Los sonidos del silencio

 

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

El título de Simon y Garfunkel, prodigio de contradicción en términos, resulta muy sugerente para todos aquellos que vivimos en régimen de torturante medianería, pues a veces, cuando todo calla, nos sentimos en casa. Por desgracia lo habitual es la supervivencia cotidiana al sonido inarticulado y confuso más o menos fuerte, comúnmente denominado ruido. En mi caso, el vecino de arriba vomita una vez cada dos sábados, y el de abajo ha dejado de poner zarzuela, así que vivo en un edén, lejos de una antigua vecinita que parecía un contrabajo pero sonaba como un pito.

Cada 25 de abril se celebra el Día Internacional del Ruido, alertando a los ciudadanos de los trastornos físicos y desequilibrios psicológicos que provoca uno de los contaminantes más agresivos de los que acechan la calidad de vida. Da igual, seguimos con el rugido telúrico del camión de la basura, los gritos y susurros de la chavalada volviendo zigzagueante del botellón, las sirenas de los distintos cuerpos de ángeles de la guarda, la marcha atrás de las máquinas y el escape libre de los futuros héroes del motociclismo.

En el otro extremo, a una pianista de Puigcerdà le piden 7 años y medio de prisión por molestar a una vecina con el sonoro mueble. El Ministerio Fiscal, la acusa de un delito de contaminación acústica y otro de lesiones psíquicas a su denunciante, y a titulo de cooperadores necesarios –castigados con la misma pena– ha encartado a sus padres (se desconoce si por parirla, darle habitación o comprarle el instrumento). Además, la fiscal quiere inhabilitarla para ejercer cualquier profesión que tenga que ver con el piano durante 4 años (esto último podría provocar que se pasara a la percusión). Al final la Fiscalía ha rebajado sus peticiones a 20 meses de cárcel y separación del teclado durante medio año. Salvo que el Tribunal le haga caso a la acusación particular que sigue con la copla de los 5 años de cárcel, no ingresará en prisión. En su informe final, la fiscal invocó el derecho de la denunciante y de todo el mundo: “a ser dejado en paz”, argumento muy de fino jurista.

En fin, que España no solo está invertebrada, sino que además tiene escoliosis de tanto movimiento pendular.

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