El precio del poder

Scarface

Por JESÚS SUÁREZ

‘El precio del poder’ es el curioso título que pusimos en España a ‘Scarface’, dirigida por el irregular y a ratos interesante Brian de Palma, con guión de Oliver Stone y protagonizada por Al Pacino y una jovencísima Michelle Pfeiffer. La película, que en teoría es una versión del clásico que rodó el maestro Hawks en 1932, narra la fulgurante ascensión de Tony Montana, emigrante cubano que llegará a convertirse en uno de los reyes del narcotráfico de Miami.

‘Scarface’, más allá de la violencia que se adueña de toda la cinta, nos habla de la ambición, algo tan antiguo como el hombre y que lo mismo podemos encontrar en los mafiosos cubanos que, por ejemplo, en algún político español, como es el caso de Alberto Ruiz-Gallardón. No es lo mismo, lo sé, ya que cada uno ambiciona a su manera.

La desmedida ambición de Gallardón, su ansia infinita de poder, es tal que, a su lado, Lady Macbeth parece Teresa de Calcuta. El sujeto siempre ha querido llegar lo más alto posible, y de momento ha alcanzado, para desgracia de todos, el Ministerio de Justicia, aunque me temo que no se conforma. Su carrera política, más que por su gestión, se caracteriza por su capacidad de adaptación al medio, y lo mismo era capaz de hacerse pasar por el más progre del PP que de rendir pleitesía a Esperanza Aguirre para mantener la oportunidad de seguir medrando.

Pero el gran problema es que Gallardón, allá donde esté, odia pasar desapercibido y aspira a pasar a la historia. Tras endeudar al Ayuntamiento de Madrid para los restos, ahora ha decidido acabar con el atasco secular de la Justicia. Pero, como su torpeza sólo es comparable a su soberbia, ha decidido que tan loable fin lo más adecuado es poner unas tasas que, simplemente, impedirán que muchos ciudadanos acudan a los Tribunales. Es decir, para D. Alberto el único remedio eficaz contra la caspa es la guillotina. Y lo insultante es que pretende hacernos creer que la protesta obedece a una paga extra o que quienes han pedido el sistema de tasas han sido los jueces.

En ‘Scarface’ hay frases memorables, algunas bastante gráficas, como cuando Montana dice que sólo tiene dos cosas en la vida. Pero hay una que se podría aplicar a políticos como Gallardón: “Yo siempre digo la verdad, hasta cuando miento”.

Deja un comentario con tu nombre

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .