Pocas veces veremos a una artista volar como un pájaro, invitándote además a que subas a su casa de Superman y que logre su objetivo. Como si te hipnotizara. La vemos subida a las alturas en un diálogo sordo enviando mensajes que cada espectador capta a su manera. Cristina Solé, “la payasa clavada en el cielo”, nos habla en su espectáculo U.F.A., en clave de humor, de las emociones que sienten los seres humanos en las distintas circunstancias por las que atraviesan a lo largo de su existencia.
Por FELISA SANZ
¿Solo yo lo veo? Supongo que no, es evidente. Aparentemente es una muchacha que derrocha alegría. En la puerta de su casa anota, ¡Bienvenidos! Está feliz porque va a recibir, van a entrar por su puerta, en la que ensaya una y otra vez para que funcione a la perfección, una o varias personas de su agrado. Está ilusionado con la visita.
Saca un escobón y de él cuelga su chaqueta. De su cajón de los misterios saca unas tablas con las que fabrica una mesa, asiento, y en él coloca una bebida refrescante con la que obsequiar a la persona esperada. Se coloca un gorro de lana de color granate.
Busca entre el público a alguien con quien compartir su alegría, pasea con él, feliz. Le cuenta lo contenta que se siente y, satisfecha después, le acompaña a su asiento. Cuelga su chaqueta en el escobón. Cual perchero se quita el gorro, se lo pone al escobón como si fuera la persona que espera, prueba, continúa probando la puerta una y otra vez…
Pasa el tiempo y no viene nadie. El temblor de su pierna demuestra lo asustada que está. Nada, no viene nadie…, y entonces se da cuenta de que nadie vendrá, se asusta, se desespera. Golpea la puerta con rabia. Coge el escobón con su chaqueta le quita su gorro granate y vuelve a ponérselo él. Enérgicamente abre la puerta y lo tira con fuerza al exterior atravesando la puerta tan usada. Grita desesperadamente. Borra su precioso ¡Bienvenidos! y todo lo demás anotado en su puerta-pizarra.

Y todo lo que era ilusión, alegría, se convierte en desesperación, tristeza. Rompe el asiento-mesa, tira con fuerza a través de la puerta la bebida refrescante que con ilusión había destinado para obsequiar a la persona tan esperada.
Llora, se apoya en su puerta, su pierna tiembla más, golpea la puerta con fuerza y sigue demostrando con sus mudos gestos, a veces parecen obscenos, toda la tristeza y desilusión que le embarga.
Un poema de principio a fin. Maravilloso el clown de la compañía Cris Clown. A Cristina Solé en su original espectáculo U.F.A. solo le faltó la nariz de payaso, pero, claro, tampoco la necesitó: su apoyo fue su puerta.
