El Museo Guggenheim de Bilbao acoge la muestra retrospectiva más ambiciosa de cuantas se han celebrado en España hasta ahora.
«Georges Braque», comisariada por Brigitte Leal, directora adjunta del Pompidou, es una exposición que recorre cronológicamente todas las etapas de la trayectoria del artista, una de las figuras más destacadas de las vanguardias del siglo XX.
Además de su obra pictórica ofrece material documental y gráfico, en muchos casos inédito y la muestra se cierra con una sección dedicada a la faceta de escenógrafo que el artista desarrolló en los años 20.
Por GERARDO LÓPEZ LÓPEZ
→ @gerloplop
“No hay que imitar aquello que se desea crear”
Georges Braque
(Extraído de sus cuadernos El Día y la Noche)
La extraordinaria importancia de Georges Braque en la pintura del siglo XX y en la historia del arte, queda en evidencia en esta exposición del Museo Guggenheim, abierta hasta el 21 de septiembre, en la que se recorre toda su producción artística desde sus inicios fauvistas, maravillado por la fuerza del color de pintores como Henri Matisse o André Deraín, pasando por el cubismo que desarrolló junto a Pablo Picasso, su invención de los collages, hasta sus últimas obras dedicadas a los talleres, los pájaros y los paisajes de Varengeville.
A lo largo de las 250 piezas que componen la exposición se puede disfrutar de muchas de sus obras maestras como Gran Desnudo, la Guitarra, Peces Negros o algunas de sus naturalezas muertas y sus paisajes como Les Champs de Colza. A lo largo de la muestra se aprecia sobre todo la constante reflexión que este pintor analítico hace sobre la propia pintura. Él es el descubridor de algunos de los recursos del cubismo que su amigo Picasso lleva a su máximo esplendor y desarrollo.
Georges Braque se inicia con una sección dedicada a sus primeras obras fauvistas y al descubrimiento del cubismo. De la primera parte destacan los paisajes pintados del puerto de L’astaque cerca de Marsella y de su cubismo inicial, tras el encuentro con Piccaso y su obra Las Señoritas de Aviñón que cambió su vida y su obra, se pueden ver varias pinturas de instrumentos musicales, paisajes, arquitecturas y sobre todo el retrato Gran Desnudo.
La segunda sección, dedicada al cubismo analítico, las papiers collés y el cubismo sintético, recorre la producción de Braque entre los años 1910-1914, años en los que recorre junto a Picasso el camino hacia la ruptura total con la visión clásica anulando la perspectiva tradicional y reduciendo el color a claroscuros. El propio Braque describe así esta etapa “en esa época, estaba muy unido a Picasso. A pesar de tener temperamentos muy distintos, estábamos guiados por una idea común. […] Vivíamos en Montmartre, nos veíamos todos los días, hablábamos… Durante aquellos años, Picasso y yo nos dijimos cosas que ya nadie se dirá nunca más, cosas que ya nadie sabría cómo decirse, que ya nadie sabría comprender…”.
En esta sección se pueden contemplar obras representan objetos cotidianos e instrumentos musicales cuya silueta está únicamente sugerida por la orientación de los planos. La muestra continúa con sus famosos papier collés (papeles pegados) que imprimen un nuevo caráacter a su cubismo y que poco después abren la etapa del cubismo sintético. Poco a poco va introduciendo además de los trozos de papel otros elementos como serrín, piedras, arena…
La producción de Braque se ve interrumpida por su incorporación a filas durante la Primera Guerra Mundial y tras ella retoma su actividad. La tercera sección de la muestra recoge las obras producidas en estos años, naturalezas muertas, desnudos, las canéforas (jóvenes desnudas con cestas de frutas en la cabeza, que si bien son un tema clásico pueden encuadrase en el último cubismo) y la serie de ilustraciones encargadas por Vollard en 1931 al artista de la Teogonía del poeta griego Hesíodo.
La sección Naturalezas muertas de la década de 1930, el período de guerra y los billares comienza con obras más decorativas que se van volviendo más oscuras y dolorosas a medida que los acontecimientos van desembocando en la Segunda Guerra Mundial. Durante la guerra produce obras que reflejan la violencia y la inquietud, incluso sus naturalezas muertas, sus interiores y talleres. Esto mismo se aprecia en dos pinturas de 1942, Hombre con guitarra y Hombre con caballete. Con la serie dedicada a Los Billares recupera el espacio visual cubista.
Con los Talleres y los Pájaros, Braque aborda por una parte (en los Talleres) el compendio de sus investigaciones pictóricas a través de ocho lienzos y Los Pájaros son el resultado del encargo de decorar una sala de Museo Louvre, lo que hace a través de tres paneles con enormes aves azules y negras con formas sensuales que trata de una manera figurativa para ir evolucionando hasta la abstracción.
La sección titulada Los Últimos Paisajes recoge las pinturas realizadas por Braque al final de su vida cuando se movía entre Paris y Varengeville y que algunos críticos reconocen como la producción más interesante, curiosa y emocionante del artista. La muestra se cierra con una sala dedicada a la relación de Braque con el ballet y la escenografía. Tuvo una estrecha relación con Serguéi Diaghilev y Léonide Massine que se plasmó en la escenografía de cuatro obras. Para disfrutar de ellas se ha diseñado un montaje exclusivo para la sala del edificio de Frank Gehry.