Por CAMINO SAYAGO
El artista cántabro Eduardo Gruber exhibe en el Centro de Arte Caja Burgos seis obras de gran formato que dan forma a «El buscador de oro», su última serie pictórica. La exposición, que se podrá visitar hasta el 12 de mayo, permite a través de un recorrido breve, pero intenso, conocer el fructífero universo emocional, mental y reflexivo de este creador con vocación narrrativa.
Seis óleos sobre tela en gran formato, de aliento figurativo dan forma al último trabajo de Eduardo Gruber. Con el título de «El buscador de oro», el artista cántabro, uno de los artistas españoles más relevantes de su generación, condensa en esta serie toda su vocación por contar historias. Y lo hace a través de imágenes de gran fuerza, que son casi fogonazos que “apenas detienen lo que está a punto de suceder”. Atmósferas turbadoras a veces premonitorias y anticipadoras de expectativas, y en otras ocasiones inquietantes representaciones simbólicas definidas en su composición plástica por puntos de fuga y juegos de oposición y simetría. Es un explorador de dimensiones, pero también un narrador que pone voz a lo más inmediato de la geografía humana. Y las historias que inundan sus lienzos surgen de acontecimientos cotidianos y hallazgos casuales relacionados con el “factor humano” que el propio Gruber “conecta con su mundo personal para profundizar en su forma de expresar el impulso creativo y repensar su propia percepción del hecho pictórico”.
Blind, Azar, No me ignoréis o The outsider son los títulos de estas historias que nacen en la calle. Así, la lectura de un texto sobre el orden espacial que puede imaginar la mirada “vacía” de un ciego se sitúa en el germen del cuadro «Blind»; en «¡No me ignoréis!» la visión de un indigente se convierte en un faquir levitando en un misterioso rincón urbano; y dos perros miden tensos sus miradas en la insólita estancia de «Azar».
Formato, dimensión y perspectiva subrayan el concepto de la escala humana que aborda el pintor y propician ese diálogo de la pintura con quien la contempla. Dota de protagonismo al espacio del otro lado, y así cierra el círculo creativo. “La escala y la distancia entre el espectador y cada una de las partes de la imagen total en el plano del cuadro”, explica Gruber, “hacen que ese espacio parezca estar perfectamente delimitado para que el sentido del espacio transaccional se cumpla, y tome protagonismo el espacio del otro lado”.
Eduardo Gruber (Santander, 1949), ha cultivado a lo largo de su trayectoria el dibujo, la pintura, el grabado y el aguafuerte, con una obra en constante evolución que ha transitado por el hiperrealismo, la abstracción, el surrealismo y el informalismo, y con incursiones también en la escultura, la arquitectura, la puesta en escena, la decoración, el diseño e incluso la literatura.


Vi estas obras en la Galería Siboney en Santander y me encantaron. Es un surrealismo muy curioso, que te deja una palabra en la punta de la lengua y se marcha y te deja ahí; pensando.
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