La Fundación Segundo y Santiago Montes, en Valladolid, acogerá este viernes 25 de septiembre, a las ocho de la tarde, la presentación del libro ‘Obra reunida’, de Arthur Rimbaud, en traducción del poeta y crítico Miguel Casado.
En esta Obra reunida, el poeta y crítico Miguel Casado ofrece su versión definitiva de toda la poesía de Rimbaud, el resultado de una frecuentación que se remonta a sus años de juventud, pero que se beneficia de una vida de lecturas y de reflexión sobre una obra que no ha perdido, siglo y medio después de su breve aparición, un ápice de su vigencia. El desafío de su Obra reunida sigue siendo la posibilidad de leer a Arthur Rimbaud como un poeta nuevo al que se llega siempre por primera vez.
«Más allá del mito del adolescente genial y el poeta maldito, del enigma de su abandono de la escritura y de Europa, o de su cualidad de clásico moderno, la poesía de Arthur Rimbaud se mantiene viva, ofreciendo inagotables formas de relación entre la palabra y el mundo. En un primer momento, el de las Poesías, el estímulo de los distintos géneros poéticos –desde la sátira sociopolítica a la penetrante observación de la vida y la capacidad de autoanálisis– genera una gama asombrosa de recursos y se funde ya con la madurez. Tras este periodo arrollador y disperso, Rimbaud compone dos libros de poesía en prosa, Una temporada en el infierno e Iluminaciones, ambos de formato perfectamente nuevo, que abren una de las ramas más fecundas de la lírica moderna, la menos codificada, la más abierta aún».


Arthur Rimbaud no escribió poesía: incendió el lenguaje para ver qué quedaba después del fuego. Su obra no fue una carrera literaria, sino un sabotaje sistemático de la realidad ejecutado por un adolescente que, antes de cumplir los veinte años, ya había jubilado a toda la tradición occidental.
Mientras otros poetas decoraban el mundo, Rimbaud operó una alquimia del verbo.
Su genialidad radicó en comprender que para tocar lo absoluto no había que acumular belleza, sino trastornar los sentidos; convertir el cuerpo en un laboratorio y la palabra en un vidente. Logró lo que parecía imposible: que el poema dejara de ser un reflejo de la vida y pasara a ser la vida misma en su estado más puro, violento y libre.