De hijos, caballos y ángeles

Cancamusa 22. Septiembre 2016. © Fotografías: José Ramón Vega.

Cancamusa 22. Septiembre 2016. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez continúan con su original sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita?

Aquí va la vigésimo segunda entrega:

De hijos, caballos y ángeles

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Septiembre 2016)

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

—¿Qué miras?
—Y tú, ¿qué miras?
—Tienes una mancha blanca.
—¡Ja!, no te creo. Siempre estás igual.
—¿Te has teñido de rubio?
—Soy rubia.
—Escucha, acércate.
—¿Qué?
—Nos están mirando.
—Lo sé.
—¿Por qué?
—Tengo que decirte algo.
—Pues, dilo ya.
—Me da en el hocico que nos van a disparar.
—Ya estás exagerando.
—No, en serio.
—Me estás asustando.
—Se acerca, nos está apuntando.
—¿Qué hacemos?
—Sal del espejo y galopemos.
—No puedo.
—¿Por qué?
—No soy más que tu reflejo.
—Mientes, tú tienes una mancha blanca.
—Tú también.
—¡No jodas!
—Mantén el eje.
—¿Y si rompemos esta maldita simetría?
—Moriríamos.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Hay un cielo de luz plomiza en la repisa alta. Suenan arpas celestiales en los hilos de la tela de araña y trompetas sordas en el betún de judea, de ese Paraíso portátil. En el beso asexuado de los angelotes que se abrazan, se forma un delta de ríos que se encuentran. Podrían ser Éufrates y Tigris o Torío y Bernesga, en ese abrazo. Uvas con queso o aquel maravilloso título del poeta uruguayo, radicado en México, Eduardo Milán: Nivel medio verdadero de las aguas que se besan. Pero aquí hay, también, un eco de muelle, de beso de tía segunda con los labios pintados, un beso de repetición que enrojecía los mofletes hasta el ardor.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Hay en el beso un tacto. Hay un aire de diminutos animales drogados, en dos bocas que se acercan. Resuena un zumbido de aparatos eléctricos. Se hacen visibles los cables sueltos que querrían reconectar lo umbilical. Madre muge en mí, tras la cortina. Cuando la tarde languidece, renacen las sombras. No hay ojos en el beso. Edipo quitándoselos con los broches del vestido de Yocasta. Lo visible se deshace como la nieve acalorada. Son lágrimas negras como la nieve, de quien sufrirá la inmensa pena de tu extravío y en vez de maldecirte con justo encono, en sus sueños te colma de bendiciones…

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