TIERRAS POBLADAS / Una ruta de seis murales resume la memoria compartida de Gordoncillo

Los seis nuevos murales de Gordoncillo (de izq. a dcha. empezando por arriba): Pastores (María del Roxo), Fiestas (Daniel Livas), Cereales (D. Livas), Jóvenes (M. del Roxo), Cuidados (D. Livas) y Servicios (M. del Roxo).

Fue toda una fiesta, con baile y todo, a la que se sumaron un centenar de vecinos y vecinas de Gordoncillo el pasado domingo, 12 de julio, al caer la tarde. El paseo-presentación de seis nuevos murales en este pueblo leonés de 300 habitantes, realizados por los artistas María del Roxo y Daniel Livas por encargo del Concejo Vecinal Cultural, se convirtió en una romería alegre e intergeneracional, salpicada de momentos entrañables, que finalizó ya entrada la noche con sopas de ajo, refrescos y unos vasitos de prieto picudo. Cada mural cuenta una y muchas historias atravesadas por el tiempo, en el intento de resumir la memoria viva de un pueblo que mira al pasado sin nostalgia, da voz al presente y se pregunta por cómo afrontar y construir el futuro.

Por ELOÍSA OTERO

Desde el pasado 12 de julio, Gordoncillo cuenta con una nueva ruta de seis murales nacida de la memoria y la escucha vecinal. La ruta es el primer encargo artístico del Concejo Vecinal Cultural de Gordoncillo, una aventura iniciada hace un año desde el MIHACALE, a partir del proyecto Tierras Pobladas, que este mes ha dado sus primeros frutos, aunque todavía deparará distintas actividades y un segundo encargo artístico en lo que queda de año.

«¿Qué nos gustaría contar de nosotros, de nuestro pueblo, a través de un encargo artístico?», fue la pregunta inicial, a partir de la que surgió este primer encargo. El resultado: seis murales dedicados, cada uno de ellos, a un aspecto esencial de la vida en Gordoncillo, inspirados en conversaciones con personas que viven o trabajan en el pueblo, y que invitan a reflexionar y a reconocerse, también, en ellos.

Los autores de los murales, Daniel Livas y María del Roxo, preparados para la presentación. Foto: E. Otero.

Intentaremos recordar y resumir el delicioso paseo-fiesta de presentación, preparado con minuciosidad y cariño por la actriz y dramaturga Laura Santos (de la compañía Almealera), como comisaria de este primer encargo, con la complicidad de muchos vecinos y vecinas del pueblo, grandes y pequeños. Algunos se habían prestado a colaborar previamente, relatando sus recuerdos, sentimientos y deseos al equipo formado por Ana Belén Bolaños, maestra y vecina de Gordoncillo, y el músico y recopilador Rodrigo Martínez —quien con el documentalista Ismael Aveleira está produciendo ya una pieza audiovisual para unir a este proyecto, que tendrá continuidad en la web oficial de Tierras Pobladas—.

Público congregado en el momento de comenzar la presentación. Foto: E. Otero.

A las 20:30 horas de un domingo caluroso ya se congregaban casi ochenta personas en la plaza del pueblo, a las que se sumarían varias decenas más en pocos minutos. La primera en hablar fue María Ordás, comisaria y alma del proyecto Tierras Pobladas, que aun estando de baja no quiso perderse la fiesta y llegó en silla de ruedas, para no cansarse demasiado, y con todo lo que quería decir anotado en un papel, para que no se le olvidara nada.

Tras resumir el proyecto Tierras Pobladas, que ha llevado a los vecinos y vecinas a reunirse en Concejo Cultural al menos una vez al mes, desde el pasado septiembre, para pensar y decidir dos encargos artísticos vinculados al territorio y al imaginario colectivo, María Ordás incidió en que este proyecto «no quiere solo producir una obra artística, sino construir un proceso», y que lo fundamental ha sido «crear un espacio donde las ideas puedan aparecer despacio, donde las dudas también tengan su sitio y donde las decisiones se toman compartiendo tiempo y confianza».

«Hoy, después de muchos meses de reuniones, talleres, paseos, grabaciones, conversaciones y mucha incertidumbre y sensación de no saber si estábamos perdiendo el tiempo, de no saber si íbamos por el buen camino, podemos decir que ha merecido la pena. Y eso merece ser celebrado», señaló María Ordás, antes de pasar a los agradecimientos: «En primer lugar, a vosotras, a las vecinas y los que habéis formado el Concejo Vecinal Cultural. Gracias por aceptar una invitación que, al principio, era una incógnita. Por sentaros alrededor de una mesa sin saber muy bien a dónde nos llevarían aquellas primeras conversaciones. Por regalar vuestro tiempo, vuestra memoria y vuestra confianza. Por compartir recuerdos, historias, preocupaciones, sueños y maneras de mirar vuestro pueblo. Por escuchar las historias de los demás con el mismo interés con el que contabais las vuestras. Gracias también por discrepar cuando hizo falta, por cambiar de opinión, por volver cada mes y por entender que construir comunidad no consiste en estar siempre de acuerdo, sino en seguir teniendo ganas de encontrarse».

Tras reconocer el trabajo de todo el equipo, la comisaria de Tierras Pobladas expresó su gratitud a María del Roxo y Daniel Livas por haber aceptado el encargo del Concejo, pero también «por escuchar antes de pintar y por comprender que estos murales no eran solo una obra artística, sino una manera de devolver al pueblo una parte de todo lo que el propio pueblo os había dado». Y, antes de pasarle la palabra a Laura Santos, le agradeció también a ella su «sensibilidad y esa capacidad tan bonita de escuchar a todas las personas sin perder el sentido del conjunto. Gracias, Laura, por ayudarnos a encontrar una manera de crear juntos sin que nadie perdiera su voz».

De izquierda a derecha: Daniel Livas, María Ordás, María del Roxo y Laura Santos. © Fotografía: Martín Ruano.

A continuación tomó la palabra Laura Santos, como comisaria de este primer encargo, quien se mostró ilusionada y feliz con esta producción artística que le ha llevado a conocer de cerca a muchos habitantes del pueblo. «A partir de las entrevistas realizadas por Ana Belén y Rodrigo, había que decidir qué seleccionar para los murales que iban a pintar Daniel y María. Se me pone la carne de gallina al recordar que hay otra realidad, como la soledad, y cosas tan tristes como el no poder envejecer en el pueblo. Ojalá estos murales sean también vuestros, y los sintáis como propios», subrayó.

Tras ella, hablaron de su trabajo los muralistas María del Roxo y Daniel Livas, quienes agradecieron «el calor» recibido por los vecinos durante los días que han pasado realizando sus obras, a pleno sol, en las calles del pueblo. «Muchas personas se acercaron a ver qué hacíamos, y parte de esas conversaciones también pasaron a formar parte de los murales. Se han generado espacios de encuentro y ha sido un privilegio dejar aquí una parte de mi trabajo… ¡y lo que me llevo! Nos hemos sentido muy muy en casa», resumió Daniel Livas.

También María del Roxo tuvo palabras para todos los implicados, a los que nombró uno por uno, y especialmente para «el pueblo de Gordoncillo, con su alcalde Urbano a la cabeza, que se ha preocupado de que no nos faltara nada». La muralista asturiana traía un texto preparado, del que extraemos unas líneas: «La conexión con el lugar creo que se produjo de forma casi instantánea. Como artista, esta luz de León, estas tierras planas, los horizontes bajos, los colores de los distintos sembrados, del tapial, de las tierras, el canto de los pájaros al amanecer, todo me ha atrapado desde el primer momento. El trabajo previo de mis compañeros, las entrevistas, las gacetas, toda la información disponible, me ha permitido conocer vuestras inquietudes, vuestras preocupaciones y vuestras vivencias y tratar de integrarlas lo mejor posible en las ubicaciones elegidas. En cuanto a vuestra reacción, no ha podido ser más amable y generosa. No hemos recibido más que halagos y buenas palabras ante nuestro trabajo. Así que creo que he cumplido la misión, y ahora vamos a disfrutar del paseo y la fiesta. Sois vosotros, los vecinos y vecinas de Gordoncillo, los verdaderos dueños de estos murales y los encargados de transmitir a los visitantes y a las nuevas generaciones aquello que representan».

Tras estas palabras, arrancó el paseo por las calles del pueblo para contemplar los seis murales. En cada parada no solo descubriríamos una obra, sino también una y más historias. Las propias vecinas y vecinos, junto a Ana Belén Bolaños como maestra de ceremonias durante el recorrido, fueron quienes dieron vida in situ a cada uno de los murales, con sus relatos, sus recuerdos y sus voces, siguiendo el guion preparado por Laura Santos.

Calixto, el último pastor de Gordoncillo, abre el recorrido por la ruta de los seis nuevos murales seguido de niños y niñas que hacen sonar las cencerras de las ovejas. © Fotografía: Enol Ruano Ordás.

Pero iniciemos la ruta, siguiendo a Calixto, el último pastor de Gordoncillo, que de pronto silba en la plaza, como si estuviera con el rebaño, mientras un grupo de niños y niñas hace sonar las cencerras de las ovejas, abriendo camino.

De camino hacia el primer mural. Foto: E. Otero.

Llegamos a la Calle Mayor, donde se ubica el primer mural, Pastores, obra de María del Roxo, dividido en dos partes: una en la puerta de una casa, donde se ve a un pastor con el rebaño y con paraguas, protegiéndose de la lluvia en medio del campo («a los paraguas les poníamos cinta aislante en la punta, porque el hierro atraía la chispa»), y otra en una ventana próxima, desde donde nos mira el perro del pastor.

María del Roxo y Calixto posan delante de una parte del mural titulado «Pastores». © Fotografía: Martín Ruano.

La maestra de ceremonias, Ana Belén Bolaños, explica en pocas palabras el sentido del mural: «Gordoncillo ha visto muchos rebaños de ovejas. Ahora sólo quedan dos ganaderos de ovejas de leche cerca de jubilarse. Este mural está inspirado en recuerdos de personas que fueron pastores en Gordoncillo. Hemos preguntado a Calixto, el último pastor que se jubiló en este pueblo, qué le gustaría que no se olvidase». Junto a ella, Calixto nos habla de las cencerras, de los nombres con los que se conocía a sus partes (vaso, asa, badajo, pedero, ambadajadera), y de cómo cada rebaño tenía un sonido propio que permitía a los pastores reconocerse incluso en la oscuridad de la noche:

«Los mejores badajos eran los de asta de toro o de vaca. Eran los más duros. Ahora ya no se respeta eso, le ponen un clavo y… la cencerra es una lata de sardinas, no una cencerra. (…) Si no das aceite a los collares, con el tiempo y el polvo, se te parten. Antes les dábamos manteca…», explica el pastor. «Ahora el ganado está estabulado, no necesita tocar las cencerras. Antes los ganaderos nos conocíamos unos a otros por el sonido, cada uno tenía el suyo. Antes se dormía por la noche con las ovejas en el campo, y nos conocíamos unos a otros. Ahora esto ha quedado en el olvido…».

Testimonio de otro vecino que fue pastor (recopilado por Rodrigo y Ana Belén):
—Yo, en los años que estuve, no guardé ni un día de fiesta. Yo siempre he dicho que las únicas vacaciones que tuve fueron en el año que estuve en la mili en Zaragoza. Con cincuenta y cinco años las vendí (las ovejas). Me costó, sí. Los primeros días bajaba todos los días a la nave.
—¿Qué te gustaría que mostraran los murales?
—Aquí ovejas y vacas van a desaparecer. Vendría bien que aparecieran…

El mural «Pastores», de María del Roxo, está dividido en dos partes complementarias. Foto: Alfredo Escapa.
«Fiestas», un mural de Daniel Livas, junto a la antigua sala de fiestas Casablanca. © Fotografía: Martín Ruano.

Seguimos a Calixto y llegamos hasta Fiestas, el segundo mural, obra de Daniel Livas, ubicado junto a la antigua sala Casablanca, ya desaparecida Entramos en lo que antaño fue salón de baile, hoy convertido en cochera y almacén, y que ha sido despejado para la ocasión por Luis, descendiente del propietario de uno de los varios salones de baile que hubo en el pueblo, y que durante muchos años fue lugar de encuentro para varias generaciones.

Allí, en su interior, dice Ana Belén: «De todos es sabido que en Gordoncillo lo que nos gusta es la fiesta, y que aquí se aprovechaba cualquier excusa para el baile». Y le pide a las mujeres que recuerden cómo se sacaba a bailar y cuenten anécdotas. Será Carolina, vecina del pueblo, quien aborde la historia de una fiesta singular, las Ánimas Bailarinas… Porque Gordoncillo «siempre ha sido un pueblo muy bailón, bailábamos hasta cuando lo prohibía la Iglesia…», y de eso va precisamente este mural. Reproducimos algunos testimonios:

«Casablanca, Vitorino, Pista Poa, La Pista, la Pista del Señor Manuel, Gabelandros…  Este es un pueblo de bailarines. ¡Bailábamos de todo! Tangos, vals, rumbas, chachachás, lo que más pasodobles…«

Un día fue mi marido a sacarme a bailar:
—»¿Cuándo bailamos?»
—»Pa el sexto»
—»Pa el sexto bailas con tu madre»
¡Y fue con quien me casé!

Música, con Poli al tambor y Rodrigo Martínez a la gaita, en el interior del antiguo salón Casablanca, donde al final se bailó. © Fotografía: Martín Ruano.

«En verano las jornadas de trabajo eran eternas, entonces la gente estaba cansada y no se podía hacer tanta fiesta. Sin embargo en invierno no se trabajaba tanto en el campo y la gente disfrutaba más de la fiesta. Las fiestas más numerosas eran las Ánimas Bailarinas el 11 de diciembre. Decían que en todos los sitios era una fiesta de Iglesia menos en Gordoncillo que era una fiesta de baile. Porque era una misa por los difuntos. Salíamos de misa, íbamos al bar y había baile a mediodía y por la noche después de cenar. Durante cuatro días. Otros curas no protestaron, pero uno nos quiso quitar la fiesta: «Esta fiesta solamente es de Iglesia, tenéis que estar en la Iglesia.» Y dijimos que nanai. Nos fuimos a bailar a Casablanca. No pudo con el pueblo. Por eso las llamamos las Ánimas Bailarinas.»

«Tenías que sacarte un carné de músico, si no lo tenías, la guardia civil podía echarte, era un carné nacional pa toda España, yo le tengo en casa. Tocamos muchísimo.» (Testimonio de Poli, que fue músico profesional y emigró de Gordoncillo a Madrid, buscando una vida mejor, y al final regresó para envejecer en su pueblo).

Después del baile, amenizado con temas populares, jotas y algún pasodoble que nos transportan a otro tiempo, con Poli al tambor y Rodrigo Martínez a la gaita —»El que no baile tiene que pagar un euro a la salida», había avisado Rodrigo—, suenan las cencerras avisando de que hay que continuar camino, en este caso hacia el MIHACALE, para contemplar el tercer mural.

Momento de la parada ante el mural «Cereales», de Daniel Livas, sobre una puerta del Mihacale.

El mural Cereales está pintado en uno de los portones de metal del Museo de la Industria Harinera (Mihacale), y es obra de Daniel Livas. Allí, frente a la obra, Lina, una niña de Gordoncillo, lee el testimonio de uno de los agricultores en activo que trabajan actualmente el campo, y que ha servido de inspiración al mural:

«Estaba metida en una cebada, a veinte metros nuestro. Echó a correr… empezó a mover unas alas inmensas… Y (mis hijos) decían: ‘¿Pero qué es eso tan grande, papá?’. No habían visto una avutarda nunca. Igual que ver un corzo echar a correr. Otro trabajo no te da estos privilegios, estos gustos…».

Mural dedicado a los cereales (alfalfa, trigo, girasol…), con una avutarda propia de estos pagos, obra de Daniel Livas. © Fotografía: María del Roxo.

Ana Belén se sitúa junto a obra y explica: «Este mural se inspira en el disfrute de trabajar en el campo, y en los privilegios de vivir en este pueblo. Cuando la gente trabajaba junta en el campo se cantaba, y por eso hay muchas canciones tradicionales que hablan de los trabajos en el campo. En nuestros concejos hemos hablado mucho de que nos gustaría recuperar canciones que se cantasen aquí, pero no es fácil. Las hemos ido olvidando y muchas de esas canciones, si no las enseñamos, se van perdiendo».

En ese momento, Rodrigo Martínez, acompañado su guitarra, canta una canción que le enseñó su abuela Aurora. Una canción que habla de la viña, y que debió sonar en muchos pueblos de León:

Moza no plantes la viña
junto el camino
porque todo el que pasa
corta un racimo
y de ese modo, de ese modo
te la van vendimiando mi amor
poquito a poco. (…)

Momento de la intervención de Rodrigo Martínez, cantando ante el mural «Cereales» de Daniel Livas. © Fotografía: Martín Ruano.

Tras escuchar a Rodrigo tocar y cantar con su maravillosa voz, las cencerras vuelven a sonar avisando de que hay que continuar camino hasta el siguiente mural. Seguimos a Calixto y a los niños:

Calixto vuelve a abrir camino desde el Mihacale hasta el siguiente mural, acompañado por los niños y niñas tocando las cencerras. © Fotografía: Martín Ruano.
El mural «Jóvenes», de María del Roxo, está ubicado en el interior de la marquesina de la parada del bus, cerca de las antiguas escuelas. © Fotografía: Martín Ruano.

Y llegamos a la marquesina de la parada de autobús, donde María del Roxo ha pintado el mural titulado Jóvenes, en el que aparecen unos niños jugando a las tabas en el centro y, escritos, los nombres de algunos juegos antiguos: la comba, las tabas, el pite, el aro, la rana, la tarusa, el castro, el limbo, las carpetas, las sandías, arreluz… mientras, en los laterales, dos adolescentes, uno con el móvil en la mano, parecen hacer tiempo…

Aquí serán los propios jóvenes del pueblo quienes tomen la palabra, encarnados en las figuras adolescentes de Rafa e Iván:

«Nos gustaría ser una pandilla más grande, porque muchas tardes no nos reunimos suficientes para jugar al fútbol. Nos gusta estar en el frontón, la peña, la plaza, la piscina en verano… En invierno hay mucha soledad y el pueblo parece un desierto. Aunque a veces la soledad es buena. Por ejemplo cuando te gusta estar en un sitio tranquilo y sin ruido.»

Ana Belén Bolaños les pregunta: ¿Qué os gustaría que mostraran los murales?
Los jóvenes responden a coro: El paso del tiempo.

A continuación, escuchamos un texto escrito por Ana Belén para acompañar este mural.

Camino por las calles solitarias, esperando escuchar algo distinto, esperando encontrar otra cosa. Es primavera. El silencio sólo se rompe por el canto de los pájaros y por algún grillo lejano que se ha adelantado a la noche.
Por el camino me cruzo con un par de mujeres que avanzan despacio, alguna ayudada por esa tercera pierna que la edad obliga a coger.
Después de caminar largo rato, termino en la plaza, punto de encuentro. Me siento en un banco y observo. Observo la soledad.
Busco. Estoy buscando algo, pero por más que lo intento, no logro encontrarlo. Cierro los ojos e intento escuchar eso que falta.
El ladrido de un perro me devuelve a la realidad.
Vuelvo a mirar la plaza vacía.
De repente, mi mente crea una visión: un grupo de niñas saltando a la comba en un lado de la plaza. Son muchas, quizá unas veinte. Más allá, algunos muchachos lanzan las peonzas. En otro rincón, otros se pasan la pelota.
Poco a poco, la plaza se llena de niños.
Eso era.
Eso era lo que faltaba. Los niños.
Pero entonces, la imagen se rompe.
Dos niños bajan en bicicleta hacia la plaza. Llegan hasta el centro y dan un par de vueltas alrededor de una jardinera. Miran hacia todos lados, esperando que aparezca alguien más con quien jugar.
Ahora la plaza, que antes me parecía minúscula, se ha hecho demasiado grande.

Vecinos y vecinas, escuchando ante el mural «Jóvenes». Foto: E. Otero.
De camino hacia la calle San Roque para contemplar el siguiente mural. Foto: E. Otero.

Las cencerras suenan para desplazarnos hasta el siguiente mural, y seguimos a Calixto y a los niños hacia la calle San Roque para llegar a la calle Campanario, donde se ubica el mural titulado Cuidados, obra de Daniel Livas.

Poli, el músico, habla delante del mural titulado ‘Cuidados’, de Daniel Livas, expresando el deseo de contar con una residencia para la tercera edad en Gordoncillo, para poder envejecer y morir en el pueblo. © Fotografía: Martín Ruano.

«Quiero envejecer y morir en mi pueblo».
«Quiero envejecer y morir en mi tierra».

Este mural está inspirado en dos deseos: el deseo de muchas personas mayores de Gordoncillo y de sus familiares; y el deseo de muchas personas migrantes que cuidan a nuestros mayores.
«Estoy aquí porque uno es migrante y viene a buscar una mejor vida, pero uno nunca ha dejado su tierra. Uno su tierra y su amor siempre lo tiene clavado allí. Que es su propia tierra donde nació. Ese tiempo final yo querría vivir allí. Yo quiero morir en mi tierra».

Frente al mural titulado Cuidados, Ana Belén explica el sentido de la obra de Daniel Livas, aunque lo entenderemos mejor cuando Poli, el músico, con la voz emocionada y rota, a punto de echarse a llorar, pronuncie estas palabras en nombre de todo el pueblo:

«Queremos una residencia para poder envejecer y morir en nuestro pueblo. 
Queremos estar junto a nuestras personas queridas que están en residencias en otros pueblos.
Una residencia en el pueblo donde estuviera mi hermana. Mi padre. Mi madre…

Cada mañana voy hasta La Unión, a la residencia donde está mi esposa. Cuando me quiten el carné, ¿cómo voy a ir a verla?»

«Si hubiera una residencia, mi mujer quizá pudiera haber estado hoy aquí con nosotros, compartiendo esto, y podría sacarla los domingos a tomar algo en la plaza… Eso es lo que pedimos: una residencia», continuó Poli, recordando a todos cómo este proyecto nació precisamente de la escucha y de la necesidad de dar espacio a demandas como esta, una demanda que se planteó como la más importante para los vecinos y vecinas desde el primer Concejo Vecinal Cultural, aunque imposible de llevar a cabo desde el proyecto Tierras Pobladas.

«¡Residencia!, ¡Residencia!…», corean vecinos y vecinas al unísono.

Un momento de la presentación del mural «Cuidados». Foto: E. Otero.

Y, tras emocionarnos con Poli, nos desplazamos hasta el último mural, en la cercana calle Afueras, esquina San Roque. Un mural dedicado a los lugares de encuentro, que finalmente se dio en titular Servicios, y que es obra de María del Roxo.

Ana Belén Bolaños, a la izquierda, explica el sentido del mural titulado «Servicios». © Fotografía: Martín Ruano.

En la calle, junto al mural, se ha tendido una cuerda con papeles dibujados, colgados con pinzas. Ana Belén anima a los presentes a leer lo que pone en los papeles, detrás de los dibujos hechos por niños. Se trata testimonios de vecinos y vecinas que empiezan por la palabra «Recuerdo …» y nombran un lugar de encuentro. Algunos se prestan a leer:

«Recuerdo cuando en este pueblo había 18 tiendas. En las tiendas vendían de todo. La mía era ultramarinos, paquetería y mercería.»
«Recuerdo que con quince años trabajaba en la peluquería. En fiestas podía empezar a las 9 y acabar a las 3 de la mañana».
«Recuerdo el cine Begoña. Recuerdo las películas de Sara Montiel y el ruido de comer pipas».
«Recuerdo los teatros donde el señor Camilo. Se hacían muchas comedias».
«Recuerdo cuando en la escuela éramos 50 y sólo de mi calle bajamos 16 cada mañana».

«Yo recuerdo cuando en Gordoncillo estaba el bar Piquio, La Poa, Caruli, El Grapo, el Velfer, el hogar del jubilado, el mesón Los Portales, la discoteca UFO’S…»

Ahora mismo, en Gordoncillo, solo hay un bar abierto de manera continuada (el Dalma), una farmacia, un consultorio médico, una pequeña tienda –carnicería–, una bodega con restaurante (Gordonzello), una piscina en verano y un museo con sala de exposiciones y auditorio (el Mihacale). Estos servicios resisten, viendo cómo muchos otros cerraron sus puertas.

La maestra de ceremonias recuerda cómo, antaño, durante las fiestas la gente se juntaba en la calle. «Algunos nos seguimos reuniendo», incide Poli: «En San Roque tenemos todas las tardes una reunión los amigos, jugamos a la tarusa, nos reímos, contamos algún chiste, lo pasamos bien. Para el 30 de julio habrá concurso de tirar a la tarusa, y estáis invitados; también invitamos a las mujeres, ¿eh?».

«Antes, después de hacer gallos (trenzas con espigas que realizaban las niñas y niños) lo mejor eran las sopitas que nos encontrábamos al llegar a casa. Uno de los lugares de encuentro que permanece siempre abierto desde hace muchos años es el bar Dalma, y desde allí Marisa nos ha preparado unas sopas de ajo como guinda a este paseo-fiesta y para celebrar que estamos juntos. Así que vamos a probarlas», advierte entonces Ana Belén

Y nos dirigimos a la placita adyacente, próxima a la plaza mayor, para degustar unas riquísimas sopas de ajo cocinadas por Marisa que, acompañadas de un vasito de vino de la tierra, y de refrescos para los más jóvenes, pondrán punto final al agradable y emotivo paseo. Las conversaciones sobre los murales y los avatares del paseo se prolongarán, ya entrada la noche, todavía un rato más.

El paseo concluyó, ya entrada la noche, con sopas de ajo para todos en la plaza. Foto: E. Otero.

Estos seis nuevos murales de María del Roxo y Daniel Livas configuran una nueva ruta por las calles de Gordoncillo, como símbolos de resistencia cultural contra la despoblación, en complemento y contraste con la vieja ruta de los murales regalados en su día por el pintor Manuel Sierra, envejecidos por el paso y el deterioro del tiempo (y que por expreso deseo del pintor no han sido restaurados).

Gordoncillo es un pueblo salpicado, además, de esculturas públicas realizadas por distintos artistas —Luis Hernando Rivera, Reinaldo Alfonso Barragán, Jesús Trapote, Cosme Paredes…—, algunas dedicadas a la cultura del campo y el vino, que funcionan como auténtico un museo al aire libre, integrando arte contemporáneo, arte comunitario y patrimonio local en el paisaje de la villa. A lo que hay que sumar el Museo de la Industria Harinera de Castilla y León (MIHACALE), que el próximo 9 de agosto de este 2026 celebrará sus doce años de vida. Son ejemplos sorprendentes de cómo un pequeño pueblo de viña y cereal ha sabido utilizar el arte público para reforzar su identidad, especialmente en torno a la cultura del vino, la memoria colectiva y la vida rural.

Hace un año, arrancó en Gordoncillo el proyecto Tierras Pobladas / TIPO(S), una iniciativa de dinamización social, cultural y territorial que apuesta por la mediación artística como motor de transformación en el medio rural. A través de la creación de un Concejo Vecinal Cultural, cuyo primer encuentro tuvo lugar el 4 de septiembre de 2025, este proyecto plantea nuevas formas de participación ciudadana y gobernanza compartida, fomentando el diálogo entre arte, ciudadanía y sector agroalimentario. Se trata de crear un espacio donde vecinos y vecinas puedan participar, decidir juntos y compartir propuestas. El proyecto continuará su desarrollo a lo largo de 2026, culminando con la producción de una segunda obra artística situada por encargo del Concejo Vecinal Cultural, que se reúne al menos una vez al mes.

Tierras Pobladas se enmarca en la estrategia de desarrollo cultural del Ayuntamiento de Gordoncillo, y está impulsado por el MIHACALE en colaboración con asociaciones vecinales, agentes sociales, colectivos locales y un equipo coordinador formado por María Ordás (directora del MIHACALE y comisaria del proyecto), Alfredo Escapa (mediador cultural y facilitador del Concejo Vecinal), Eloísa Otero (periodista y responsable del archivo testimonial), Pascual Marín Marina (archivo audiovisual) y Abel Lobato (técnico municipal de Turismo, vecino y coordinador local del proyecto). Cuenta además con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) a través de los Fondos Next Generation del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Equipo del «ENCARGO I: MURALES«
María del Roxo (muralista), Daniel Livas (muralista) / Laura Santos (comisaria), Rodrigo Martínez (músico y recopilador), Ismael Aveleira (realizador audiovisual y documentalista), Noemí García (creación y diseño gráfico del mapa de la ruta) Ana Belén Bolaños (vecina de Gordoncillo, recopiladora, maestra de ceremonias) y todos los vecinos y vecinas del pueblo que decidieron «dedicar tiempo a reunirse, conversar, discrepar, recordar, imaginar y volver a empezar tantas veces como ha hecho falta. Con paciencia, confianza y generosidad han convertido un proceso abierto en una propuesta artística donde reconocerse y donde reconocer también a quienes ya no están, a quienes llegaron hace poco y a quienes forman parte de la vida cotidiana de Gordoncillo de una manera u otra».

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