Yeki bud, yeki nabud

Cancamusa 5. Abril 2015. © Fotografías: José Ramón Vega.

Cancamusa 5. Abril 2015. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez continúan con su original sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita? / Aquí va la quinta entrega:

Yeki bud, yeki nabud

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Abril 2015)

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Hay que haber nacido varias veces y una en Egipto. Hay que haber escuchado la voz de Om Kalsoum entre las cuerdas vibrantes de los violines y los bigotes casi transparentes de un felino. Hay que haberse rasurado las cejas en señal de luto por la muerte natural de un gato, embalsamarlo en un compartimento secreto y transportarlo a la ciudad de Bubatis en una noche oscura, como cuenta Herodoto en su viaje al sur. ¡Hay que ver! Todo lo que relata el ojo medio cerrado, que confiere vida a ese cuerpo casi inerte sobre el escaño. Todos los ojos que desde la pared nos observan, ojos negrísimos de la veta del durmiente. Mirada coral, asombrada o aviesa, de los espías de la corte. Hay que sentir a Om Kalsoum, pañuelo de seda entre las manos y media luna de nácar en el pecho, decir, decir, decir: Tus ojos me llevaron a aquellos días que se han ido. / Me enseñaron a arrepentirme del pasado y sus heridas. / Todo lo que mis ojos vieron antes de conocerte a ti fue una vida perdida.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

¿Veis ese solar de luz al fondo, como un clamoreo de amanecida; veis ese resplandor inquietante de ahí atrás? ¿Os habéis fijado en este pobre charco, aquí tan cerca? ¿Veis su menesterosa piedad? ¿Sentís el airón de todo: todo quieto, todo removido, la hierba, los árboles, el agua invisible? ¿Y las paredes foscas, el verdín, lo desconchado y sucio, no os inquieta? ¿No os duelen los ojos de esa chimenea, no sospecháis de ese alfil negruzco? ¿Qué me decís de esa puerta muda, de esas ventanas ciegas, de esta manca soledad? ¿Un claro tan oscuro en el corazón del bosque? ¿Compartís la sensación de falsedad de ese arbolito enano? ¿Llamaríais “casa” a esta tiniebla sin entradas ni salidas? ¿Casa, casa? ¿No os dais cuenta de que acaba de posarse?

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Yeki bud, Yeki nabud. Había alguien, no había nadie… Y así es el mar, como esos pañuelos de aguas en la cabeza. “Traigo todo el mar en la cabeza / de aquel modo en que las madres jóvenes / dan de mamar a sus hijos”, decía Eugenio de Andrade, tarareando su nana en la bahía. Ellas flotan de espaldas a nosotros en este mundo invertido de las despedidas en que, quizás, rojo significa pasar y verde quedarse quieto. Promesas del Este. El último ferry trae una nostalgia de seda, un sabor a sal de cementerio marino y un verso de espuma: “El mar, el mar siempre recomenzando”, que hace zozobrar nuestra imaginación. Lo que la mirada detuvo para siempre ya no puede llamarse más transbordador.

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