El Camino de Santiago y el Kumano Kodo reúne a ocho artistas en “Caminos Entrecruzados”

Desde el 21 de junio y hasta el 6 de septiembre el patio del Museo Diocesano y de Semana Santa de León acoge la exposición “Caminos Entrecruzados. Camino de Santiago/ Kumano Kodo”, organizada por la Fundación Merayo. Un diálogo artístico entre España y Japón a través de estas dos históricas rutas de peregrinación. Participan ocho artistas: Ángela Merayo, Prado de Fata, Gustavo Vega y Manuel Luca de Tena, Maiko Maeda, Sousai Inada, Shoji Harikae y Mao Yamada.

La inauguración tendrá lugar el martes 21 de junio a las 12:00 horas

El arte contemporáneo de España y Japón conviven en esta exposición puesta en marcha por los artistas leoneses Ángela Merayo y Gustavo Vega – ambos con afinidades artísticas y vínculos personales con Japón-, en la que confluyen dos caminos de peregrinación declarados Patrimonio de la Humanidad, el Camino de Santiago y el Kumano Kodo. Dos caminos, que a pesar de estar muy alejados geográficamente, comparten un hondo sentido de tránsito hacia la transcendencia: la búsqueda de la verdad interior y una transformación espiritual que solo se experimenta a través del viaje, de caminar lentamente y en contacto con la naturaleza. “La muestra propone un acercamiento a estos dos caminos con las artes plásticas como medio. Este es su objetivo. Exponer tanto la fundamentación simbólica de ambos itinerarios como su traslación al ámbito contemporáneo de la creación. Revelar interacciones mutuas entre sugerentes piezas de arte oriental y arte español contemporáneo con influencia oriental”, explican desde el departamento de Arte y Exposiciones de la Fundación Merayo.

La colectiva está formada por obra de ocho artistas, cuatro españoles: Ángela Merayo, Prado de Fata, Gustavo Vega y Manuel Luca de Tena; y cuatro japoneses: Maiko Maeda, Sousai Inada, Shoji Harikae y Mao Yamada.

Por ROSA MARÍA OLMOS CRIADO

La obra de Sousai Inada (Kioto, 1949) remite visual y conceptualmente al mundo de la caligrafía oriental, y en concreto a los ideogramas tradicionales japoneses. Sousa Inada es en la actualidad el líder el grupo Bokujin (creado en Kioto, en 1952) cuyos integrantes hicieron evolucionar la escritura tradicional hacia la abstracción occidentalizada, despojando a la caligrafía de su valor semántico y situándola en el nivel de mancha plástica. Sousai realiza sus “manchas” con tintas en papel o lienzo, sobre los que hace recorrer sus grandes pinceles, controlando sus movimientos y la respiración como parte esencial del trabajo, acompasando la acción al latido vital.

La pintora Maiko Maeda, nacida en Tokio, se formó en España, Japón y Estados Unidos. En su obra aúna la cultura, la armonía y delicadeza pictórica y sentimental nipona con la energía y audacia occidental. El uso atrevido y dinámico del color la emparenta con los expresionismos cromáticos centroeuropeos y estadounidenses de la segunda mitad del siglo XX. Si en la plasticidad sus obras remiten a conceptos occidentales, la esencia japonesa se detecta en el tratamiento de los medios plásticos: color, estructura, dibujo y especialmente en los delicadísimos papeles tintados con los que construye collages casi imperceptibles. No obstante profundiza en la idea, el concepto subyacente, bajo los elementos plásticos.

Shoji Harikae (Tokio 1914-2003), artista reconocido tanto en su país como en el mundo occidental, introduce en su obra la materia y el color a la manera de la pintura occidental de la que fue pionero en Japón. Uno de sus motivos iconográficos recurrentes son los pájaros, seres fantásticos que, ya surrealistas, abstractizados o totémicos, le inspiran por su vigor y movimientos graciosos y libres. En sus series abstractas se rastrea la naturaleza y la fisonomía humana fragmentadas. Así ocurre en las vitales serigrafías organizadas en campos cromáticos planos y saturados. En su producción será una constante los trazos oscuros, que ondulados o lineales, son interpretables como símbolo de fluido vital en la tradición oriental.

Mao Yamada, Kanagawa (Japón), 1999. Ha realizado estudios en la Universidad de Arte de Berlín y la Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad de Tama (Tokio). Reside en Tokio. En su pintura destacan las referencias constantes al color, a movimiento y a la naturaleza (bosques, agua, viento) como se evidencia en títulos de obras y de exposiciones. La pintura: masas pictóricas, gestos, expansiones cromáticas, cubre al completo los planos pictóricos, se agita y los colores vibran tensionados. La impronta japonesa está presente en pequeños trazos caligráficos, signos flotantes que conectan conceptualmente lo superficial y lo profundo, al tiempo que revelan un claro vínculo con la tradición nipona.

Ángela Merayo (Ponferrada, 1939). Desde inicios figurativos su obra evoluciona hacia una pintura muy aligerada de referencias imitativas, rozando la abstracción con un lenguaje que le acerca a la sutileza oriental. Admiradora declarada de la cultura japonesa, deja que su sensibilidad, espiritualidad y misticismo afloren en sus obras. El ánimo de dotar a éstas de legibilidad, a pesar de estar construidas con un lenguaje no exactamente explícito, determina su código comunicativo basado en la significación universal de los signos. A la serie Jacobeo pertenecen las obras que presenta aquí, cuyos campos de expresión son cromatismos etéreos que le acercan visualmente a la evanescencia de la acuarela.

La huella nipona se encuentra también en la obra de Prado de Fata (Madrid, 1967), artista multidisciplinar que cultiva la pintura, la escultura, el grabado o el textil, pero será el encuentro y estudio de la pintura sumi-e lo que va a marcar profundamente su futura producción artística. La naturaleza siempre fue su punto de partida, centrando gran parte de su producción en el camino (como metáfora de la vida). Será la observación sistemática de la naturaleza lo que le lleva a querer establecer con ella un vínculo más estrecho; pasando de la mera representación a su participación en la obra. Piedras, pizarras, ramas o musgos forman parte desde entonces en su producción. Para Prado de Fata el objetivo es la búsqueda y la expresión de armonía que podemos encontrar en cada selección y parte de un paisaje.

Gustavo Vega (León, 1948) es un artista multidisciplinar que destaca como autor de poesía visual, disciplina artística experimental en la que se fusionan elementos literarios (poéticos) y visuales con categoría plástica. Es un referente en este campo. Además de creador es estudioso, teórico e investigador, lo que le ha llevado a ser requerido internacionalmente para impartir conferencias, cursos, recitales o performances. De sólida formación plástica y académica, es doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Filosofía. Cuenta con numerosas publicaciones y premios. Una parte importante de su obra está compuesta por Haiku.

Manuel Luca de Tena (Madrid, 1954). Doctor en Bellas Artes. Profesor de Pintura, Arte de Japón y Psicología del Arte en la Universidad de Salamanca. Tiene en su haber un amplio recorrido expositivo, rico en premios y obra en colecciones públicas y privadas. Desarrolla fundamentalmente su trabajo plástico en el campo de la pintura y la fotografía. Ha realizado estudios de lengua y cultura japonesa, específicamente de pintura contemporánea y estética en Tokyo (Japón). La influencia artística japonesa es muy patente en su obra que destila delicadeza y misterio, con referencias a paisajes y jardines estilizados. La naturaleza es en él una temática recurrente, aunque no única, que vierte en otros aspectos como la compartimentación en bandas verticales, dípticos, trípticos que remiten a menudo a los kakemonos japoneses y a su iconografía, así como a la simbología estilizada del gesto caligráfico.

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