Diálogos con murmullo al fondo

Cancamusa 15. Febrero 2016. © Fotografías: José Ramón Vega.

Cancamusa 15. Febrero 2016. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez continúan con su original sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita?

Aquí va la décimo quinta entrega:

Diálogos con murmullo al fondo

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Febrero 2016)

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Como una flor que nace en el cemento de la acera, la intimidad de dos, contra viento y marea. En ese segundo plano, en que la realidad ya es solo comercio, movilidad y seguridad, se expresa el no-lugar, el espacio del anonimato que nos describió el antropólogo francés Marc Augé. Un transfondo de soledad: de movimientos acelerados, situaciones inestables y tránsito ininterrumpido, donde los encuentros son casuales, infinitos, furtivos, inesperados. Y sin embargo, la charla en voz baja de dos, la cuevecita del tú y yo hace saltar por los aires la vacuidad de autopistas, aeropuertos, áreas de descanso, andenes, salas de espera, supermercados… Aún, nosotros contra el mundo, Bonnie and Clyde.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Lo que el abrazo oculta o, según se mire, señala como una flecha. Al fondo, el Centre Blanquerna, Centre cultural catalán en Madrid. Ese abrazo casi imposible, el que no nos sabemos dar, el que no nos atrevemos a intentar. La cosa tiene miga, y el abrazo, fraternal o amoroso, va cobrando su sentido. En el siglo XIII, Ramón Llull escribió aquella novela idealista Llibre d´Evast e Blanquerna. Llull, el alquimista, el cabalista que escribía tanto en árabe como en latín (Arabicus Christianus, otro quimérico abrazo). Llull, el divulgador científico que intuyó la fuerza de atracción de la gravedad casi trescientos años antes que Newton, cuando escribió: “Es la piedra movible con movimiento violento o natural: violento cuando se arroja con impulso al aire, y natural cuando desciende, pues entonces se mueve conforme a la gravedad, cuyo movimiento es sensible por la vista, imaginable por la imaginación e inteligible por el entendimiento”. Pero qué fuerza de atracción actúa en el abrazo, si sabemos que lo mismo que hace caer la manzana sostiene a la luna en su órbita. Parece la escena una muñeca rusa de abrazos posibles e imposibles. Haz el amor, no la piedra.

© Fotografía: José Ramón Vega.

© Fotografía: José Ramón Vega.

—Hey, chaval, si vas hacia la isla, ten cuidado con el gorila.

—¿El gorila? Hablan de que hay un monstruo en el lago, pero la descripción que hacen no es la de un simio. Por cierto ¿Quién es usted?

Dino Paul Crocetti, de Ohio, actor, cómico, cantante… Ah, y dipsómano. Pero todo el mundo me llama Dean, Dean Martin. ¿Una Copa?

—No bebo.

—Pues lo va a pasar mal en Escocia, rubito. Oh, qué paraíso. El güisqui está en el aire. Tendrá que atar en corto a ese jodido viejo de Haddock.

—¿Conoce al capitán? Uhhhmm. Sabrá que ya no bebe.

—Ja, ja, ja. Ese viejo y triste pez inglés, sabe beber y guardar la ropa, ya lo creo. Le conozco desde El cangrejo de las pinzas de oro. Un gran tipo.

—¿Cómo está al tanto de aquello? ¿Quién es usted en realidad? Me está empezando a incomodar. Además está… Huele a alcohol.

—Eh, muchacho tranquilo. También tú hueles a miedo y a perfume colonial. Sí, estoy beodo, pero al menos soy real, existo. Bebo, luego existo.

—A que se refiere, esto es absurdo; voy a tener que dar por finalizada esta conversación.

—Es la diferencia entre realidad y ficción, amigo. La ficción no duele. Verá, ese monstruo del que habla no existe en realidad, pero mantendrá el interés sobre el lago, un interés real. Sin embargo, debería preocuparse por el Gorila de los falsificadores, ése le podría matar.

—¿Cómo sabe todo eso?

—He leído todas sus aventuras. Es usted un ectoplasma, como diría el capitán. Ja, ja, ja.

—Quizás, ahora, tomaría esa copa. Estoy pensando, por utilizar palabras del Haddock, que a usted se le podría considerar un parásito y un pirata de carnaval ¿no es cierto?

—Touché, caballerete. Brindemos. Ah, cuidado con Hernández y Fernández. Nunca me cayeron bien, me recuerdan a mi contable. Le siguen.

—¿Por qué? ¡Hip!

—Shhhh— (Susurrando) —Creen que atracó un tren.

—¿Qué?— (Con lengua de trapo) —Tro-glo-di-tas. Tebo tejarle, m´esperan para zenar. ¡Hip!

—Definitivamente, no sabe usted beber, muchacho. Au revoir! Y péinese el flequillo, hágame el favor.

 

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