Calendario (21)

© Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anunció que iba a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesitaba un cambio de rumbo… Y abrió nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su vigésima primera entrega:

CALENDARIO

21

Por AVELINO FIERRO

Aislado del conflicto de los días, de esa realidad que ruge sin sosiego. Refugiado en un escritorio con libros, me guardan como los muros de una fortaleza. Están sobre la mesa y alrededor de ella, en el suelo. Una forma quizá ingenua de buscar cobijo, un jardín cerrado; vivir en una isla desierta rodeado de un mar de palabras. En las almenas de la parte norte, hace las veces de vigía el Cervantes de Elie Faure. Hacia el este dormitan unos Rilkes ensimismados y desatentos. Un Borges recién llegado, Siete noches, conversa en el oeste con Blas de Otero y John Burnside. Parte del muro de ese lado se ha desmoronado, muestra un grave hueco por el que bufa el cierzo. Allí estaban montando guardia desde hace más de un año libros y periódicos que tratan de mayo del 68. Quería consultarlos y escribir sobre esa época. El de Pedro Sempere, maquetado con primor por Alberto Corazón, comienza con esta frase: “Entre la cabeza reventada de John F. Kennedy y el casco numantino de Salvador Allende hay diez años prodigiosos”. Veo también entre los escombros Campo de amapolas blancas, de Hidalgo Bayal, que retrata a los jóvenes de mi generación deseosos de viajar a París al terminar el curso preuniversitario. “Moriré en París con aguacero”. Otros de la Internacional Situacionista. De W. Benjamin, Raoul Vaneigem e Ignacio Castro. La revista Tinta libre y artículos de esos días del cincuentenario que habían aparecido en los suplementos culturales. Mi letra en un trozo de papel: “Hace calor. Tres marroquíes en el locutorio Malik…”. Una revista del Círculo de Bellas Artes, con entrevistas a Georges Didi-Huberman y Slavoj Žižek, del que subrayé esta frase: “La gran invención del capitalismo contemporáneo es el trabajo precario. Porque estás ultra explotado pero al mismo tiempo consiguen que lo experimentes como una nueva forma de libertad”. Miro fotos de las revueltas estudiantiles. Está menguando la luz. “Con cada atardecer somos más pobres en un día”, leo en el libro esguardamillado de Schopenhauer. He montado en esa brecha de la muralla un cierre provisional con el libro azul de un poeta primerizo. “He visto a las mejores mentes de mi generación / destruidas por un contrato basura de cara al público / hombres y mujeres de ciencias emigrados al frío / indefensos sin literatura ante tal paisaje”.

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