere esa arena en los ojos donde gritan los niños que hacen pie cuyas madres tienen bocas que también hacen pie y comen enfermos a mordiscos? Hacer pie es llegar sin braza, ni brazo, ni nado, ni nada. Es detenerse en el vértice de una piscina con ordenadas aguas entremárgenes. Prefiero luxar mi cuerpo-silla. Quedarme en este cuerpo —quise decir, silla— y escribir malformaciones. Vivir a las afueras donde el viento tiene el aire entre manos y lo tiene des-atado. Soy una silla soltada al aire. Una planta química. Una planta. Una puta planta hermosa plantada en una silla. Inocua como lo es el agua sin la fuerza del viento. Como el desforzado viento. Quiero ser estéril. Como una silla estéril. Tener manos estériles. Un corazón estéril. Piernas estériles. Un sexo estéril. Y quedarme sin manos, ni sexo, ni corazón. Como una silla echada al sol. Ser espacio sentado en una silla. Así que ve, lengua dentro de mi boca, busca el lenguaje en aquella casa a la que se le han volado todas las sillas.

Nuria Ruiz de Viñaspre. © Fotografía: Félix Fradejas.
Nuria Ruiz de Viñaspre. © Fotografía: Félix Fradejas.

Nuria Ruiz de Viñaspre (La Rioja, 1969) es poeta y trabaja como editora en el Grupo Anaya. Dirige la Colección eme (Escritura de mujeres en español) de Ediciones La Palma. En 2004 ganó el XX Premio de Poesía Ciudad de Tudela (Navarra) y en 2014 fue galardonada con el Premio Racimo 2014 de Literatura. Entre sus títulos publicados se encuentran El mar de los suicidas (Huerga y Fierro), Desvaríos subterráneos (Devenir, 2001 y Editorial Globo, 2001), El campo de tus sueños rojos (Mañana AC es Arte, 2003), Ahora que el amor se me instala (CELYA, 2004), La geometría del vientre (Poesía eres tú, 2008), El pez místico (Olifante, 2009), Tablas de carnicero (Luces de Gálibo, 2010), Órbita cementerio (Luces de Gálibo, 2011), Tabula Rasa, junto a Ana Martín Puigpelat (La Garúa, 2013), Pensatorium (La Garúa, 2014) y La zanja (Editorial Denes, 2015).

El XII Premio de Poesía César Simón (Universitat de València – Editorial Denes), coordinado por Begoña Pozo, se falló el pasado 25 de septiembre y el jurado estuvo compuesto por Óscar Curieses, Mar Benegas, Antoni Gómez, Bibiana Collado y David Trashumante.

La zanja. XII Premio de Poesía César Simón.
Editorial Denes, Universidad de Valencia, 2015.

  • Presentación: 26 de noviembre, a las 20 horas.
  • Lugar: Sala de Juntas «César Simón» de la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la Universidad de Valencia (Av. Blasco Ibáñez, 32. Valencia)
  • Intervendrán: Nuria Ruiz de Viñaspre, Bibiana Collado, Begoña del Pozo y el editor Vicent Berenguer.

Deja un comentario con tu nombre

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.