Palmira

Por LUIS GRAU LOBO.— Hace más de 200 años que Volney defiendió, en el libro Las ruinas de Palmira o Meditación sobre las revoluciones de los imperios, un ateísmo tolerante y la necesidad de que el pueblo tomara el poder como resultado de una lógica histórica que se encaminaba hacia la superación de los despotismos y las supersticiones. Dos siglos después, Palmira no puede convertirse en el símbolo de un fracaso de magnitudes históricas.