El Paseo de la Isla: Parque urbano con bosque de corredor (1)

Paseo de la Isla. Vista con portada románica. © Ilustración: José Carlos Sanz Belloso.

Paseo de la Isla. Vista con portada románica. © Ilustración: José Carlos Sanz Belloso.

Cuarta entrega del arquitecto y paisajista vallisoletano sobre jardines singulares de la Península Ibérica. Esta vez nos invita a recorrer el Paseo de la Isla, un gran parque urbano que se extiende a lo largo de ambas márgenes del río Arlanzón, en la ciudad de Burgos.

Por JOSÉ CARLOS SANZ BELLOSO

En la ciudad de Burgos vamos a encontrar un espléndido ejemplo de jardines hilados en solución de continuidad en las márgenes de su río, el Arlanzón. Componen un encadenamiento raro y singular de unos siete kilómetros de recorrido, con paradas y distracciones, que puede ser realizado andando de tal suerte que se irían engarzando recintos y espacios ajardinados de gran valor paisajístico y medio ambiental. De Este a Oeste, y siguiendo el curso fluvial descendente, tendríamos diferentes parques periurbanos, jardines urbanos, paseos, alineaciones arboladas… junto con un bosque de corredor, casi continuo en casi todo el desarrollo, que los une o hila: Fuentes Blancas, Fuentes del Prior, La Quinta, Paseo de Vallellano, Paseo del Espoloncillo, Paseo del Espolón, Avenida de la Audiencia, Paseo de la Isla, Paseo de los Cubos y las Fuentecillas, son los principales que se complementan con la Cartuja de Miraflores en el extremo oriental y El Parral, el Monasterio de las Huelgas Reales y el Hospital del Rey en el opuesto. Se sitúan y acomodan a una u otra margen según se detalla en el esquema.

El río quedó integrado en la ciudad con naturalidad, tomando de él todo lo que tiene de bueno y saludable y conteniéndole en lo posible con una manguardia y otros recursos. Río en y con la ciudad y no ciudad de espaldas a su río. Elemento vivo, fluctuante, vibrante en reflejos y destellos, de gratísima sonoridad en su rumor, unas veces pausado y otras revuelto en avenida  notable y hasta temerosa.

Todos los paseos y parques indicados en el primer grupo son de carácter público, accesibles y abiertos. Frente a la clasificación general, pero muy útil, de Francisco Páez de la Cadena, en su Historia de los Estilos en Jardinería, que divide los jardines históricos en dos grandes familias, la de los jardines cerrados y de los jardines abiertos, los enumerados primeramente son del segundo tipo, en contraposición a la mayoría de jardines más vetustos y antiguos que veremos  cercados  y vedados. La nueva sociedad del siglo XIX va a generar nuevos espacios públicos denominados genéricamente parques, salones, paseos o alamedas destinados al solaz de sus moradores. Los antiguos paseaderos, muchos de origen medieval, eran frecuentemente denominados espolones si se situaban en las riveras o los aledaños a los ríos de las ciudades. Alamedas y choperas junto con espolones viejos o nuevos y espoloncillos  se fueron ajardinando, ornamentando y engalanando; en definitiva rediseñando hasta adquirir su configuración presente. Pasan así  a ser incorporados al ocio de los núcleos urbanos, cada vez menos ruralistas, y que en diferente medida van a participar de la nueva idea de progreso en relación con la Revolución Industrial. Surgen igualmente nuevas ideas respecto a la modernidad y se reavivan los sentimientos sobre lo de ser europeo o cosmopolita. Mejoran apreciablemente  las comunicaciones viarias y los trasportes,  en especial con las llegadas del ferrocarril con una mayor difusión y profusión de los medios escritos. Surgen  nuevos ensanches de la floreciente burguesía y los espolones, paseos… extramuros se van a ir integrando en los espacios libres públicos de la trama urbana. Paulatinamente se irán desmantelando parcial o casi totalmente las viejas murallas y cercas. La población habitual junto con nuevos grupos de trabajadores y operarios venidos del agro pueden disfrutar de espacios y parques públicos en la ciudad, antes inexistentes.

Paseo de la Isla. Vista Aérea / BingMaps.

Paseo de la Isla. Vista Aérea / BingMaps.

Uno de estos espacios es el Paseo de la Isla, parque urbano en la orilla derecha del Arlanzón, que se va a ir configurando y construyendo a impulsos, en sucesivas intervenciones, con plantaciones y restauraciones consecutivas e independientes, que no obedecen a una idea rectora ni a un plan o trazado inicial global. Proceso que se incardina en la mejor tradición ecléctica decimonónica, de mezclas y contrapuntos. A la vez que se refuerza y remarca su forma longitudinal, con sus alongados  paseos, con andenes o paseaderos rectilíneos en su banda central (de unos 750 m) y en paralelo al curso del río (que describe a su paso una delicada curva), se le dota poco a poco de plantaciones arboladas que sustituyeron a las anteriores choperas. Antes de ser parque fue zona de arrabales con molinos y de extensos lavaderos y secaderos de lana, en épocas en las que la ciudad era un lugar estratégico en lo referente a los paños lanares y a la Mesta.

Los empeños siempre mesurados y bien meditados atienden poco a poco a allanar su paseo central, con sus dos calles laterales paralelas, o andenes, configurando así su pieza más característica y emblemática, el Paseo, y a irlo consolidando como gran parque urbano en paseo. Paulatinamente se irá protegiendo  de las violentas riadas con parapetos y muretes,  reconfigurando con sendas secundarias y nuevos bosquetes, arriates, cuarteles de flores y las más variopintas especies arbóreas, secuoya incluida. A la par se van incorporando otros recursos propios de la jardinería inglesa, de moda y con gran predicamento  en medio mundo, que se prologa hasta casi la mitad o más del pasado. Primaría lo paisajístico de cariz pintoresco y aquí con dejes románticos y acentos dispares que iremos viendo.

Nos quedaremos aquí con dos ideas que queremos ver confluyentes y éstas a su vez con el río. La de isla y la de paseo. La primera alude a alguna isla fluvial de un curso antiguo y casi virgen: Porción de tierra, rodeada por todas sus partes por agua, que desaparece al engrosarse parte del cauce natural (del espacio de dominio público hidráulico),  en el jardín. La segunda, de paseo, nos remite a un ir y venir, a la posibilidad de pasear libremente por un espacio diáfano, por el que andar, desandar y el volver a andar por un franco paseadero de cómoda superficie horizontal (aparentemente), como prototipo de todo posible paseo. Suelo plano libre de impedimentos, barreras, aditamentos, obstáculos, peldaños, encintados… rarísimo espacio limpio y vacío. Se define así el Paseo como un espacio perfectamente delimitado por un parque que lo envuelve y protege, como una isla. La formalidad y cierta rigidez de ese paseo central, con las dos calles que lo flanquean, se aminora y naturaliza con los bosquetes y plantaciones laterales, más libres y dinámicas, pero sobre todo por el colindante bosque de galería del río. Corredor vegetal con carrizales, espadañales,  sauces, chopos… que queda integrado en el parque, como una pieza más de una premeditada composición de aire naturalista, de no poco valor medio ambiental, paisajístico y jardinero, en armoniosa conjunción.

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Paseo en el que su ser íntimo consiste en no ser, en estar hueca su zona central-lineal, con una espina dorsal o un duramen inexistente. Característica sustancial y distintiva que ha permitido desarrollar en él el más dispar y variopinto tipo de reuniones y actividades, de eventos como se dice ahora: Justas poéticas o juegos florales, exhibiciones de funambulistas, homenajes como el de Cervantes en 1905, actos oficiales, representativos y marciales jornadas militares. Espacio idílico para trotadas familiares en idas y vueltas, en carreras en bustrofedón, para la fiesta y el encuentro en alegres verbenas, para bailes y juegos de “gran salón” decimonónico, y también para el recuerdo profundamente respetuoso o la conmemoración.

Quizá lo mejor de muchos espacios públicos es que estén libres, también de polvo y paja, de todo aquello que puede venir a estorbar, pues la experiencia indica que llegada la ocasión puede estorbar casi cualquier cosa, por nimia o banal que nos parezca. Así el Paseo de la Isla, despejado en su parte nuclear, se muestra lleno y pletórico de vida y posibilidades. Paseo también para el descanso, y para la mirada en largas y altas perspectivas jardineras.

En otoño especialmente muy “paseable”  y recomendable para el gozo de los sentidos, del ánimo y del ánima, si cabe. Público, abierto, accesible, cómodo, acogedor, tranquilo y en lo general aún muy amable.

Además veremos diferentes piezas y fragmentos escultóricos y arquitectónicos, como en un parque arqueológico, y una gran variedad botánica, con monumentales, casi sobrecogedores cedros y plátanos de sombra y notables y expresivos castaños de indias, junto a grupos significativos de tejos; a la vez se puede disfrutar de una amplia representación ornitológica y entomológica, pero eso será en otros paseos.

Paseo de la Isla. Esquema de los jardines y el río.

Paseo de la Isla. Esquema de los jardines y el río.

  • Acceso por la Plaza de Castilla: Latitud:  42o 20´ 16¨ N. /  Longitud: 3 o 42´ 34   O.

Bibliografía:

  • “Parque de la Isla “(historia y Naturaleza). Vicente A. Sebastián. Ayuntamiento de Burgos. Agotado. Localizable en bibliotecas y archivos. Imprescindible.
  • “Historia de los Jardines de Burgos”. Gregorio Carmona y Vicente A. Sebastián. Ayuntamiento de Burgos. Con una fecha, 1948, ya más cercana al s. XIX, lo que hace que sea, en muchos aspectos una pieza de  gran valor documental.

Lugares de interés:  

  • El resto de jardines, parques y paseos indicados. Monasterio de las Huelgas Reales, La Cartuja y antiguo Hospital del Rey y un bosque de corredor integrado en un tejido urbano. Todo esto  sin entrar en el recinto de la ciudad histórica, Casco o Centro y dejando allí arriba el interesante y panorámico Cerro del Castillo.
  •  Cercano al Paseo se localiza el bello Palacio de la Isla, actual sede del  Instituto de la Lengua,  con jardines asociados e interesantes exposiciones temáticas y temporales en su interior.

Folleto divulgativo en la red, en Pdf:

  • Paseo romántico por Burgos Paseo de la Isla.pdf
    Paseo romántico por Burgos.  Parque de la Isa
    Edita: Ayuntamiento de Burgos. Texto: Aula de Medio Ambiente Caja de Burgos. Miguel A. Pinto Cebrián y Juan Carlos Utiel Alfaro.  Fotografías: Aula de Medio Ambiente Caja de Burgos. Miguel A. Pinto Cebrián y Juan Carlos Utiel Alfaro.  Nacho Contreras Fernández (aves).  Diseño e impresión: Imprenta Lomas.

Rutas medio ambientales:

Sobre la última intervención:

Y de la Red: Sin firma ni autoría:

Un Comentario

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