
Por TOÑO MORALA
Le había dicho un montón de veces que la luna no se podía coger con escalera; pero él, obstinado y sobre todo soñador, solo quería atrapar la luna para regalársela a su madre enferma. Ese día el cielo estaba sin color conocido y sin entrañas. La mañana se había perdido entre el sollozo y limpias lágrimas del niño huesudo y solitario. Después de comer, se dejó llevar por el sopor de una siesta, y en ella, los sueños se quedaron tendidos sobre la almohada. Fue a la habitación de su madre, y la encontró muy triste y pálida; apenas podía hablar; el pecho lo tenía roto de tuberculosis; llevaba su pañuelo a la boca, mientras decía al niño que no se acercara.
—¡Madre… esta noche le voy a traer la luna… a ver si la cura…!
Mientras la tarde moría en el regazo de la noche… y una bombilla pobre iluminaba al silencio; el niño bajó al patio, cogió la escalera de madera, la apoyó sobre el tejado y subió a alcanzar la luna; cuando la recogió entre sus manos, bajó, entró en la habitación de su madre y se la puso a los pies de la cama… al día siguiente, la madre se levantó… miró por la ventana, y ambos sonrieron. Al segundo, el niño se colocó los tirantes del pantalón corto sobre sus huesudos hombros, y comenzó a jugar con la pelota de trapo.

Enternecedor :)
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muy bonito……
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Dulce
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