Los lobos aúllan en la muerte de Luis Mariano Barrientos

Barrientos, en una de las numerosas conferencias que impartió sobre el lobo. Fotografía: Onésimo Alonso.

Hace unos meses fallecía Luis Mariano Barrientos, maestro de tantos y tantos amantes del lobo, un auténtico referente en el estudio y defensa de este animal salvaje. Socio fundador de la Asociación para la Conservación y Estudio de Lobo Ibérico (ASCEL), luchó toda su vida contra el furtivismo y para que conductores, agricultores, ganaderos y administraciones respetasen a esta leyenda del campo.

Por ISAAC MACHO
Fotografías: ONÉSIMO ALONSO

Furtivismo, controles de población, biología, alimentación, ecología y problemática de conservación del lobo ibérico fueron algunas de las preocupaciones que le quitaron el sueño a Luis Mariano Barrientos durante años en relación con el cánido. Pero no solo esas, también le desasosegaban cuestiones como la situación, evolución y gestión del animal en Valladolid y el resto de provincias de Castilla y León, así como la distribución de esa leyenda salvaje y la manera de compatibilizar las explotaciones ganaderas en extensivo con la especie.

En esa lucha por garantizar el máximo bienestar al canis lupus signatus, el primer presidente de la Asociación para la Conservación y Estudio del Lobo Ibérico (ASCEL) empleó horas, días y años a destajo guiado por su astucia, su inteligencia, su sentido de la orientación y sus incontables esperas solo o acompañado por personas de absoluta confianza. Porque, al igual que el lobo, él también era solitario y echaba mano de la desconfianza antes de abrir el tarro de la seguridad con los colegas ocasionales.

Luis Mariano Barrientos poseía emociones y otros sentidos a la hora de acercarse al lobo que estaban vedados para la mayoría de los humanos. Había desarrollado un olfato y una natural intuición que marcaban diferencias con sus acompañantes.

“Para mí, era insuperable en dos aspectos relacionados con el seguimiento de los lobos: la interpretación que hacía de sus territorios, y la facilidad que tenía para encontrarlos en las esperas. Recuerdo una espera de mañana con él desde un alto, probablemente de las primeras que hicimos juntos: ”allí van tres…, no, cuatro…”, dijo. Nombró las palabras que todos queremos oír en ese momento. Yo no hacía más que mirar hacia donde me indicaba, pero fui incapaz de verlos. Llegué a pensar que se lo había inventado. Sin embargo, cuando acabamos la espera, nos fuimos a la zona donde les había descubierto y allí estaban sus huellas recién impresas en el camino. ¡Los había visto a ocho kilómetros!”

Luis Mariano Barrientos con un pastor en Tierra de Campos. Fotografía: Onésimo Alonso.

El relato es del socio de ASCEL e ingeniero técnico agrícola, Pablo Perucha, que compartiría luego numerosos acechos por tierras castellanas siguiendo la pista del admirado animal. Algo parecido le ocurrió a Alberto Fernández, expresidente de ASCEL, que conoció al vallisoletano en un congreso lobero en Salamanca en 1987 y con el que más tarde entablaría una profunda amistad y trabajaría en varios proyectos. “Aquel día fue uno de esos hitos que cambian el rumbo de la vida de uno sin ser consciente de ello, al menos hasta pasados muchos años”, admite.

“Salí al campo con él cientos de veces, maravillado de los lugares que habitaban los lobos esteparios que él adoraba y, sobre todo, y cada día, percibiendo asombrado y perplejo el don único que ese hombre tenía para detectar a los lobos, para verlos, y para entender el paisaje como nadie he visto jamás que lo hiciera, mucho más cerca de la percepción de los lobos (y sé que al decir esto me meto en un pantano) que del resto de los humanos”, asegura.

Esa sensación de asombro y admiración por su sagacidad es unánime entre todos los loberos que han recorrido kilómetros y kilómetros detrás de las pistas del lobo.  Los biólogos Juan Carlos Blanco y Yolanda Cortés unieron sus destinos con Barrientos Benito durante un corto periodo de tiempo en un Estudio para la Gestión del Lobo en hábitats fragmentados por las autovías, consistente en el radiomarcaje a diferentes ejemplares.

De aquella experiencia, Blanco quedó sorprendido de la precisión e intuición que poseía para ver lobos: “tenía un don, una magia especial para detectarlos y una pasión que le daba esa fuerza sobrehumana, algo, precisamente, que luego le hacía difícil llevarlo a un tono más racional, más científico, que era donde chocamos un poco”.  

Para este asesor de la Comisión Europea y del Consejo de Europa, Luis Mariano Barrientos “se entregaba completamente al trabajo en favor del lobo e hizo un labor encomiable a la que hay que estar agradecidos”.

El amigo de los lobos rastrea en medio de una tierra de girasoles. Foto: Onésimo Alonso.

Este miembro de la Estrategia Europea para los Grandes Carnívoros (LCIE UICN) agradece al naturalista nacido en Peñafiel que fue “él quien me enseñó mucho de las manadas de lobos de Valladolid y de la zona de Campos y yo le estoy muy agradecido porque era un hombre que pisaba el terreno y que contaba con una información sobre los lobos que no tenía nadie”.

Javier Talegón, biólogo que compartió con él múltiples esperas por diversas comarcas de Castilla y León, destaca el “entusiasmo y la curiosidad por el lobo” que poseía. “Sus incontables informantes y un carácter extrovertido que le permitía conseguir información fácilmente; su capacidad innata para detectar a una especie elusiva y además, su envidiable experiencia de campo que le permitieron obtener una detallada visión de las relaciones entre lobos y humanos durante más de cuatro décadas. Era un verdadero sabio de los lobos en el campo”, apostilla.

Los testimonios sobre la extraordinaria magnitud del trabajo, callado en muchas ocasiones, de Luis Mariano Barrientos son abundantes. Su compañero de aventuras campestres, Adrián Romairone, entiende que uno de los logros de su labor fue el reconocimiento que hacía por zonas, en determinados momentos, sobre la situación real de estos animales salvajes.

En los últimos 25-30 años siguió todas las manadas posibles en la provincia de Valladolid y alrededores hasta el punto de que tenía toda la información sobre ellas”. Este veterinario señala que Barrientos sabía exactamente de dónde venía cada uno de los ejemplares de los que tenía constancia. “Creo que es la única persona que hacía ese seguimiento y que podía reconocer el tamaño de las camadas en época de cría, de cuando faltaba un animal o cuando aparecía un carnívoro muerto en el campo”.

Quien colaborase con las asociaciones ecológicas más importantes del país contaba con un talento al alcance de pocos, en opinión del naturalista Fernando Jubete. “Donde los demás solo veíamos páramos y cultivos de cereal, él leía e interpretaba las señales del lobo y era capaz de localizar camadas, rastros u observar a los componentes de la manada”.

“Esas observaciones de campo, unido a su tesón en recoger la información de lobos muertos por atropellos, veneno o bajo disparos de los furtivos constituían sus credenciales y le otorgaban una credibilidad a la hora de hablar de lobos y su conservación que nadie ha cuestionado o puesto en duda”, sostiene también este palentino, técnico superior en Gestión Forestal y Medio Natural.

L. M. Barrientos observa una paridera. Foto: Onésimo Alonso.

A lo largo de las últimas décadas, pero especialmente en los años 90, Luis Mariano Barrientos realizó un amplio abanico de informes para las administraciones públicas sobre la situación, distribución y la forma de compatibilizar la explotación ganadera en extensivo con el lobo ibérico. Algunos de los territorios a los que destinó su tiempo y su conocimiento se centraron en Valladolid, Sierra de la Culebra, Alta Carballeda, Castilla y León, así como Tierra de Campos que conocía como la palma de su mano.

El actual presidente de ASCEL, Ignacio Martínez, resume en tres palabras el legado que uno de los nueve fundadores de la asociación creada en el año 2000 ha legado a toda la sociedad: compromiso, fiabilidad y desinterés.

“Compromiso con la vida, con la biodiversidad, con la protección de una especie que es la clave de bóveda de nuestra naturaleza ibérica. No hubo interrupción en su disponibilidad”, asegura. Y al referirse a su crédito como persona consecuente con sus principios, Martínez insiste en usar el término “fiabilidad”, para referirse a Barrientos, “en su alícuota (y no menor) parte en el esfuerzo que emprendimos colectivamente y que gracias a personas como él, podemos seguir manteniendo hoy en día. Si se daba una palabra, no había duda en el cumplimiento de la misma, contra viento y marea”.

También Jubete certifica “el contrato social” que Barrientos tenía consigo mismo y con el resto de estudiosos como el rasgo más esencial para proteger al lobo, “pero basándose no en axiomas o dogmas, su compromiso lo basaba en datos, información que él mismo obtenía en el campo y que le permitían constatar la desfavorable situación de la especie en Castilla y León”.

Al trabajo de campo, exhaustivo, del amigo del lobo, hay que sumar las conferencias que impartió en múltiples asociaciones, casas culturales, escuelas, universidades; los artículos que escribió en revistas especializadas y los documentales en los que participó, además de su colaboración como asesor del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino para la estrategia de la conservación y gestión del lobo ibérico.

Pocos dudan de que Luis Mariano Barrientos era “un gran referente en el estudio del lobo”, y una figura distinguida en lo que respecta a su defensa, afirma Pablo Perucha. Las continuas denuncias que permanentemente hizo públicas sobre “la incontrolada caza furtiva que sufría –y sufre– el lobo fue uno de los grandes padecimientos que tuvo Luis Mariano”, recuerda este integrante de la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica (PDCC).´

De madrugones, de frío y de tardes a esgaya podía hablar con conocimiento de causa la persona a la que le rendimos ahora tributo. Cada vez que clavaba el telescopio o echaba manos de los prismáticos “aprendíamos algo”, señala su amigo Adrián Romairone.

Un lobo alpha en sus correrías habituales. Fotografía Onésimo: Alonso.

Tras su fallecimiento el pasado mes de junio, a los 61 años, quien dedicara parte de su tiempo libre a estudiar la evolución de las poblaciones de lobos ha dejado un hueco “impresionante”. “Hablar de Luis Mariano es hablar del seguimiento, del fervor por la especie del lobo, de los cabreos que se pillaba cuando había animales muertos, ya fuera por veneno o por furtivismo, siempre desde el punto de vista de la conservación”, apunta igualmente Romairone.

El biólogo de la Estación Biológica de Doñana-CSIC, Alberto Fernández, entiende que Barrientos “no sólo fue una leyenda para todos los que le conocimos y le quisimos a lo largo de los años, sino sobre todo una inspiración para trabajar por la conservación de los lobos ibéricos”. Para este especialista, estamos ante “un tipo que siguió el legado dejado abierto por Félix Rodríguez de la Fuente, en unos años oscuros y tenebrosos donde la caza, los controles de población y el furtivismo eran la norma en nuestro país, hasta conseguir la protección de los lobos hace apenas 3 años, un legado que el propio Luis Mariano llegó a conocer, y espero que a disfrutar; un legado que le debemos en gran parte y que hace ver el futuro un poco más luminoso sobre la protección de los lobos en España”.

De la misma opinión es el experto Javier Talegón para quien Barrientos Benito “disfrutó y sufrió con intensidad épocas muy diferentes de la agenda de los lobos castellanoleoneses: fue testigo de las últimas capturas de camadas en La Carballeda zamorana, estudió de cerca la evolución de las primeras manadas que, después de décadas, recolonizaban amplias zonas de la submeseta norte, sobrellevó como pudo a los cupos de caza autorizados por la Junta y, desde septiembre de 2021, saboreó durante algún tiempo -siempre pendiente de posibles giros de las administraciones- de la inclusión del lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) y, por tanto, de la prohibición de sus capturas”

Vocal español de la organización ecologista Waves, en la que coordinó la sección de cánidos salvajes, Luis Mariano Barrientos prodigó la fotografía de fauna de carácter local, reconocida con diversos galardones.

 

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