Por ISAAC MACHO.— El caso de Miguel Pertejo es idéntico al de tantos jóvenes que persiguen el sueño de vivir del cine. Poseen formación, se entregan en cuerpo y alma al oficio, y aceptan los desafíos en esta larga carrera de fondo. Escasean las ayudas y sobrevivir, en ocasiones, supone aguzar constantemente el ingenio y aceptar trabajos temporales en empleos que no tienen nada que ver con el horizonte profesional. Es el peaje del audiovisual.