Divanes (sofá, sillas y sillones)

Cancamusa 2. Enero 2015. © Fotografías: José Ramón Vega.

Cancamusa 2. Enero 2015. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez han aportado una nueva sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita? / Aquí va la segunda entrega:

Divanes (sofá, sillas y sillones)

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Enero 2015)

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Antes, no mientras ni durante. La espera es vegetal. Lo adormecido simula estar a punto de. Un duermevela inquietante. Es el aire de esa atmósfera; la luz ligera; un precipitado color vermouth blanco.

También un orden de osario: una mañana doblada sobre otra mañana plegada sobre otro albor plisado sobre otro mediodía el amanecer que se estira y estira y se recoge después de haber secado al sol y se plancha con vapor y almidón y una jornada sábana sobre una toalla soleada… Una montañita de algodones y jabones olorosos que vienen del cielo. Una sola palabra rasgaría los armónicos de esa luz, como una azagaya venida de otro tiempo que no encuentra en qué. Antes, no hay ahora, todo es víspera sin peso. La espera es un bajo relieve, como un desgastado tronco poroso que llora hormigas blancas.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Después está lo carnal. Lo sobrevenido en la estancia. El peso casi insoportable del salón onírico: preparado una y otra vez para un mismo baile. Mil bailes son el mismo baile, si lo dices con la lengua bailando. El perfume, sus almizcles, los cosméticos, la gomina, el betún grasiento de los botines, la piel transpirando un vals, el aire de los derviches, los vapores del ponche y la fricción del tango… Todo ascendiendo en una nube de talco como máscara de carnaval. Todo protector con el desgaste sagrado.

Las sillas boca abajo son los bailarines muertos en combate, Lily Marlen. El muchacho rubio que fuma bajo la bujía, puede decírtelo.

Las paredes lloran lo que los espejos ríen. Como si la memoria nos sacara a bailar al puro centro de una europa imaginaria, y nuestros pies empezasen a sentir la humedad de una sangre que ya parecía seca.

Di tres veces alexanderplatz y despertarás.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Apariciones. Donde una vez estuvimos tú y yo. Tuyyó, la memoria es ahora un carrusel color arándano, en la revuelta de una calle cortada. Tú y yo, con caravana al fondo. Bebiendo, fumando, contemplando las apariciones. Da vueltas, todo gira ante nuestros ojos. Somos la x oculta tras la sebe.

En uno de los sótanos de la gran fabrica abandonada, un hombre cocinaba un ciervo para nosotros, mientras tocábamos nuestra extraña música (Kassel). Nueces verdes en la ciudad arrasada. Laberintos comerciales en la parte exsoviética. Una melena de mujer es el río Elba (Dresde). Fotos cómicas, cartón piedra en el check-point charlie, pero también había una verdad modesta en el museo del viejo muro. Pequeñas plaquitas metálicas con los nombres de las personas deportadas a los campos, casi invisibles, nombres completos, muchos, en el suelo de su antiguo portal intacto. Cruzar el parque de los mendigos con el dramaturgo. Uno de ellos, según nos dijo, tenía la costumbre de lanzar pelotas de golf al amanecer… Sombra bajo los tilos: soñé que un globero sujetaba la cara de Benjamín, de Brecht y de Kurt Weill, pero mi mamá no me los compraba (Berlín).

Un Comentario

  1. MANUEL BERTRAN REGUERA

    He gozado de una tarde de primavera en Alexanderplatz, en Berlin, entre palacios suntuosos que superan otros coetáneos de la Ciudad de la Lumiere.

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