
Segunda entrega del arquitecto y paisajista vallisoletano sobre jardines singulares de la Península Ibérica. El Romeral, en Segovia, configurado por Leandro Silva, es un jardín privado íntimo y único, con más de 300 especies vegetales y un orden experimental, en el que se recupera y reinterpreta el sentir y hacer hispano andalusí.
Julio Ramón Ribeyro sitúa a uno de sus personajes, Silvio Lombardi, en El Rosedal, una hacienda tarmeña del Perú, en la que encontrará una extraña y enigmática rosaleda que se revelará con el tiempo como un juguete mágico que le hará pasar por diferentes estados anímicos y de conocimiento. Así aparecerá la curiosidad, la confusión e intriga, la búsqueda obsesiva, la perplejidad, el descubrimiento de una simbología vegetal luego desechada, la zozobra y la desorientación vital. Finalmente quizá la razón o… sentir íntimo.
En los años setenta de la pasada centuria en que se publica ‘Silvio en el Rosedal’, andaba ya Leandro Silva Delgado trajinando en unas terrazas labradas a los pies del roquedal cretácico segoviano de la cuenca tenazmente horadada por el Eresma, orientadas a la solana y protegidas de fríos vientos y en parte de las heladas, tradicionalmente destinadas a huertas en bancales o andenes. Contra todo pronóstico, con el tiempo, pericia, sensibilidad y maestría configurará junto con su mujer Julia Casaravilla, el que llegó a ser su jardín privado, para ellos, para muchos amigos, visitantes, curiosos y para Jesús, su siempre fiel y leal jardinero, y además único.
Leandro Silva, originario de Uruguay, desarrollará principalmente en España una prolija y brillante actividad paisajista y jardinera, a la par que una fecunda labor docente y fundacional que daría frutos en la Asociación de Amigos del Jardín y del Paisaje y en la Escuela de Paisajismo Castillo de Batres; infatigable viajante, amenísimo conversador, de aguda inteligencia y potente imaginación, despliega una depurada y versátil técnica plagada de aciertos y descubrimientos, a veces contra corriente y magistral heterodoxia. Amigo del maestro Roberto Burle Marx y a su vez maestro de maestros, o más bien continuos aprendices, se constituye en asidua, casi imposible, referencia, un patrón perenne de cálido aliento y magisterio, imposible de imitar. De sus manos salieron multitud de jardines públicos y privados, como los de Azca en Madrid, y junto con otros paisajistas, la restauración-recuperación del Real Jardín Botánico de esa ciudad.
Primero alumno y luego profesor en la Escuela Superior de Paisaje de Versalles, fue también un solvente grabador, acuarelista sutilísimo y pintor con collages vibrantes y deliciosos. Estas son algunas de las facetas que componen parte de una figura compleja, tan compleja e inagotable como su Romeral.
Este íntimo jardín, con más de trescientas especies vegetales, algunas exóticas, se ordena en un conjunto cerrado, lógico y a la vez experimental. Se articula en varios niveles por medio de paseos, sendas, escalerillas, escalinatas… que conducen a recintos formales de inspiración clásica, con placitas o salones arbolados o hacia ámbitos de ecos orientales, con una alberca espejo habitada por perezosas carpas rojas, y canalillos de rumor, en una insuperable recuperación y reinterpretación del sentir y hacer hispano andalusí. Lo pintoresco de matiz romántico y sus alusiones a lo sublime quedan relegadas, casi anuladas, aunque quizá solo parcialmente. Si bien se trata de un jardín ex novo, sus diversos elementos y espacios, van apareciendo con inopinada naturalidad, como si hubiesen estado allí desde siempre, con una calculada y precisa despreocupación, junto con débiles o marcados, sutiles o enfatizados, contrastes y contrapuntos. Guarda piletas de manantial bajo unos inmutables paredones rocosos, rocallas «encontradas»… recreaciones sucintas y frágiles de jardines de crucero y aún mucho más. Todo en modulada hilazón, como jardines de síntesis, paradójicamente en geométrica y orgánica fusión, en solución de continuidad, rara y feliz. También descubriremos, o no, rincones y recovecos, miradores, copas arbóreas formando doseles, bóvedas, hiedras de hojas rizadas, viburnos… y ventanas a la ciudad que permiten entrever su perfil a contraluz, con su Alcázar. En verano insuperable, fresco, apacible y acogedor.
P.S.: Atención en todo caso a las «pepas de durazno».
Datos de interés y referencias:
- Jardín privado abierto al público. No accesible a personas con movilidad reducida. Localización: Calle Marqués de Villena, 17, 40003 Segovia. Visitas y contacto: 655 13 14 46.
- Correctamente ubicado en Google Maps. Latitud: 40º 57´17¨/ Longitud: 4º 7´49¨
Publicaciones:
- Trabajos, estudios, ponencias y seguimiento por la historiadora y paisajista Luisa Roquero, especialista en El Romeral.
- José Antonio Gómez Municio: ‘El Universo en el jardín: Paisaje y Arte en la obra de Leandro Silva’. Editado por la Junta de Castilla y León en 2002.
- Amigos del Romeral: ‘El Romeral de San Marcos: un jardín de Leandro Silva’. Editado por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia. Obra Social y Cultural (Agotado).
- ‘El Romeral de San Marcos’. Ayuntamiento de Segovia:
- Pilar Gómez Centurión: ‘El huerto que decidió ser jardín’. El País, 18 de septiembre de 2004.
Visitas cercanas recomendables:
- Casa de la Moneda con sus ingenios hidráulicos, Monasterio del Parral, alamedas y azud del Eresma, parajes y edificios religiosos de La Fuencisla e Iglesia de la Vera Cruz.
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Me encanta, cada vez mejor…
Espero con ilusión el siguiente.
Buenas noches y muchos besos
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Me encantan los jardines especialmente si son raros y con pasado histórico.
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Los jardines, como éste, son reflejo del corazón de sus hacedores; pero tambien el de sus amantes y, entre ellos, el analista erudito que nos descubre su luz. Gracias JCSB
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Cuando estaría ya abierto al público, me encantaría poder conocerlo.. :)
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