Prohibido fijarse en los carteles

Cancamusa 21. Agosto 2016. © Fotografías: José Ramón Vega.

Cancamusa 21. Agosto 2016. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez continúan con su original sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita?

Aquí va la vigésimo primera entrega:

Prohibido fijarse en los carteles

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Agosto 2016)

Esa voz susurrante que te espera agazapada sobre una valla, en una ventana o una tapia y que, a tu paso, se arrastra hacia tu ojo/oído como un áspid para convertirse, de repente, en grito: RAZÓN AQUÍ, PROHIBIDO FIJAR CARTELES, SE AVISA GRÚA… El cartel o aviso, la pancarta, el anuncio grita o susurra. Desde el muy cartesiano y resonante: SE VENDE RAZÓN AQUÍ; al siempre erotizante y discreto: se cogen puntos a las medias.

Se dan clases particulares, hay ballena, climatizado en el interior, prohibido blasfemar, hay libro de reclamaciones, queda reservado el derecho de admisión, no tocar, impida que los menores suban solos, peligro de muerte, ojo al perro, recién pintado, se hacen copias, prohibido escupir en el suelo, se alquila, perros no.

‘Prohibido cantar: si lo hace bien en la terraza y sino en la plaza’, podía leerse hace algunos años en la centenaria taberna Benito de León. Y ‘desayuno vegetariano: café y chupito de hierbas. 2 €’, en una cafetería de Ferrol.

Fotografía: José Ramón Vega.

Fotografía: José Ramón Vega.

Siempre nos fue inevitable jugar con las leyendas de los carteles, como si de los espejos deformantes, cóncavos y convexos, de Valle Inclán se tratase. Así donde dice ‘Expertos en termitas’, uno quiere leer ‘Termitas a espuertas’. Máxime, cuando se ve detrás ese bosque maderero, un auténtico paraíso para la carcoma. A uno le da la sensación de que esas termitas deben ser ya como centollos, a juzgar por las vallas que los ‘expertos’ disponen para que no escapen. Es natural que se hayan hecho robustas, pienso yo, si ‘desde el 1990’ están cebándolas.

Uno deduce también que la fotografía está hecha en la provincia de Huelva. Pero, tristemente, no por el tipo de floresta, ni por el color del cielo, sino por el prefijo del teléfono fijo que se ofrece (959). También se da cuenta de que el cartel ha de ser del 1998 o 1999, cuando los móviles empezaron a tener un seis como primera cifra. Así que serán expertos en termitas ‘desde el 1990’, pero el cartel es claramente posterior. Y uno cae en la cuenta de su ignorancia de todo lo natural, pero su saber de algo tan absurdo como la telefonía. Y piensa que el aviso es sobre las termitas que le han metido en el cerebro.

Fotografía: José Ramón Vega.

Fotografía: José Ramón Vega.

 Un aire de pequeña cárcel y una amenaza latente, se condensan en esa ventana siniestra. A uno le recorre un escalofrío al pensar que podría ser, él mismo, un cebo vivo. Se le viene a la cabeza la historia de Hansel y Gretel, cebados vivos para morir en el horno. Y los muchos cebos que la vida contemporánea nos propone cada día.

Pero no puedo olvidar, viendo la intrigante persiana medio cerrada, la negritud de los barrotes y el grito silencioso del cartel, la gran película del húngaro Ladislao Vadja, El cebo. La importancia de lo que ocultan las imágenes, al mostrarlas. Como en el enigmático dibujo de la niña. O la marioneta que utiliza el asesino para atraer a esa niña. O la niña real que el policía utiliza, forzando los márgenes éticos, para dar caza al monstruo.

¿Quién vive aquí?

Fotografía: José Ramón Vega.

Fotografía: José Ramón Vega.

‘No pises la hierba, fúmala’, se decía en mis tiempos mozos. Y no me negarán que la imagen no deja de tener ese no sé qué lisérgico, una extrañeza perezosa y contradictoria de principios del otoño. Como si el cartel hubiese desertado de sus obligaciones y estuviese tomando el tibio sol del domingo. Le oigo tergiversarse, mearse de la risa, como si dijera: ‘No pis ar campo’. Se podría decir que el cartel está ‘puesto’, aunque pareciese contradictorio. Se ha tumbado a ver el cielo y la cara del animalillo de pezuñas rojas que se agacha sobre él y le mira fijamente con su máquina de robar almas. Llenito de hongos está el campo, si vas a mirar.

 

Un Comentario

  1. Me acuerdo ahora de Tierno Galván, el alcalde que acabó con el “Prohibido pisar el césped” de los parques y jardines madrileños a la vez que animaba a los vecinos a cuidarlos…
    http://www.gomezrufo.net/pdf/trastienda/Bandos_del_Alcalde.pdf

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