La poesía sin patria de Alberto de Lacerda, en español

El poeta Alberto de Lacerda (1928-2007).
El poeta Alberto de Lacerda. Fotografía: Mário Cesariny.

Luis María Marina es el responsable de la selección, versión y prólogo de ‘El encantamiento’, la primera gran antología en español del fallecido poeta sin patria Alberto de Lacerda. El libro se presenta este jueves, 31 de enero, en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), a las 20:30 horas. En el acto intervendrá, además, el poeta y traductor Antonio Sáez Delgado.

Por ELOÍSA OTERO

Soy una ventana a la que se asoman
todas las cosas de la vida.
No sobre mí: sobre la vida
que pasa por mi ser.

Y todo está lejos
y aquí.

Ser poeta es no pertenecerse
ni a sí.

Alberto de Lacerda

Los versos transparentes del autor en lengua portuguesa Alberto Correia de Lacerda (Mozambique, 1928 – Londres, 2007) llegan por fin traducidos al español en El encantamiento, una cuidada antología, editada por Olifante, de la que es responsable el poeta, escritor y traductor afincado en Lisboa Luis María Marina.

Nacido en la Isla de Mozambique en 1928, Alberto de Lacerda era hijo de un alto funcionario de la administración colonial portuguesa. En 1946 se trasladó a Lisboa —donde fundó la revista Távola Redonda, con Ruy Cinatti y David Mourão Ferreira, y donde también pasó por las cárceles salazaristas—. Pero, a partir de 1951, inició un largo exilio que le llevó a residir casi siempre en Londres, donde trabajó como locutor y periodista radiofónico en la BBC. También viajó por Europa y llegó a vivir algún tiempo en Brasil (entre 1959 y 1960) y más de 20 años en Estados Unidos (entre 1967 and 1989), donde ejerció como profesor en distintas universidades.

Como ya advierte Marina en las primeras páginas, esta antología “se conformaría con servirle de umbral no demasiado áspero a la vasta y deslumbrante obra del poeta portugués”, y por ello se circunscribe apenas a sus cuatro pimeros libros: 77 poemas (Londres, 1955), Palácio (Lisboa, 1961), Exílio (Lisboa, 1963) y Cor: Azul (Lisboa, 1984). “Como cuatro pilares cristalinos y paradójicamente sólidos, estos cuatro libros sostienen toda su obra poética posterior, un bellísimo palacio transparente”, afirma el antólogo.

Alberto de Lacerda, que fue amigo fraternal de Sophia de Mello Breyner Andresen y Mário Cesariny, entendía la poesía “como punto de encuentro o casa común y nunca como trinchera”, según apunta Marina en su prólogo esclarecedor, en el que contextualiza de forma espléndida al autor y su obra. “Más que como una tercera vía, entendía la poesía como un cauce que recibe gozoso la afluencia de los más diversos veneros, sin rechazar ninguno por prejuicios de clase o presunciones de artista, y que emplea el impulso recibido para siempre abrir caminos propios, nuevos, hacia el mar”.

Autor de una obra no demasiado extensa —trece libros publicados en vida; uno póstumo; con toda probabilidad unos cuantos aún inéditos—, pero muy valorada por su pureza, su hondura y su nitidez, se suele decir que su poesía “resulta reveladora de un mundo misterioso oculto en la vulgaridad de las cosas”.

Poeta del exilio

Según Marina, sin embargo, la poesía de Alberto de Lacerda “habita en un territorio circular delimitado por tres estaciones: el exilio, la divinidad y la luz“. Sobre todo el exilio constituye uno de los asuntos centrales de su reflexión poética. En ello ahonda Marina: “Exiliado, sí, pero ¿de dónde?”. No sólo de la Isla de Mozambique, donde nació, ni del paraíso que será ya para siempre el palacio abandonado de la infancia. Exiliado de Lisboa, exiliado de Londres, exiliado del espacio y del tiempo, exliado de los hombres y de sí mismo. Exiliado de todo, salvo de la lengua que es la única patria del poeta… “Lacerda es, ciertamente, un poeta del exilio. En el abandono del exilio, liberado de otras cargas, el poeta se descubre a solas, en la intimidad de la palabra, su palabra. No halla asidero más firme que el lenguaje, clave de bóveda que completa y sostiene el encantamiento del mundo; tierra fértil y dispuesta para que la imaginación siembre el germen del poema”.

“Su lengua portuguesa —a la que Alberto de Lacerda dedica uno de los más emocionantes poemas de Exílio— es ante todo una voz, la que fluye por debajo de las palabras conformando una arquitectura de líneas uniformes y reducida a lo esencial, sinestésicamente blanca”, anota Marina.

El antólogo se detiene también en la aproximación de Lacerda a lo divino, una aproximación “que no es mística, ni siquiera necesariamente religiosa, como tampoco es naif. (“Los dioses son la libertad. / Mantener la libertad / mayor que sea posible / dentro del más perfecto / equilibrio”)”. Y muestra cómo del exilio y la ausencia brota la Luz: “Su poesía se revela palacio cristalino, traspasado de claridad. El poeta, siempre Prometeo, porta en sus labios la ‘llama salvaje’. Y con ella ha de alumbrar un mundo nuevo (“Mientras dure el día, / dancemos / y adoremos / el misterio de ser / los elegidos del sol”); revelar continuamente la belleza; sajar la costra de oscuridad que recubre las cosas; ser lazarillo de hombres, guiarlos de la mano, una y otra vez, a través del camino de rocas que conduce al exterior de la caverna”.

Vida y obra consagradas a la belleza

Ya casi al final de su prólogo, Marina transcribe una entrada de los diarios aún inéditos de Lacerda: “Nadie podrá quitarme ‘the sense of glory’ —en el sentido de Henry James y Herbert Read— de tantos momentos de mi vida. En medio de mil atrocidades e injusticias, de sufrimientos de todo orden, hubo en mí esa felicidad de estar en el centro del tiempo y en el centro del espacio. El encantamiento. El absoluto. El éxtasis. En el amor, en el erotismo, en la naturaleza, en la experiencia estética, como creador y como espectador. Gloria. Una auténtica sensación de gloria que me cubre de lágrimas y me obliga a ponerme de rodillas frente a la eternidad”.

El volumen está dedicado a Luís Amorim de Sousa, responsable de la recuperación de la figura y la obra de Alberto de Lacerda en Portugal y amigo entrañable del gran poeta sin patria.

Desconocido y singular

En resumen, una antología imprescindible para acercarse a la obra de un poeta singular y prácticamente desconocido en España, que por encima de todo fue “un servidor de la Poesía”, y que figura con méritos propios junto a los grandes nombres de los poetas portugueses de su generación, como António Ramos Rosa, Herberto Helder, Cesariny, Jorge de Sena, Sophia de Mello o Eugénio de Andrade.

Como recordó su paisano Eugénio Lisboa con motivo de su fallecimiento en 2007, Lacerda fue uno de los mayores poetas en lengua portuguesa del siglo XX: “Era un hombre de grandes convicciones políticas, de izquierda, y aunque su poesía estaba contaminada por una gran empatía con el sufrimiento humano, en nada alteraba eso su lirismo“.

Otro “amigo y admirador”, el ex presidente de Portugal Mário Soares, le consideraba “un poeta maldito, porque nunca fue muy reconocido en Portugal y vivió muy mal, en una gran pobreza durante sus últimos años“. Para el político socialista luso, Lacerda vivió siempre “exiliado, no por motivos políticos sino por opción personal”, tal y como lo reflejó él mismo en un breve poema de 1962: “El exilio es esto y nada más / en su forma más perfecta: / hoy, en la tierra de mis padres, / solamente la luz no es sospechosa”.

En España también es un gran desconocido. “Tradujeron algunos poemas suyos Jorge Guillén y Octavio Paz, con quienes Lacerda coincidió en Estados Unidos y con quienes tuvo una larga amistad, en buena medida epistolar”, comenta Luis María Marina.

Presentación en Badajoz

La antología, que llegó a las librerías a finales de 2012, se presenta por primera vez en Badajoz este jueves 31 de enero. “Pocas ciudades más apropiadas que Badajoz, definida por su condición fronteriza, para presentar la antología de un poeta que hizo de sí mismo, de su vida y de su obra, una frontera. Y pocos lugares más apropiados que el MEIAC para ello. Por una de estas extrañas coincidencias en que la vida nos coloca de vez en cuando, Extremadura, Portugal e Iberoamérica, las tres referencias mayores de la vida de quien suscribe, unidas en un único, y simbólico, momento”, señala Luis María Marina en su blog.

Luis María Marina (Cáceres, 1978), poeta y diplomático extremeño —ha vivido en México y actualmente trabaja como consejero de la Embajada de España en Lisboa—, ha publicado los poemarios Lo que los dioses aman y Continuo mudar, así como el libro de crónicas: Limo y luz. Estampas luminosas de la ciudad de México.

Datos de la presentación:

  • Este jueves, 31 de enero de 2013, en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz, a las 20:30 horas.
  • Intervendrán Luis María Marina, autor de la antología, poeta y traductor, y Antonio Sáez Delgado, poeta, profesor y traductor.
Portada de la antología 'El encantamiento', de Alberto de Lacerda (Ed. Olifante).
Portada de la antología ‘El encantamiento’, de Alberto de Lacerda.

2 Comments

  1. Está muy bien este poeta, Víctor, pero en este caso el tesoro llegó gracias a la amistad. Ha sido Marifé Santiago quien nos puso en contacto a Marina y a mí, y así llegó el libro a mis manos. Y no sólo eso, sino que desde el primer momento Marina se apuntó además a colaborar con Tam Tam y ya hemos publicado un artículo suyo estupendo sobre la biblioteca de Pessoa…

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