Cameos

Cancamusa 10. Septiembre 2015. © Fotografías: José Ramón Vega.

Cancamusa 10. Septiembre 2015. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez continúan con su original sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita? / Aquí va la décima entrega:

Cameos

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Septiembre 2015)

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Magia del joven africano que, para yacer furtivamente durante la noche con su amada, esparce tierra de cementerio sobre el techo de la casa de los padres. Lo hace en la creencia de que, esa tierra, inducirá a un sueño profundísimo a los progenitores de ella. Magia por “contaminación”, lo llama Frazer en la Rama dorada.

¿En qué se parecen la siesta y la muerte?

Sobre la cama hay un cuerpo invisible —¿No lo sentís?— que flota como una bombilla en la niebla. La cama se deshace sola al entornar los ojos, como el tiempo. Flores estampadas, paños deshilachados y paredes enfoscadas. Y, sin embargo, todo desdice el sarcófago. Quizás la pera, apósito eléctrico, pudiera ser un avisador desde las tinieblas, y ni eso. Quizás la exigua luz sobre el jardín cobertor recuerde la geometría del camposanto, pero no. Una balsa serena flotando en medio del lago, nadie responde a nuestras voces…

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Nacer en un ojo de pez. Nada que ver. El parto es una herida. La yema de un dedo va dejando huellas, sutiles huellas azules en el cuadro deformado. Peces azul verdoso en las baldosas, en el cobertor, en las lamparillas. Nacer con las cortinas abiertas como si fueran alas. Ver la luz en un hostal. Lo que la luz trae de afuera, lo que la vida trae de adentro, con su oscuridad. Nacer en un reflejo de ropero. Todo lo complementario podría resumirse en la banda rosa que jalona esa papelera. Una caja de resonancia. La habitación moribunda. Podría ser una buena cama para nacer, esta, si debajo no habitase un cadáver tan familiar.

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© Fotografía: José Ramón Vega.

Si no fuese un rostro de exasperante simetría; digo, si no fuese una sonrisa simulada, casi una careta de carnaval… Como si resumiese el trampantojo de la boda: así de claro, de vaporoso, de evanescente, flotaría el tálamo nupcial. El que mira hace balance de blancos y se pregunta, sospecha. ¿Por qué no llegan las mesillas al suelo? ¿Por qué la luz abre una ventana ciega? Y recita su magia: entre los cobertores pasa un rebaño/ caliente y sinuoso, /sin inteligencia propia,/ que avanza y se revuelve. /Así las manos y los pies /son genitales.

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