Marga Gil Roësset (1908-1932) / Escultora, ilustradora y poeta

Marga Gil Roësset.

Marga Gil Roësset, trabajando en una escultura, en una fotografía tomada hacia 1930.

“Mujeres que no están en los libros de texto, que no son un nombre en nuestra memoria, que no reconocemos como especiales en la construcción de un legado del tiempo y de nuestra historia aprendida. Ellas que fueron y en ningún papel se refleja su huella”. A ellas está dedicada esta nueva sección propuesta por Charo Acera Rojo, artista, escultora y profesora de Arte afincada en León.

La primera mujer de esta serie, Marga Gil Roësset (Madrid, 1908 – Las Rozas, 1932), fue escultora, ilustradora y poetisa en una familia de mujeres artistas —fue hermana de la escritora Consuelo Gil Roësset (1905-1995), sobrina de la pintora María Roësset Mosquera (1882-1921) y tía de la poetisa y fotógrafa Margarita Clark—. Siendo muy joven se enamoró del poeta Juan Ramón Jiménez, casado con Zenobia Camprubí. Desesperada por su amor imposible, a los 24 años decidió suicidarse de un disparo en la cabeza, aunque antes destruyó toda la obra propia que logró localizar, incluyendo las fotografías de sus esculturas. Dejó cartas a su hermana, a sus padres y a Zenobia, así como un diario a Juan Ramón Jiménez, quien, impresionado, dedicó tiempo después a Marga varios poemas y una de las semblanzas literarias contenidas en sus “Españoles de tres mundos”.

Por CHARO ACERA ROJO

A modo de introducción:

La escultura es un Arte, expresión artística, lenguaje plástico, creativo e intelectual, que pretende representar en tres dimensiones una realidad o irrealidad, cuestionada por una persona, el escultor.

El artista elige vivir en un taller, sabe que hay que poseer cierto grado de valentía, fuerza física, un cerebro con una gran voluntad para ejecutar un trabajo tridimensional en cualquiera de los materiales; sabe que este Arte exige, reclama fortaleza, tesón, constancia y aguante para llegar al final.

La mente del escultor está desarrollada de manera tridimensional. Tal forma, a veces, es innata, y a veces, consecuencia del estudio y de mucha práctica. El dibujo será el oficio mental, crecer en la observación, realizando constantes volúmenes en diversos materiales y con diferentes procedimientos técnicos, hasta encontrar un lenguaje propio; esta actividad se convierte en su manera de vivir.

¿Es un Arte femenino?

Existen razones para valorar, como causa, la diferencia en la condición física entre el hombre y la mujer: ellas tienen menos fuerza que el hombre. Las pellas de barro pesan, las piedras de granito aún más, manipular el acero cortén o el aluminio no son tarea fácil. La anatomía y la condición física del cuerpo de la mujer condicionan inevitablemente, pero son sociológicamente estereotipos establecidos, ya que ha habido mujeres capaces, un ejemplo: la artista británica Bárbara Hepworth (1903-1975).

La escultura es un Arte, en la historia antigua, realizada siempre por hombres. A la mujer se le ha puesto siempre muy difícil este Arte, como todos aquellos oficios con gran carga física, vetados y que no, por ello, dejaron de realizar. Siempre, claro está, teniendo en cuenta las distintas culturas y regiones habitadas.

Antiguamente ninguna actividad artística estaba bien vista para la mujer (el concepto general para aquellas que elegían hacer Artes estaba más relacionado con el campo de la prostitución que con el proceso intelectual de la creación). Aún ocurre.

Actualmente, en esta época, en pleno siglo XXI no hay mucho problema y las cosas son diferentes: el Arte es campo de expresión para todos. La escultura se trabaja igual por hombres que por mujeres, todo está cambiado mucho, incluso los conceptos y procedimientos. Las instalaciones o acciones sustituyen al granito, la piedra, el barro, la escayola, y el bronce; los usos de materiales más livianos acercan más, a todos, al tratamiento del espacio, y se habla de pérdida de identidad y objetivos del Arte de la Escultura. La idea es el fundamento de la obra que, diseñada en un papel, la industria transforma y construye. Casi nadie se mancha ya las manos. Modelar, tallar, soldar… parecen estar en peligro de extinción, el artista es más gráfico que plástico. Siempre, es obvio, con excepciones.

Otra razón histórica por la que la relación mujer/escultura no ha sido ideológicamente aceptada es la educación religiosa, pues condiciona desde la infancia, la adolescencia, la juventud, a la hora de decidir qué quieres ser. En España, como consecuencia de una educación en la férrea religión católica, la mujer debía ser esposa, debía ser madre y no hubo muchas mujeres que pudiesen realizar una carrera profesional en el campo de la escultura saltando todos los muros y tiempos derivados de su condición de mujer. Generalmente, eligieron ser madres, ser esposas. Lo contrario fue excepción.

Marga Gil Roësset, una artista enamorada

Sí, ocurre así, y ha ocurrido siempre, como en la época de Marga Gil Roësset (1908-1932), hace más o menos cien años, y a pesar de ser ella de lo que se entendía por “de buena familia”, no debió ser nada fácil, ni nada diferente.

Marga fue una niña superdotada para las artes del dibujo, la escultura y la poesía; despuntó en sus modos y su facilidad para comprender, entender, representar y construir volúmenes modelados, tallados, dibujados, y sorprendió a expertos y críticos de la época.

Demostró sus hábiles maneras desde niña y todo el mundo reconoció su valía, pero ser escultora…

Le dejaron hacer hasta que, empezando a ser adulta, se cruzó por medio el amor. Eso dicen las crónicas periodísticas, que, en aquella época y en la sociedad acomodada en la que vivía, justificaron su decisión de quitarse la vida.

Puede plantearse una teoría paralela que defiende, con coherencia, la experta en Marga Gil Roësset, Ana Serrano Velasco: “Esta escultora joven se quita la vida en su desesperación al darse cuenta que nunca nadie va a creer en ella como escultora, y antes de hacerlo, destruye todos sus dibujos y sus piezas tridimensionales, impidiendo que su legado quedase para la historia. La rabia de no ser creída, tal vez, le obliga a destruir y a destruirse”.

No puede tomarse esta hipótesis como válida cuando todos los documentos periodísticos que se conservan de su vida, más un diario que deja, hablan en gran parte de amor.

Una mujer escultora, joven, con unas actitudes extraordinarias para la ilustración y para la escultura, escribe poesías, que a la narración de sus emociones añade, entre otras, la admiración o el amor por un hombre casado, inteligente, culto, ideal y mucho mayor que ella, como dice cuando escribe:

Tengo bastante miedo
parece que tengo que morirme triste
sin beso, ni corazón de voz de plata, ni versos
¡ay! imaginar
siempre imaginar
yo no sé si en este momento
sabré engañarme aún
o me moriré de pena.

Es posible que, en su reflexión sobre lo que quiere llegar a ser, piense que no va a ser capaz de cumplir lo que como persona sueña y quiere ser: Una Artista.

Algunas referencias más:

Antonio Lucas: “Está enterrada en Las Rozas. Un corralillo cuadrado con algunos cipreses. Fue llevada en hombros en su caja blanca llena de rosas. (…) Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida”. (En El Mundo)

¿Generalmente en la mujer existe un motor emocional en el proceso creativo, en el desarrollo ejecutor de la obra?

Ana Serrano: “Quizás sea un disparate lo que voy a escribir, pero tengo la sensación de que Marga, ante su fracaso amoroso, vital, decidió matarse porque artísticamente no podía más. Podía, como lo hizo, romper toda su obra que no le gustaba (del mismo modo que Camille Claudel antes de ingresar en el manicomio) y matarse “tranquilamente”. Baudelaire lo dijo, claro, mucho mejor que yo: “La búsqueda de la belleza es un duelo en que el artista grita siempre horrorizado antes de sucumbir”.

“Pero en sus esculturas, ahí ya no les fue posible encontrar influencias: todos coincidieron en que era única, distinta, genial. En palabras de José Francés, como escultora “Marga ES”. Y debía de trabajar y trabajar, sólo trabajar. La cantidad de obra que se conserva, pese a haber destruido la mayor parte el día que murió (se deshizo incluso de las fotografías de sus esculturas) es insólita”.

“En 1930, a los 22 años, presentó un “Adán y Eva” a la Exposición Nacional y fue un clamor. Nadie se explicaba cómo era posible que aquella criatura esculpiera así”. (En perso.wanadoo.es)

“La pasión de aquella frágil criatura que esculpía en granito y en piedra (caso totalmente inusual en una mujer), continuamente herida por las esquirlas que le saltaban, generosa, buena y deseosa siempre de regalar cintas, flores, versos o su obra a los que quería, se volcó en un hombre que no se dio cuenta, no calibró lo que desencadenaba con su coqueteo continuo, contenido y medido, que practicaba siempre con la legión de jovencitas de talento que le frecuentaban con su beneplácito y con el de Zenobia. No calibró, no vio que Marga era distinta: era un genio, era pasión, y se le fue de las manos su paternal y coqueta tutela. Marga no admitió que le impusieran su forma de producirse con el poeta, como nadie le había impuesto su forma de dibujar o esculpir”. / “Nuevos datos inéditos sobre el suicidio de la escultora Marga Gil Roësset (1908-1932) por amor a Juan Ramón Jiménez“, Graciela Palau de Nemes (Maryland University)

“Todos los diarios equivocaban su nombre, ya fuera por omisión del apellido paterno o mal deletreo del materno. Equivocaban también su edad, tenía veinticuatro años, no veintidós. No se hablaba de su talento, pese a que José Francés, respetado crítico de arte, había escrito celebrando a Marga y a su hermana Consuelo por la publicación de un cuento titulado «El niño de oro» en Madrid, en 1920 (Ed. Mateu), escrito por Consuelo cuando tenía quince años e ilustrado por Marga, de doce. Tres años después salió en edición bilingüe en una editorial de París, «Rose des Bois», con texto de Consuelo y dibujo de Marga”, (Marga Gil Roësset. Catálogo, 41-42).

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