El Quinto Poder

El director de cine astorgano reflexiona en torno a la película sobre el controvertido Julian Assange, un filme “propenso al debate, al interrogante, a los eternos dilemas que la sociedad debería descifrar desprovista de toda tendenciosidad, acogiendo quizás el punto de vista más objetivo posible…”

Por JAVIER GUTIÉRREZ, “SABERIUS”
Desde astorgaredacción.com

Forma parte del carácter abierto de la propia película, propensa al debate, al interrogante, a los mencionados y eternos dilemas que la sociedad debería descifrar desprovista de toda tendenciosidad, acogiendo quizás el punto de vista más objetivo posible…

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Nos encontramos en una sala con numerosas pantallas y monitores. Cada una parece emitir una noticia de actualidad, algunas se complementan, otras se contradicen, unas se solapan con otras, hasta formar una mezcolanza de voces en ‘off ‘ apenas comprensible.

Los monitores se encuentran conectados entre sí, a modo de símbolo en torno a las conexiones de Internet y sus diversas terminales, los emisores y el canal que distribuye sus informes a través de la red. Cuando la secuencia se encuadra en plano general adopta una apariencia de instalación audiovisual.

De esta forma el realizador Bill Condon nos introduce en el universo de Internet y de la comunicación, como preámbulo a la historia que está a punto de desarrollar: el periplo existencial de Julian Assange y la creación de una plataforma de información tan revolucionaria y trascendental como lo ha sido Wikileaks.

El realizador se hizo célebre como autor del guión de Chicago, con un reparto estelar y por la que recibió su segunda nominación al Óscar, aunque ya había sido conocido por otros filmes como la adaptación del éxito de Broadway Dreamways por la que logró dos premios de la Academia y tres globos de Oro; o Kinsey, premio al mejor director del Gremio de Escritores británicos, y sobre todo por Dioses y monstruos, con la que logró un premio al mejor guión adaptado, sobre los últimos días de James Whale, el director de Frankenstein.

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La película se plantea en torno a la relación profesional y de amistad entre Daniel Berg y el propio Assange, según el punto de vista del experto informático Daniel Berg (a quien da vida el homónimo Daniel Brühl). Se ha definido como un emocionante thriller político, como un drama personal sobre la amistad y la traición y como un filme sobre la comunicación vista desde un punto de vista liberador o amenazante… El propio director afirmó que el filme “no intenta ofrecer una conclusión sobre el alcance real de Wikileaks, aún desconocido, ni sobre cómo revolucionó la difusión de la información, sino que se propusieron crear un drama que explorara los retos de la transparencia con la esperanza de que estimulara y enriqueciera las conversaciones provocadas por Wikileaks”. Por tanto no se muestra ni a favor ni en contra, sino exponiendo todo lo que se ha logrado mediante Wikileaks, movimiento de hackers o plataforma que permite denunciar anónimamente y filtrar información secreta sacando a la luz una mayor cantidad de información significativa que las corporaciones más prestigiosas de comunicación.

De esta forma nos narra las experiencias de Berg, sus primeros encuentros con Assange a través de amigos comunes y en lugares que ambos frecuentaban, la amistad que comienza a forjarse a partir de la fascinante propuesta de quien ya estaba labrando parte de sus hazañas informativas en la sombra… Se nos describe la personalidad del propio Julian, que en todo momento debe mantener oculta su identidad y la de sus informadores para lograr el éxito de su empresa, el profundo conocimiento informático y de la ‘red de redes‘, llegando a crear sus propios programas y aplicaciones ante el esperado ‘boicot’ que podrían recibir bajo las órdenes del Ministerio de Defensa norteamericano, los primeros escándalos que destaparon (como el del banco suizo que en realidad estafaba a sus clientes para beneficiar a sus directivos bajo la cobertura del anonimato), el equipo de informadores cada vez más amplio que trabajaba soterradamente para este sagaz ‘reportero’, las relaciones con un medio de comunicación de prestigio que publica sus noticias una vez que ha decretado el interés informativo de las mismas, lo cual, a pesar de las amenazas iniciales de los poderes establecidos, termina resultando beneficioso incluso para el propio medio, al ver incrementadas sus ventas…

Los difíciles momentos que atraviesan aún así a la hora de determinar lo que deben publicar… Los debates que se plantean en sus propias oficinas y salas de reuniones… Los encuentros con las nuevas generaciones de potenciales empleados de “Wikileaks” en las fiestas que organizan en las ‘casas okupadas’…

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Bill Condon recrea el ambiente de los países nórdicos, el lugar de procedencia del propio Assange, y ofrece una estética próxima a las producciones europeas (tonos fríos y profusión de neones en la iluminación y la fotografía), argumentos donde priman los aspectos psicológicos antes de introducirnos en el suspense que acaba dominando casi toda la narración, poderosos retratos de sus personajes, etc…

La biografía del propio Assange arroja luces y sombras sobre su propia figura para adentrarnos en la verdadera riqueza de su personalidad. En esta ocasión el Ciudadano Kane wellesiano ya no reside en un magnate de los mass media, sino más bien en quien proporciona la noticia desde el anonimato. El heroísmo compartido por dos personajes nos sitúa cerca de Todos los hombres del presidente (1976) de Alan J. Pakula.

Sin embargo, en esta ocasión planea la sombra de la traición…

La valentía y arrojo del personaje protagonista y esa suerte de blindaje en torno a su persona que fuera tan necesaria para la progresión de sus conquistas informativas, ocultan en ocasiones una historia de su pasado, un trauma de su propia infancia que no se desvela hasta el final de la película…

La pugna por la libertad informativa y el esclarecimiento de los sucesos independientemente de las influencias y del país donde residen quienes sufren las consecuencias de determinados ‘efectos colaterales’, tal y como se han llegado a denominar a algunos ataques aleatorios realizados desde la impunidad por el ejército más poderoso del mundo; la forma de solidaridad y generosidad con la humanidad derivada de la difusión de la noticia sin censuras, al margen de los intereses particulares, económicos o corporativos, todos estos aspectos muestran la grandeza de un personaje que podría ser descrito con rasgos verdaderamente heroicos…

Hasta que aparece el eterno debate entre la publicación de determinada información que puede poner en peligro otras vidas (la de los empleados de los servicios de seguridad, la de los espías, intermediarios, mediadores o miembros del ejército o diplomáticos).

Sin embargo la escrupulosa reconstrucción de los discursos más trascendentales de Assange a lo largo de la película, ofrece lúcidas respuestas en torno a esta forma de justificación de posibles censuras informativas: cuando se declaran ‘guerras sucias’ por intereses económicos o geoestratégicos. ¿Valen más las vidas de quienes prestan sus servicios al ejército que las de los ciudadanos o civiles asesinados unas veces por negligencia y otras por puro ensañamiento, racismo o diferencias ideológicas…? ¿Quién puede decidir qué debe conocerse y qué no debe conocerse?… ¿Por qué la información siempre debe beneficiar a quienes precisamente gozan de más formas de protección?… ¿Ha habido revelaciones temerarias que hayan expuesto verdaderamente a personas y naciones a peligros impredecibles? ¿Dónde están los límites entre transparencia informativa y seguridad? ¿Ha existido algún caso real cuya vida se haya puesto en peligro por la difusión de dichas informaciones?…

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El dilema ante todas estas cuestiones aún permanece vivo con las últimas indagaciones de Edward Snowden en torno a las formas de espionaje no sólo a los funcionarios de la propia administración norteamericana, sino también a mandatarios europeos y de otros países… ¿Hasta que punto esto es legítimo?… ¿Se debe castigar a la persona que desvela esos supuestos “secretos de Estado” cuando da a conocer realidades y noticias a las que todo el mundo debería tener acceso?...” La información suministrada en un simple CD por el soldado Manning marcará un antes y un después en la historia de las informaciones custodiadas por el ejército. Será además uno de los mayores escándalos de la historia reciente, y una información por la que pugnarán diversos diarios de prestigio.

Nuestros protagonistas deben contrastar dicha información en un tiempo récord (en su momento acudían al mismo lugar de los hechos y entrevistaban a las familias afectadas, ahora el voluminoso arsenal de datos apenas se lo permite: tiroteos indiscriminados contra civiles, Abu Graib, operaciones encubiertas, sangre derramada por petróleo, etc… Edward Berg, en el momento más difícil de su vida, y ante la posibilidad de que se vulnerara la seguridad de muchas otras vidas, decidió dar crédito a la versión de los Ministerios de Defensa. Ésta quizá fuera la razón por la que el propio Assange renegara del filme… Sus últimas imágenes en la embajada de Chile sita en Londres, con sus postreras declaraciones, es el mejor epílogo a la película… Pero la historia continúa…

Otros referentes cinematográficos que aparecen en el horizonte son Siriana, Tres reyes, Los idus de Marzo (curiosamente protagonizadas por George Clooney, esta última con respecto a las intrigas políticas de los altos cargos del Ministerio de Defensa y del Pentágono), Buenas noches y buena suerte, respecto a la censura informativa…)

Tampoco debemos olvidar las películas de denuncia política y social de Michael Moore sobre los temas más controvertidos para la sociedad norteamericana: la adquisición indiscriminada de armas de fuego y la nefasta política del miedo en Bowling for Columbine, los atentados del 11-S, los enigmas y paradojas (no acudieron directivos ese día a las torres gemelas, se facilitó la huida de los Bin Laden, no se encontraron restos de fuselaje en el Pentágono) y las posibles vinculaciones e intereses particulares y económicos de la administración Bush y de sus colaboradores respecto a la guerra de Irak, con falsos supuestos de existencia de armas de destrucción masiva –un tema candente que tocaba de lleno el propio Assange, en su célebre Fahrenheit 9/11, acreedora de la Palma de Oro y película documental más vista en la Historia del Cine; o la denuncia contra el monopolio de los seguros médicos y los males de la privatización de la sanidad preexistente en Norteamérica en Psico, cuyo mensaje reivindicativo inspiraría la reforma más ambiciosa de la administración de Obama hasta nuestros días, defendida a capa y espada aún a riesgo de ser boicoteada por la oposición más conservadora, y cuyas consecuencias hemos sufrido recientemente al peligrar un acuerdo que denegaría el techo de deuda de la economía norteamericana, necesario para poder seguir pagando los sueldos de los funcionarios…

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Los temas que abordan se multiplican y cogen el testigo del mencionado Snowden, capaz de lanzar sobre la mesa nuevos dilemas: la acusación por desvelar secretos de Estado pierde su fuerza cuando ha demostrado que el mismo Estado, amparado por el eterno parapeto de la seguridad y las medidas adoptadas bajo el todo vale, ha estado espiando una buena parte de las comunicaciones e incluso conversaciones telefónicas privadas…

El discurso ya no sólo parece formar parte de las más reaccionarias teorías antisistema, sino que cada vez parecen consolidarse como cuestiones de la historia más reciente: la existencia de banderas falsas, la rivalidad entre países por las fuentes de energía cada vez más escasas o por materiales preciados, el paripé de los protocolos y en la diplomacia –lo que mantiene en solfa a los diplomáticos no es realmente el conocimiento de sus declaraciones sino la hipocresía de quienes actúan ante los líderes manteniendo una imagen y después expresan ante sus colegas o en otros foros, opiniones cargadas de prejuicios–, el espionaje industrial de oligopolios en detrimento de las pequeñas compañías, etc…).

En la película se atraviesan diferentes tipos de pantallas: ‘weets’, textos y códigos, para que el espectador decida entre el mensaje idealizado que se ofrece y la realidad confusa y compleja de descifrar, tal y como se presenta… Forma parte del carácter abierto de la propia película, propensa al debate, al interrogante, a los mencionados y eternos dilemas que la sociedad debería descifrar desprovista de toda tendenciosidad, acogiendo quizás el punto de vista más objetivo posible…

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