Jardines en los palacios de Pedro I / Una forma de viajar

Baños de doña María de Padilla. Reales Alcázares de Sevilla.
Baños de doña María de Padilla. Reales Alcázares de Sevilla.

Quinta entrega del arquitecto y paisajista vallisoletano sobre jardines singulares de la Península Ibérica. En esta ocasión se adentra en cómo eran los jardines del siglo XIV, con ejemplos como el del convento Real de Santa Clara de Tordesillas o los Reales Alcázares de Sevilla.

Por JOSÉ CARLOS SANZ BELLOSO

Si es ya difícil comprender los aconteceres y mentalidad ochocentista, con apenas poco más de cien años de alejamiento en el tiempo, cuanto no será más complicado acercarnos a la época en que el espíritu de los tiempos era lo gótico, que florecía y, alzaba esbeltos y luminosos edificios por casi toda Europa a la vez que en la Península Ibérica prosperaban quizá los más sutiles jardines en la mejor y más compleja raigambre hispano andalusí.

A ello iremos, poco a poco, a intentarlo de alguna manera, más con referencias, alegorías, cuentos y leyendas. Acerquémonos a ver algunos de nuestros jardines del siglo XIV. De éstas cuestiones se ocupan concienzudamente historiadores medievalistas, especialistas en fortificaciones y artes constructivas góticas y del al-Ándalus, paisajistas y estudiosos de la arquitectura y  jardinería histórica, arabistas y entendidos  en las culturas de las tres grandes naciones hispanas medievales, la hebrea, la musulmana y la cristiana. Eruditos y peritos en sus trasvases, influencias y absorciones por ósmosis recíprocas, en intrincadas transferencias, copias, referencias…  con paisanos mozárabes, mudéjares, cristianos, cristianos nuevos y viejos, francos, galos, ítalos, “creyentes” islamizados,  moriscos, conversos, mahometanos ortodoxos, judíos de Sefarad (que no asquenazis) o sefarditas…  Así lo cuenta, tan bien, José Jiménez Lozano en su “Guía Espiritual de Castilla”.  Y en los territorios de influencia  islámica con sus periodos y dinastías omeyas, taifas, almorávides, almohades y nazaríes. Una Edad Media Hispana realmente compleja que “produjo” jardines únicos en toda Europa, específicamente hispánicos, de la más pura y clara matriz peninsular, caracterizada por fusiones profundas, por la decantación de influencias dispares, por amalgamas de aleaciones preciosas de Oriente y Occidente, por mezclas sutiles y entrelazados laboriosos de contenidos, formas y materiales.  Cuestiones éstas y otras tan condensamente comprendidas en “Los jardines hispano islámicos”, por la paisajista y jardinera de talla internacional Consuelo Martínez Correcher. Éstos jardines son de ricas composiciones y elaboradísimas configuraciones, “raras y maravillantes”, tejidas en telares en los que trabajan a la vez (todos afanados en la misma pieza) virtuosos jardineros, geómetras, botánicos, matemáticos, físicos-médicos, alquimistas, destiladores, astrónomos, magos expertos en las cosas de las conjunciones astrales, alarifes, alcalleres, trazadores de huertas, hortelanos, alicatadores,  yesistas, alcalleres, caleros… sultanes, emires, califas, nobles, príncipes y reyes cristianos. También acequieros, aceñeros, veedores de caceras,  cavadores de zanjas, fontaneros, latoneros, fundidores, herreros, plantadores de zanjas, maestros del agua… Seguimos con albañiles, leñadores, bosqueros, cachicanes, bardadores de tapias, tapiadores, maestros calafates, carreteros, trajineros, cosarios, pescadores y sabedores de las artes de cría y pesca de peces, anfibios y galápagos. Y las mujeres de todos ellos. Mujeres que intervendrán de una u otra manera también por sí, por ellas y para ellas.

En el extremo sur de Europa

Apenas separados por 25 km de un estrecho mar-océano del norte de África, llegan poderosas corrientes que se absorberán por infiltración, por decantación y mixtura de gran parte de usos, tecnologías, saberes, sentires, sensaciones y sensualidades de Oriente, del lejano, medio y cercano oriente. Con la impronta indeleble de los pueblos prerromanos, con todo el peso y lo que acarreó la romanización, su somera disolución y la venida de los periodos góticos de Alanos, Suevos y Vándalos… en los siglos visigodos y tardo-visigodos. Panorama que se complejiza luego con la Islamización, al introducir al-Ándalus en el Continente saberes de la cultura grecolatina, de los persas, sasánidas o aqueménidas, incluso de los pueblos de India y de Egipto; también se incorpora buena parte de la mentalidad de los pueblos del norte de África de bereberes, beduinos y hasta árabes. En éste panorama, y en paralelo, se cuenta con el papel de conventos, prioratos, abadías, colegiatas, monasterios, cartujas, eremitorios, completos catedralicios y cabildos, escritorios, estudios generales, universidades…

Con esto y con más se tejería el tapiz-puzle, uno tetra dimensional (espacio-temporal) de lo que dicen podría ser un cierto “imaginario colectivo”, o parte de él. O aquello del acervo cultural hispánico, con un largo y profundo sedimento de ¡tantas cuitas y desvelos!

De lo uno a lo otro

O de cómo arquitectura y jardinería no son dos cosas distintas, ni paralelas ni se pueden disociar; ni en esto de los jardines, ni en casi todo lo demás en lo que a ellas pueda competir.

Tradicionalmente, y ahora entramos en los Palacios del rey Don Pedro I,  los complejos palatinos comprendían  entradas, salas de recibimiento, vestíbulos de espera y distribución, salones de boato y aparato, habitaciones de audiencia o consejo, baños, aposentos, cubículos como alcobas y dormitorios, cocinas, despensas, sótanos y bodegas, galerías, arcadas, pasajes… dentro de un organismo articulado, organizado y engarzado por patios, traspatios, patines y patinejos, pasillos, pasadizos, escaleras, corrales, huertas, patios ajardinados (como peristilos clásicos) patios con albercas, fuentes, aljibes, pozos, estanques, surtidores… y  huertas decoradas junto con corralones para caballerías y animales domésticos, huerticas y hasta vergeles.

Todo en un todo. Todo formando parte de una idea global y unitaria en conjuntos con trazados flexibles que permitían transformaciones, crecimientos, superposiciones… casi siempre felices y armoniosas.

Los espacios abiertos, no techados se entrelazan con galerías, arcadas o arquerías, porticadas, soportales y muchas veces con pabellones a espacios interiores, más íntimos, oscuros y secretos. El dentro y fuera se funden. Desde unas salas se ve, huele y se siente  el jardín en patio, casi siempre cuadrangular y cuatripartito (frescor del agua, olor de flores y plantas, rumor de éstas por el viento… ) de tal manera que queda incorporado al propio espacio, con sus cualidades de amplia gama y significado. Desde el jardín se entrevén distintos grises y sombras, salas, tras salas tras pórticos, con tapices, cortinas y telas finas al aire interpuestas o sobrepuestas en veladuras inacabables.

Incluso se incorpora, en el centro del pabellón o sala, el cielo reflejado en la superficie de una fuente circular. Arquitecturas (ajardinadas) palaciegas con baños, fantásticos baños islámicos, comunicados con patios ajardinados, huertas parajes verdes y asomadas al paisaje, con paseaderos y ánditos emparrados y plantas olorosas y de complicadas fragancias.  Grandes albercas cubierta permitían el baño de María de Padilla, que fue tan querida de Don Pedro I, pero no siempre. Gracias y en parte a esa circunstancia contamos con el Convento Real de Santa Clara de Tordesillas, al buen cuidado de Patrimonio Nacional.

De los jardines asociados al palacio nazarí de Pedro I en Tordesillas quedan las trazas generales y el espacio del actual Claustro del Vergel; recinto profundamente transformado que presenta en la actualidad un aspecto adusto con una plantación en jardín de crucero que lo hace más amable.

La portada de entrada al Palacio, la Sala Dorada, el Patio llamado Árabe y los baños, junto a otras pervivencias del palacio original, su relación con el referido Claustro del Vergel, y la iglesia, con un artesonado mudéjar inimaginable, constituyen un conjunto único en la mejor tradición hispano islámica y cristiana. La situación, en escarpe sobre el Duero, las amplias vistas, los patios recoletos de acceso y su descubrimiento a través del caserío tradicional de la ciudad pueden suponer un pequeño milagro.

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Los dibujos del jardín, por José Carlos Sanz Belloso

Nota de José Carlos Sanz Belloso: Estos dibujos son cronológicos e intentan describir cómo es un jardín con cuarteles en foso, sus niveles, plantaciones, y relaciones entre diferentes espacios que los inscriben y alojan.

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