Unai Aranzadi: “El periodismo del futuro no está en los grandes grupos mediáticos”

Unai Aranzadi. Fotografía tomada de su página en Facebook.

Unai Aranzadi. Fotografía tomada de su página en Facebook.

Por VIKI COSTAS

Unai Aranzadi (Getxo, 1975) desciende de políticos perseguidos, marinos, viajeros y periodistas exiliados por sus artículos, hecho que vincula a su decisión de hacerse corresponsal de guerras desde que tiene memoria. En sus inicios trabajó para distintos medios desde Chechenia, Irak, Afganistán, Gaza, y otros tantos lugares hasta que decide hacerlo por y para sí mismo, bajo su propio prisma, profundizando en ciertas guerras olvidadas, poniendo el foco en conflictos que se invisibilizan por las grandes agencias informativas, y no de forma casual.

Outsider por derecho propio y elección, elige qué historias deben ser contadas y no permite que el poder económico o mediático le diga donde están. Sus últimos documentales: ‘Colombia Invisible’, sobre la desconocida violencia que aún perdura en el estado colombiano y auspiciado por la organización vasca Mundubat, o el más reciente, ‘Jambo Amani?’ (¿Tenemos paz?) sobre un grupo de milicianos del FDLR que deciden entregar las armas y acogerse a un programa de reinserción de las Naciones Unidas. (Recomiendo verlos si los programan en sus ciudades). Desde 2001 vive entre Estocolmo y Bilbao. Dirige la agencia y productora independiente Independent Docs.

—A veces tengo la impresión de que mucha gente se pone voluntariamente una venda sobre los ojos, se tapa los oídos, prefiere no saber antes de que contradecirse en las patrañas que les cuentan todos los días.

—En muchos casos es así. Yo vislumbro dos motivos. Uno, es el hecho del individuo que se siente sólo frente al monolito de la verdad única. Si las dos grandes agencias y las pocas corporaciones mediáticas que concentran todo el Poder informativo, seleccionan una sola forma de ver las cosas afirmando algo al unísono, a la gente le da pavor salirse de ese patrón, sentirse que es problemática, inadaptada, como que se queda fuera de juego o pierde el tren del éxito que estas fabricas de ilusión venden y proyectan. Luego, en la parte que toca a los periodistas, produce el mismo efecto, sólo que con el añadido de que estos saben que siguiendo esta versión oficial, hay empleo, colaboraciones, visibilidad en medios, premios o becas, mientras que en la de plantear algo diferente o llevar la contraria a este establishment no hay nada más que miseria económica, profesional, aunque quizás ideales… Por tanto, la venda es cómoda para el que vive con miedo o sometido al Big Brother.

—Curiosamente, leo y veo que has apostado por hacer un tipo de periodismo que, por fuerza, y desde mi punto de vista, será el periodismo del futuro. No tanta inmediatez y más profundización sobre los temas, más investigación. Es más, me parece interesantísimo tu propósito de hablar sobre la violencia en el mundo. Dar voz a las víctimas, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, ni bajo los posicionamientos ideológicos habituales.

Yo estoy convencido de que el periodismo del futuro no está en esos grandes negocios de los que acabo de hablar. La prueba es que a pesar de su Poder, los grandes grupos mediáticos están casi todos en crisis, y eso es por algo. Yo creo que hay que apostar por lo que uno cree. Es curioso que en tiempos de tanto individualismo, a la hora de hacer periodismo, la gente tenga tanto miedo a salirse del grupo… Sí, puede que uno sea freelance porque no le queda otra, o que uno está en un medio digital porque le han echado de un diario o una tele, pero eso no significa que estas plumas no andan acotadas en un rebaño que es ideológico, con vallas y cercas intangibles, pero perfectamente definidas. Decía Alejandro Jodorowsky: “piensa el pájaro enjaulado que volar es una enfermedad”, y eso es lo que pasa hoy en este oficio. Hacer un diario digital o una revista finamente editada no es sinónimo de periodismo libre como se nos quiere hacer pensar. Hacer periodismo libre es denunciar lo que un periodista, desde lo más profundo de su humanidad, crea que hay que denunciar, sin intereses materiales de por medio ni presiones más o menos sofisticadas.

—Te he escuchado decir que lo que es noticia lo marcan tres o cuatro agencias en el mundo. Me ha recordado inmediatamente a mi profesor de estructura internacional que en el año 88 decía algo similar. Entonces existían la URSS y los países del Este ¿No hemos evolucionado nada? ¿Hemos involucionado quizá?

Claro que hemos involucionado. El “Gran Hermano” de Orwell hoy bien puede ser Reuters y Associated Press (con la mucho más discreta aspirante AFP). Mira, hace unos meses, con la muerte de Chávez, AP sacó un texto en su influyente Big Story diciendo que era un “exaltado lider populista”, de tal manera que luego desde Al Jazeera hasta el Miami Herald o la prensa de India y Argelia lo reprodujeron así para que el planeta entero se desayunara con esa versión de un dirigente amado como pocos e hiper votado por masas. ¿Cuándo en AP tendrán el coraje de sacar una nota sobre Bush calificándolo del genocida o de Netayanhu señalándolo de sionista, que además sí que lo que son? Estos medios están formulados por  cobardes y matones, fuertes con el débil, y débiles con los fuertes. Es la prensa de Roma, la perspectiva del que domina, la voz de su amo.

—Me ha gustado mucho cuando comentas en una entrevista el divorcio existente entre ciertos periodistas ( quiero pensar que no todos) y el pueblo. Yo pienso que realmente hace falta más autocrítica por no hablar de más libertad de prensa en este país, que son muchos en realidad. Esta elección tuya, ¿compensa?

—Me es muy duro no dejarme seducir por algunas propuestas golosas, tengo una hija, una hipoteca y una vida que pagar como todo el mundo, pero es que si me hago asalariado de un medio, ya cambia todo. Para mí, trabajar fijo en un medio y decirse periodista es una contradicción. Soy el periodista más libre que ha pisado el mundo en millones de años (risas).

—Yo no sé si recordarás como se cubrió la primera guerra de Irak, pero recuerdo perfectamente, como si fuese hoy, aquellos fuegos artificiales desde las habitaciones de los hoteles donde estaban los periodistas. La prohibición de tomar imágenes de lo que verdaderamente estaba pasando, se nos decía. Se decía: el periodismo de guerra se ha terminado. En fin, llegué a creérmelo siempre que los USA estuviesen por el medio. Sin embargo, ahora, con tanta profusión de información; con tanto turista “incidental” en guerras o zonas muy conflictivas, con tanto canal de difusión, redes sociales… A veces, resulta hasta difícil hacerse una idea de lo que pasa en realidad.

La recuerdo muy bien pues fue cuando comencé a interesarme por este oficio, y no será casualidad que después cubriese la guerra de Irak del 2003 y volviese al país todos los años de la ocupación y posterior guerra de insurgencia. Mira, para acortar el cuento sobre si vemos realidad o no, déjame decirte esto: vemos sólo lo que quienes pueden pagar sueldos a corresponsales, reportajes o directos quieren que veamos. A partir de ahí y sabiendo que ni los coleguis rojillos o rebelion.org pueden pagar enviados especiales, que cada cual saque sus propias conclusiones…

—Me gustó mucho una foto que publicaste en el Facebook, que es desde donde te sigo más habitualmente, sobre un niño de la ¿república del Congo?, en un conflicto olvidado, como habrá tantos. El caso de Honduras, por ejemplo, y por proximidad idiomática. ¿por qué se invisibiliza? ¿Y cuáles señalarías como los casos más sangrantes de invisibilización?

El caso de Honduras con el golpe de Estado de la ultraderecha y la posterior represión, fue marginado porque era un ejemplo incómodo para el establecimiento. Para ellos, los “malos ejemplos” de Estados que violan los derechos humanos en Latinoamérica, han de ser los de izquierda, como Cuba o Venezuela, pero Honduras se les salía de ese patrón, por tanto nunca quisieron darle la importancia que debía en esos años críticos del 2009, 2010 o 2011. Yo me vi absolutamente sólo en esa batalla por la visibilización de Honduras y la cuestión de los ataques a la libertad de prensa. Iba al país y volvía para… bueno, finalmente despertar el interés de otros que han decidido seguir mis pasos, que no es poco. Luego, a partir de las tragedias dadas en las cárceles han dado un poco más de cancha al tema, aunque ya todo es diferente, el golpe les salió bien, todas las notas, de un tiempo a esta parte, no hablan de golpe, de dictadura, de forma pasiva han normalizado lo anormal. Aquello ya se ve como parte del pasado, pero es que es precisamente ese pasado el que ha hecho posible este presente de total putrefacción del Estado. Ese es uno de los problemas del periodismo de masas, no ir al quid de la cuestión; ceñirse sólo a la comercial actualidad.

—¿Animarías a los jóvenes periodistas a hacerse una mochila, cogerse su cámara, sus cuatro cosas y desplazarse a cubrir una guerra? ¿Crees que cualquiera vale para hacer ese trabajo?

Sí les animaría, siempre que sea una decisión enormemente meditada y planificada. Creo que la única forma de comenzar es haciendo, y no hay manera de saber qué es realmente esto de “reportero de guerra” que yendo a la propia guerra. Y sí, creo que potencialmente cualquiera podría, no hay un perfil definido, ahora bien, el que va porque quiere y el que va porque está en un medio y le toca, no son el mismo bicho. Somos animales diferentes…

—A veces, por lo que contáis quienes vivís en países escandinavos, te entran ganas de que te invadan. A veces, una tiene la impresión de que ni siquiera hace falta un cambio de sistema para que cambien las cosas. Incluso me planteo que necesitamos cultivar un grado de civismo que no tenemos… ¿Cómo nos veis desde fuera, gente como tú, con tanto mundo en la mochila, y desde un país tan diferente?

Bueno, os veo con la misma humildad con la que me gustaría que me vieseis a mí o a mi pueblo escandinavo y vasco. Yo creo que en Escandinavia han conseguido mucho a base de trabajo (con protestantes, y para ellos el trabajo es sagrado). Ahora bien, además de factores favorables como las políticas socialistas, que son las que han hecho repartir la riqueza y ser el modelo en el que casi todo Occidente se ha querido mirar, hay otros factores no muy éticos que les han hecho crecer. Uno de ellos es su cultura de paz (bien acompañada de exportación de armas), su neutralidad en las guerras (colaborando con los nazis) y fabricando ropa de H&M y de IKEA en países donde la mano de obra no tiene el status de persona, sino de máquina reemplazable y barata.

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