Madres de la dignidad

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Por TOÑO MORALA

…. —¿Cuántos venís…? —¡Cinco, Madre, cinco! Abría aquellas barras que hacían los panaderos de los barrios obreros y, dentro iba un trozo de tocino, otro de carne del cocido, un par de lonchas de mortadela (cuando la había) y entremedias metía aceite y azúcar y repartía la pieza en cinco partes; a uno le tocaba en su porción, por decir algo… pues tocino, parte de una loncha de chorizo y aceite con azúcar… no quedaban ni las migas. Años muy duros en los barrios obreros de las grandes ciudades, aquellos principios de los años sesenta y setenta, y así era en todas las casas; se iba repartiendo la pobreza. Qué destreza la de las madres para solventar un montón de problemas y siempre con una sonrisa en la boca, y además los paisanos no ayudaban en nada en las labores de la casa; el duro trabajo y el chigre eran sus parcas labores. Aquella nefasta cultura franquista no daba para más, pero las mujeres de la dignidad ya trabajaban fuera de casa; dejaban prendida la económica de carbón con el hervidor de la leche para el desayuno con pan migado, las lentejas a cargo de la abuela o de la vecina. Jamás se cerró la puerta con llave, estaban las casas siempre abiertas. Los sábados, baño en balde de zinc en tres minutos y con las orejas peladas del jabón de “Lagarto” y estropajo de esparto, te secaba encima de la trébede y para la cama.

En aquella ocasión… la cosa fue que uno era más rebelde que… en conclusión, la madre le tiró la zapatilla de medio broma, con tan mala suerte que era verano y salió disparada por la ventana hacia el patio, donde un par de perros la deshicieron por completo; la otra ya la deshizo en el culo del guaje. Cuando el chaval empezó a trabajar con trece años y en pantalón corto, fue a “Saldos Arias” y le compró un par de zapatillas de aúpa, con tan mala suerte que la madre tuvo que cambiarlas, pues eran del mismo pie. Habría mil anécdotas de estas buenas madres… y así estuvieron toda la vida. —¿Cuántos venís…? —¡Siete, Madre, como los siete magníficos…! Sonreía libre como el viento… qué inmensa fuerza, qué inmensa vida… cuánta dignidad silenciada repartían y regalaron.

  1. Andrea

    Maravillosa naturaleza de poder crear y sentir desde el vientre tu nueva vida… vinculo que para siempre protegeras y cuidaras hasta el final de tus dias…

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