Miguel Marinas. Tela marinera

Miguel Marinas.

El poeta leonés Víctor M. Díez dice adiós al amigo José Miguel Marinas Herrera, fallecido repentinamente el pasado viernes 7 de enero de 2022…

TELA MARINERA

Por VÍCTOR M. DÍEZ

Hacías decir. Así, como con el dedo trazando un mapa: mostrabas la escucha y sus perfiles; el fandanguillo de las cosas, de la cosa en sí. No sé bien cómo decir… y eso era materia de una conversación a la máquina de coser: Jó, sé, Mí. Cada silaba, una puntada. Una nota en el pentagrama de la Casa de los Botones, El deje Ejido del Ejido Quintín, quesos Tory y Villa Evarista. El saludo con eco celestial leonés: adiós, diós…

Llevabas los detalles en la misma punta de la lengua. Se cuenta cuando te quedaste sin voz en tu debut como cantante con orquesta. También se dice que no quisiste cantar de lo otro. Tú, que tanto y tan bien cantabas, que tan bien decías tanto. Pero, Tropicanas y eucaristías aparte, tú siempre traías mambo, un trópico ajustable y compartible. El buen tempo traías, mi hermano.

Hablar por hablar, ni por esas. Hablar asomados, si acaso. A la madrugada, al abismo, al flamenquito. Al mundo desde la terraza de Benito. Cosmopolita de barrio con guayabera de pastor. ¿Te acuerdas de las gitanillas del Rastro saliendo del Culto a campanearse, como aquella tarde en Cascorro? ¿Te acuerdas de aquella noche en El Candelas? ¿Y del mesón gallego junto a la Encendida? ¿Y del caballo rojo, y de Enrique el del Celso y de Sebito el del Montecarlo? ¿Te acuerdas de los pies del Cristo que daban miedo, de cuando la Calle Ancha era estrecha?

Dices tú, Pénjamo. Si nos hizo a todos vecinos de Guanajuato, el putas. ‘Que yo parecía de Pénjamo, Me dijo una de Cuerámaro (Pos ora pos mire señora) Que soy de Pénjamo… Lo habrá notado Por lo atravesado Que somos allá pues’. Jodido, Infante del alma. Y a la postre, en la vidriera irrespetuosa de los Marinas, dizque asoman Antolín y Josefina. El Bronx y Colloto ponen acentos en las aceitunas. Van del bracete Lacan y Cantinflas; Barthes y Maruja la del Barranco; una vecina al sol de la caja de ahorros, Marisol y Gustavo Bueno.

La otra tarde vi-yo-ver, vi gen-te querer… a tu hermano, a tu compañera, a tus hijas e hijo, a una brocheta de tus nietos, a un puñado de amigos… y sí estabas tú, Miguel.

 

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