Teatro en una botella

Cancamusa 36. Noviembre 2017. © Fotografías: José Ramón Vega.

El fotógrafo José Ramón Vega y el poeta Víctor M. Díez continúan con su original sección creativa para TAM TAM PRESS. Se titula “CANCAMUSA” y tiene periodicidad mensual. Cancamusa es un término utilizado, con frecuencia, en el mundo de la magia y que viene a significar: dicho o hecho con que se pretende desorientar a alguien para que no advierta el engaño de que va a ser objeto. El mecanismo de la sección consiste en la propuesta, por parte de Vega, de tres de sus fotos, en principio, inconexas entre sí, sobre las que Víctor M. Díez debe escribir, improvisar, armonizar un texto que cree un trampantojo poético. Nada por aquí, nada por allá. Sin trampa ni cartón. ¿Dónde está la bolita?

Aquí va la trigésimo sexta y penúltima entrega:

Teatro en una botella

Fotografías: JOSÉ RAMÓN VEGA
Texto: VÍCTOR M. DÍEZ

CANCAMUSA (Noviembre 2017)

© Fotografía: José Ramón Vega.

Se sentía un insecto expuesto a la vista de todos. No soportaba ya esos lugares sofisticados en que la gente se reunía. Y como un hijo inverso del mismo Kafka, no podía ver a toda esa gente sino como pequeños animales molestos estampados en un lienzo. Eran ellos los mosquitos, las arañas, los gusanos, los lagartos en su metamórfica mirada. Al olor del cóctel, los eventos, las inauguraciones y presentaciones eran pequeñas trampas melosas en las que uno se quedaba pegado a la pared, con sus patas untadas en vermut del caro. Si no fuera por este amor a los ambientes agobiantes, a la música mala, a los canapés plastificados y una vocación de dipsómano que no se podría costear… se escaparía por el extractor, volando, después de haberles picado las ingles con saña.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Veneno que tú me dieras, veneno tomaba yo… Siempre me han enternecido los morosos, los pícaros, los sablistas y deudores. Hay algo épico e ingenioso en ellos, en su forma de burlar a sus acreedores. Desde aquel inquilino mítico de la buhardilla de Rue 13 del percebe, al Toni Leblanc, triste pillo timador, poniendo una sábana blanca sobre un coche aparcado al azar y sorteándolo, hemos conocido a muchos que les emulaban en la vida real. Siempre alerta, siempre en guardia y siempre trileando para salir a flote. Nos referimos a los morosos de poca monta no a esos que dejan familias en la calle, claro.

El escenario que vemos podría remitir a una larga cambiada sobre el tema: la cutrez de la ejecución escénica y el gracejo de la idea, nos hacen pensar en un profesional del cobro que antes fue sablista y moroso y que ahora se contrata como mercenario de la mora.

© Fotografía: José Ramón Vega.

Hay un mensaje en una botella que hace de lámpara en escena. El silencio dramático y las miradas intensas entre los actores dan a la pieza un cariz erótico contenido. El tablón de menú sobre sus cabezas, sin embargo, nos retrotrae a la viñeta cómica, son bocadillos de los personajes (nunca mejor dicho). Ella le dice a él: calamar de potera y él, le responde: huevo frito con txistorra. Ella representa el mar con su pelo crespo y él, la tierra ovoláctea, con sus lacios cabellos. Parece una obra de Ionesco, lo sé. Pero si saben leer al revés, en el mensaje de la botella pone TEATRO.

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