Happening

...
El asesino, Mevlüt Mert Altintas, de pie, tras matar al embajador ruso en Ankara (Turquía), Andrei Karlov. Fotografía: Burhan Ozbilici / AP.

Por LUIS GRAU LOBO

No dejo de mirar las fotos del embajador ruso en Turquía tendido en el suelo y su asesino en pie, empuñando el arma, y pensar que estoy ante una obra de creación contemporánea, una escultura hiperrealista como las de Mueck, Segal, o Juan Muñoz, o, más aún, un happening llamado a concitar la sorpresa de los visitantes que al fondo observan intimidados, y a la vez a retratar este inicio de siglo con toda su veracidad y su crudeza. Sé bien que a esa falsa impresión contribuye que el suceso tuviera lugar en una galería de arte, cuya pared blanca, ornada por fotografías colgadas algo torpemente, sirve de pertinente telón de fondo a este zarpazo visual que el vídeo de los hechos, por otro lado, depaupera. El estatismo que las fotografías prestan a ambos personajes igualmente trajeados y contrastadamente dispuestos, consigue un distanciamiento de preparativo teatral, que tal pareció en un primer instante a su autor, el audaz reportero Burhan Ozbilici, como si un suceso así no fuera verosímil, ni factible grabarlo con esa pulcritud, precisamente hoy día en que nada escapa al ojo público que llevamos en el bolsillo. Pero hay más. Los dos hombres adoptan actitudes simbólicas opuestas: el viejo yace inanimado con los brazos abiertos, como crucificado a la tierra con una quietud mansa, definitiva. El joven se tensa erguido, las piernas abiertas y la pistola aferrada con ambas manos, blandiéndola contra alguien a quien no vemos: una acción solidificada, incisiva y latente; de una violencia pura.

Como imagen artística quizás resulte maniquea y escueta, pero sus referentes, exégesis y relaciones con el mundo que construimos permiten especular acerca de sucesos que se ramifican en todo el planeta. Por su parte, en Berlín, un mercadillo de Navidad (nótese el ligero oxímoron) ha sido masacrado por un camión suicida y en otra foto, el abeto con la estrella en su cúspide ha caído junto a la fúnebre caja del vehículo. Concluimos este año con estampas desalentadoras.

(Publicado en La Nueva Crónica de Léon, el 24/12/2016)

Atentado en Berlín.
La zona del atropello masivo, en la Breitscheidplatz de Berlín.

2 Comentarios

  1. También yo pensé que era una escultura hiperrealista o un montaje artístico en cualquier museo de arte contemporáneo. Y me pareció algo forzado. Demasiado rebuscadas las posturas. Ya ves… Mar.

    Me gusta

Deja un comentario con tu nombre

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.