Ana H. del Amo, contemplación que cautiva

Ana H. del Amo junto a una de sus obras.

La artista extremeña Ana H. del Amo abre el segundo capítulo de “Mujeres con arte”, la sección desde la que el periodista con raíces asturianas Gerardo López López –uno de los promotores del proyecto #Néxodos– comparte su mirada sobre mujeres creadoras que le interesan. Si el primer capítulo estuvo protagonizado por seis artistas consagradas —Eva Lootz, Rivane Neuenschwander, Cristina Lucas, Marisa Gonzalez, Mona Hatoum y Ángela de la Cruz—, el segundo estará dedicado a otras tantas artistas de media carrera.

ANA H. DEL AMO, contemplación que cautiva

Por GERARDO LÓPEZ LÓPEZ
→ @gerloplop

El trabajo de Ana H. del Amo (Cáceres 1977) no es ni pintura ni escultura y es ambas cosas a la vez, ya que se encuentra en ese territorio fronterizo donde el color, la materia y la forma dan lugar a unas piezas en las que la escultura se convierte en dibujo y este, a fuerza de reflexionar sobre la corporeidad de los materiales, toma carácter escultórico. Ella huye de encasillamientos: “Me gusta la libertad y por lo tanto no quiero definirme ni como pintora ni como escultora, trabajo con libertad sobre los materiales y voy a seguir moviéndome y creando de esta manera y sin etiquetas”. Sus obras se mueven entre la abstracción y la geometría, una geometría más intuitiva que matemática.

La radicalidad en sus planteamientos formales, la investigación en torno a los materiales y el carácter muy personal de su obra, son constantes en el trabajo de la artista cacereña, que ve en sus piezas un diálogo más cercano a la emoción de la danza, por la triple dimensión óptica, espacial y temporal, que a una poesía o a una sentencia. Desde luego esto no resta fuerza poética a sus creaciones, más bien al contrario, ya que se enmarcan en un espacio poético donde la búsqueda y la intuición dan forma a unas composiciones cargadas de austera sensualidad y belleza.

Una obra de Ana H. del Amo.

Los aspectos formales y el resultado plástico son importantes en el trabajo de Ana H. del Amo, aunque el proceso también lo es. “Desde la libertad creativa –afirma– los propios materiales me van hablando y conduciendo mi trabajo, y de manera muy intuitiva aparecen las piezas. Es un proceso muy lineal y es que la línea es tan importante…”. El trabajo de la artista parte de la contemplación de los materiales, de su belleza: “dejarte asombrar por lo que estás viendo, por lo efímero y lo bello y llegar a un resultado capaz de cautivar”.

Los materiales con los que trabaja son muy diversos, madera, plástico, piel, vinilo, metales… unos encontrados, otros comprados, “de pronto me siento atraída por un material, por su textura, por el diálogo que establece con otros materiales, por las posibilidades de juego que me ofrece…”, y se pone a trabajar sobre él, y a jugar, porque el juego es otro aspecto importante en su obra. Ella entiende el taller como “mi pista de baile, mi laboratorio y mi ligar de recreo personal, un recreo donde juego y donde medito”, y en la gran mayoría de sus obras podemos rastrear ese carácter lúdico y también reflexivo. La artista no aborda cuestiones de género en sus piezas, pero no por ello deja de reivindicar su ser mujer: “lo hago en mi trabajo y en mi libertad creativa, que son una reafirmación como mujer y como artista”.

 

La carrera de Ana H. del Amo está jalonada de becas importantes que la han ayudado afirmarse como artista y a confirmar que su línea de trabajo tiene sentido. Comenzó con una residencia de un año en la Academia de España en Roma, donde se le abrieron nuevas perspectivas, y aquello supuso una experiencia fantástica en la que su trabajo como pintora comenzó a “contaminarse” del de otros artistas que residían en la academia. Luego vinieron otras becas como la Francisco Zurbarán de la Junta de Extremadura, la residencia en la Casa Velázquez en Madrid y por último la que acaba de disfrutar, la prestigiosa beca de la Pollock-Krasner Foundation, que de algún modo ha supuesto un paso hacia la internacionalización de su trabajo. “Que mi obra sea capaz de cautivar en un contexto tan alejado y concretamente en New York, me hace pensar que no estoy tan perdida en lo que estoy haciendo, porque al fin y al cabo mi creación es muy solitaria, muy de taller y en ocasiones viene bien un espaldarazo como este”. Sin olvidar la libertad que supone para una artista de media carrera en nuestro país poder despreocuparse durante un tiempo de la subsistencia.

Pese a que su trabajo forma parte de importantes colecciones privadas como la DKV o la Colección NOCA PAPER y está presente en colecciones públicas como la de la Junta de Extremadura, la de la Diputación de Alicante, la del Ayuntamiento de Badajoz o la del Ministerio de Asuntos Exteriores, la relación de la obra de Ana H. del Amo con el mercado no es fácil, aunque asegura que lo vive con tranquilidad y dese luego no le influye a la hora de trabajar: “Yo hago solo lo que me gusta, lo que siento y además no me resulta fácil desprenderme de mis obras, me ayudan a conocerme y aprendo mucho de ellas. Me gusta estar rodeada de mis piezas”, afirma con una sonrisa.

No solo disfruta con sus piezas, sino que también le interesa el trabajo de artistas muy diversos, desde el de algunos italianos del movimiento arte povera al portugués Cabrita Reis, por su libertad y radicalidad, pasando por otras como Fernanda Fragateiro con su minimalismo estético y su variedad de materiales o Miren Doiz a caballo entre la pintura, la instalación y la fotografía. Pero también Susana Solano, Nacho Criado o Nuria Fuster, en general artistas que se enfrentan con libertad ante los materiales, el color, la experimentación y el juego. También le gusta la poesía de Antonio Gamoneda.

Con respecto a la situación que vive el mundo del arte tras la situación creada por la pandemia de Covid-19 opina que hay una gran incertidumbre, aunque por otro lado apunta: “Yo he vivido siempre en la incertidumbre y lo que tengo claro es que el arte no va a desaparecer, seguiremos creando porque es una necesidad”. Ana ha vivido el encierro como una experiencia muy intensa de convivencia consigo misma y sin su taller. “Centré todo el trabajo sobre una mesa y estaba deseando volver al taller para tocar de nuevo los materiales”. Ve con cierto temor la reducción del contexto del arte contemporáneo que se puede producir en los próximos meses con menos galerías, menos ferias y menos mercado, pero su mirada es optimista y positiva: “Espero seguir viviendo de esto que me apasiona”.

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